domingo, 13 de octubre de 2013

CAPÍTULO 9

CAPÍTULO 9


Kyuhyun entró en la habitación sin llamar, haciendo que Jaejoong saltase de la cama. Él intentó de disimular el sobresalto, pero la ligera elevación de la esquina de su hermosa boca le decía que sabía lo que estaba haciendo. Y lo encontraba divertido.
Tenía mejor color y parecía como si hubiese ganado peso nuevamente. Tenía que ser alguna clase de ilusión óptica, porque nadie cambiaba de tamaño tan rápidamente. No era posible.
Por otra parte, se recordó, había visto toda clase de cosas imposibles en las pasadas veinticuatro horas.
—Déjanos —le ordenó, señalando hacia Kibum.
—Como el infierno que lo haré. Voy a quedarme justo aquí donde pueda vigilarte.
— ¿Y hacer qué? ¿Qué crees que podrías hacer si quisieras detenerme?
Él no iba desencaminado. Él ni siquiera tenía su escopeta. De acuerdo, hora de ser agradable.
—Estoy preocupado.
—Con buena razón. No es probable que sobreviva.
Jaejoong apretó las rodillas y se le hizo un nudo en la garganta cuando el pánico lo embargó. Una enorme pena se estaba construyendo en su interior, y la única cosa que evitaba que se derramase sobre si era la esperanza, la esperanza de que estuviese equivocado. Volver a unir a Kibum podría hacerlo alguien con toda la magia que había visto.
—Por favor —rogó, sin importarle lo estúpido que fuera su orgullo—. Por favor haz algo para salvarlo.
La mandíbula de Kyuhyun se apretó y los ojos se cerraron en derrota. Dejó escapar un pesado suspiro.
—Bien. Lo intentaré, pero hay poco que pueda hacer sin su sangre.
— ¿Cuánta necesitas?
—No mucha, pero más de la que él puede darme.
—Puedes tener la mía —le dijo Jaejoong.
Kyuhyun se inclinó hacia él hasta que le tocó el cuello con la nariz. Se preparó a sí mismo para el mordisco, pero este nunca llegó. En vez de eso, respiró profundamente, como si le oliera la piel.
Él se enderezó y sacudió la cabeza.
—Hoy no. Tomé demasiado de ti antes. Pero mantendré tu oferta y beberé de ti más adelante, cuando estés plenamente recuperado.
—Ahora estoy bien. Lo importante aquí es Kibum.
Kyuhyun le observó con una brillante mirada.
—Yunho discutiría ese punto. Además, él te necesita. Deberías ir con él.
Y quería hacerlo, pero eso sólo era más de esa cosa artificial del hocus‑pocus. Siempre y cuando no fuera real, podría ignorarlo.
—Lo haré después de que intentes ayudar a Kibum.
Él se le quedó mirando durante un largo momento antes de dedicarle un simple asentimiento.
—Ve a llenar la bañera con agua, moja una toalla y tráemela.
Jaejoong hizo lo que le pidió. Cuando volvió unos segundos después, Kyuhyun estaba sentado sobre la cama de Kibum con una mano sobre su frente y la otra entre su pecho. Tenía la cabeza inclinada como si rogara y casi podía sentir un tipo de vibrante calor emanando de él.
Él levantó la cabeza. La respiración era un poco laboriosa.
—Sujeta la toalla cerca.
Jaejoong se acercó a él y se la presentó. Gotas de agua se deslizaban por las manos y caían al suelo de madera.



—Voy a sacar la intravenosa del brazo y ponerlo en la toalla. Quiero que lo envuelvas lo más rápido posible y lo lleves al lavabo. Deja correr el agua sobre ello hasta que desaparezca el olor. No queremos que el aroma de su sangre se filtre en el aire y atraiga a los Yokai hasta nosotros.
— ¿Ellos pueden olerlo también?
Él le dedicó una mirada que hizo que se sintiera como un idiota por no saber la respuesta.
— ¿Quieres comprobarlo?
Jaejoong sacudió la cabeza.
—De acuerdo. Aquí vamos —sacó el catéter del brazo de Kibum. La fina y floja piel se estiraba demasiado, haciendo el trabajo difícil. Él le levantó el brazo—. Voy a lamer la sangre y sellar la herida con mi boca, así que si no quieres verlo, no mires.
—Kibum no puede luchar contra una infección. Por favor, dime que está a salvo de los gérmenes de tu boca. Son mágicos o algo así, ¿verdad?
Él sonrió entonces, y su belleza casi hace que Jaejoong dejara caer la toalla. Se preguntaba cuántas personas habrían caído a sus pies a causa de esa sonrisa. Esa sería una gran arma natural.
—Gérmenes mágicos. Me gusta eso —dijo—. No te preocupes. Es perfectamente seguro.
—Seguro. Eso es bueno.
— ¿Estás listo?
—Sí.
Él extrajo la intravenosa del brazo y lo depositó sobre la toalla. Jaejoong lo envolvió apretadamente y lo llevó al baño, donde dejo corriendo el agua sobre todo el desastre y volvió para asegurarse que Kibum no había sufrido ningún extraño efecto al ser lamido por un vampiro.
Su brazo estaba bien y su piel estaba impoluta, como si nunca hubiese tenido el catéter.
—Esto es fantástico —le dijo.
Pero Kyuhyun no escuchaba. Estaba mirando fijamente hacia la pared con los ojos muy abiertos que iban de izquierda a derecha como si estuviera en la fase REM del sueño. Cada segundo o dos, su cuerpo temblaba igual que si hubiese sido golpeado por una descarga eléctrica.
No era bueno.
Jaejoong le agitó la mano por delante de la cara.
—Hey. ¿Estás ahí?
Su boca comenzó a moverse, pero no emitió ningún sonido.
—Kyuhyun.
Nada. Jaejoong le puso la mano en el hombro y lo sacudió.
— ¡Kyuhyun! Reacciona.
Finalmente lo hizo. Sus ojos parpadearon lentamente y detuvieron su rutina de Ping-Pong. Respiró profundamente como si fuera la primera bocanada que había tenido en mucho rato.
—Déjanos. Necesito tiempo para examinarlo.
—No me voy a marchar.
—Te prometo que no le haré daño. Y si no traes a Yunho dentro, los Yokai seguramente lo encontrarán antes de que salga el sol.
¿Traer a Yunho?
— ¿De qué estás hablando?
—Necesito fuerza para atender a tu hermano. Yunho me ofreció su sangre. Desafortunadamente necesité bastante hace un momento y él me había dado recientemente. Está fuera. Recuperándose.
— ¿Por qué diablos no me lo dijiste antes? —dijo Jaejoong.
—Lo hice. Tú elegiste ignorarme.
Tenía que ir por Yunho. No podía dejarle tendido allí afuera en la oscuridad con todos los monstruos rondando alrededor.
—Si le tocas un solo cabello, voy a matarte. ¿Está claro?
Kyuhyun le dirigió una educada sonrisa.
—Ve a tu Amaterasu. Kibum está a salvo a mi cuidado.
Jaejoong le creía, lo cual podría parecer increíble, pero así era. Yunho lo necesitaba ahora, y sin él, Jaejoong no estaba seguro de poder mantener a Kibum a salvo de los monstruos. Además, se lo debía. Él había dado su sangre para ayudar a Kibum, y en su libro, eso lo hacía un héroe.
Acababa de volverse para marcharse cuando él le dijo:
—Oh, por cierto, ese collar que lleva es tuyo si eliges tomarlo.
Jaejoong se detuvo en seco. También había sentido eso, pero lo había hecho a un lado como un sentimiento irracional más.
—Yunho nunca lo dijo.
—Porque te estaba protegiendo.
Jaejoong frunció el ceño.
— ¿De qué?
—De la responsabilidad del poder que manejarás si decides llevarlo.
— ¿Poder?
Le sostuvo la mirada.
—Más del que puedes imaginar. Suficiente para mantener a tu hermano a salvo. Quizás bastante también como para sanarlo.
Le tomó un par de segundos procesar lo que estaba diciendo. Todo ese asunto era tan extraño, que al principio no sabía que pensar, pero una cosa estaba clara. Si Yunho podía ayudarle a salvar a Kibum, iba a hacer lo que fuera.
— ¿Es por eso que me siento extraño cuándo lo toco?
—Sí. Es la manera que tiene la naturaleza de ayudarte a encontrarle. Sugiero que no esperes demasiado tiempo para ordenar tu mente independientemente de que vayas o no a reclamar lo que es tuyo. Kibum ya está fuera de tiempo. Será afortunado de sobrevivir tres días más a este paso.
Tres días. A Jaejoong se le cerró la garganta mientras luchaba contra las lágrimas.
—No necesito más tiempo. Sé lo que debo hacer.
Primero iba a asegurarse de que Kyuhyun no estaba metido de lleno en la mierda. Después iba a hacer la única cosa que podía.
Salvar a Kibum.



Jaejoong encontró a Yunho tirado sobre el porche. Su enorme cuerpo estaba flácido e inmóvil. El pánico se precipitó sobre su piel mientras corría hacia él, buscando sus signos vitales.
Presionó los dedos contra su cuello para sentir el pulso, y el calor se disparó por el brazo. Él tomó una estremecedora respiración, y los ojos de Jaejoong se cerraron de alivio. Su pulso era fuerte y su respiración estable. Ahora todo lo que tenía que hacer era conseguir llevarlo adentro, donde al menos habría una puerta entre él y los monstruos. Sabía por experiencia que eso no los detendría mucho tiempo, pero al menos los haría ir más despacio.
Aquí afuera, a descubierto en la oscuridad circundante, nada lo haría.
Jaejoong tiró de su brazo a modo de prueba. Señor, era pesado; casi treinta y seis kilos más pesado que él. Podía hacerlo, pero uno de ellos iba a acabar con el hombro dislocado en el proceso.
Quizás si lo pusiera sobre los tablones de madera sería más fácil. Quizás acabara con astillas en el culo, pero se alegraría de sacárselas mientras vivieran para poder hacerlo. Estaba bastante seguro de que disfrutaría echando una larga mirada a su musculoso trasero, de todas formas.
Lo movió de manera que su cabeza se ladeó. La iridiscente gargantilla que llevaba captaba y mantenía la luz del único foco que brillaba sobre ellos.
Esa gargantilla era suya. Siempre lo había sido. Quería quitársela.
Toda esa magia de abra‑cadabra lo había dejado tambaleándose en la oscuridad, pero tenía fuertes instintos acerca de esa cosa, y no temía seguirlos, especialmente después de la demostración de Kyuhyun. Si esto no ayudaba a Kibum, de todas formas no tenía nada que perder.
Jaejoong se estiró y le acarició con la punta del dedo. Una feliz y tintineante sensación le barrió el brazo y se asentó profundamente en el pecho, otorgándole la confianza de que estaba haciendo lo correcto. Los colores en el interior de la banda hicieron remolinos alrededor del contacto, como si supieran que le estaba tocando. Una pluma de azul zafiro se extendió desde debajo del dedo, ampliándose en concéntricos anillos mientras se movía cruzando el collar.
El color era tan hermoso, tan rico y profundo, quería tenerlo para sí mismo y verlo adornándole la garganta. Justo cuando el pensamiento pasó por la cabeza, la banda se deslizó abriéndose y calló del grueso cuello de Yunho. Jaejoong recuperó el resbaladizo objeto de los tablones de madera y dejó que resbalara entre los dedos, pasándolo de una mano a otra. Todavía estaba cálida por el cuerpo de Yunho y era más pesada de lo que había esperado.
Le había parecido como si estuviera hecha de algún tipo de plástico, pero ahora que la sostenía y sentía su peso, sabía que no era así.
Los extremos estaban rematados, sin broche, pero supuso que la misma magia que le había abierto lo sujetaría otra vez. Se colocó la banda alrededor del cuello y los extremos parecieron encontrarse el uno al otro como si fueran atraídos por imanes. Tan pronto como sintió el ligero clic de la banda al cerrarse, los ojos de Yunho se abrieron. Chispas doradas brillaban bajo el marrón más profundo de sus ojos, haciéndolos destellar a la luz del porche. Su mirada se movió a su garganta y su mano fue a la suya propia.
— ¿Cómo has…? —su voz era un atónito susurro, apenas audible bajo el cercano canto de los grillos.
Él se estiró y colocó una yema del dedo contra la banda y la deslizó por esta, acariciando su piel a lo largo del borde mientras pasaba. Sus pupilas se dilataron y las ventanas de su nariz se ensancharon. Él dejó escapar un bajo y satisfecho gemido que le provocó un temblor por la columna.
—Es tan bueno —dijo él—. Probablemente no debiste hacerlo, pero es tan bueno no tener más dolor.


— ¿Estás bien? —le preguntó —. Estabas inconsciente.
—Ahora estoy perfecto. Gracias a ti —movió el dedo desde la gargantilla a un lado de su cuello y bajó a lo largo de su mandíbula—. Eres uno de nosotros.
— ¿Quiénes somos nosotros?
—Somos Amaterasu.
— ¿Eso qué es?
—Somos una de las tres razas de guardianes. Caballeros de la Luz. Estamos para vigilar la puerta al otro mundo, para protegerla de una invasión Yokai. También protegemos a los humanos de caer víctimas del mal.
— ¿Cómo hiciste con Hyun Woo?
Él asintió.
—Estamos aquí para proteger a otros. Está en nuestra sangre, en tu sangre. Eso es el porqué casi te matas a ti mismo intentando encontrar a esos niños perdidos, el porqué nunca te rendiste. Eres como yo. Había esperado que no fueras humano, pero sabiendo la verdad…
—Por supuesto que soy humano —incluso cuando lo decía, se cuestionaba la verdad de sus palabras. Siempre había sido diferente. Al igual que sus hermanos. Jaejoong había justificado su rareza como algún tipo de capricho genético aleatorio, pero ahora que Yunho decía esas palabras, se dio cuenta de que había estado equivocado. Era diferente de los otros humanos porque no era humano en sí mismo. Esto tenía demasiado sentido para no ser verdad, a pesar de su deseo de negarlo.
Su madre siempre había sido reservada en lo que se refería a su padre, evadiendo preguntas, mintiendo cuando le daba respuestas. Jaejoong siempre había pensado que ella estaba encubriendo a algún holgazán, pero quizás era algo más que eso.
Si tan solo su Madre siguiera viva de modo que pudiera preguntarle y descubrir así la verdad. Ahora todo lo que tenía era la palabra de un hombre que apenas conocía y sus instintos, instintos que le decían que no era humano. Que era diferente. Eso era por lo que podía encontrar niños perdidos.
El mundo de Jaejoong había cambiado. Los colores que habían pintado las experiencias de su vida cambiaban a una masa distorsionada, mezclada con los recuerdos y los inexplicables eventos de algo claro y visible.
Esa extraña pieza de puzle nunca había encajado realmente en su lugar.
— ¿Cómo puedo no haberlo sabido?
Yunho le acarició la mejilla, los ojos brillando con compasión.
—Nadie te lo dijo nunca. Pero está bien. No estás solo.
—Quizás no, pero toda mi vida ha sido una mentira —no podía hacer otra cosa excepto sentirse traicionado por su madre. ¿Cuántas veces le había preguntado por su padre? ¿Cuántas veces le había mirado su madre a los ojos y había mentido?
—Esa mentira te protegió. Probablemente te salvó la vida. Y me dio tiempo para encontrarte.
—Eso no es excusa para lo que hizo.
—Quizás no mintió —dijo Yunho—. Quizás tu madre no lo sabía.
—Ella sabía algo. Ahora puedo verlo, en perspectiva. Ella mintió.
—Pero ahora sabes la verdad. Eres un Amaterasu. Puedes aceptarlo y seguir adelante o estancarte en el pasado. Tú eliges.
No tenía tiempo para estancarse. Kyuhyun le había dicho que Kibum quizás no viviera ni tres días.
—Kibum me necesita para seguir adelante.
Un brillo de satisfacción iluminó los ojos de él.
—Entonces debemos acabar con esto, tú y yo.
— ¿Acabar?
Él asintió, contemplando su boca.
—Y entonces te mostraré la verdad. Y mi poder, tu poder ahora. Vamos adentro.
Jaejoong se levantó y le ofreció la mano. Él la tomó, pero no porque se tambaleara. Su postura era sólida y fuerte, igual que el resto de él.
—Pareces haberte recobrado.
—Todavía estoy un cuatro o dos por debajo, pero me siento fantástico —deslizó la mano a la parte de atrás de su cuello y le mantuvo inmóvil. Él era algunos centímetros más alto, y se encontró mirando directamente a su boca, deseando tener las agallas de besarle otra vez. Lo que había tenido ya no era suficiente. Nunca lo sería.
—Después —le dijo él, y sonaba igual que una promesa—. Cuando sea seguro. Y tengamos mucho tiempo.
La mente de Jaejoong se volvía brumosa por momentos. Algo estaba sucediendo en su interior, alguna clase de calor que se extendía, asumiendo el control.
— ¿Tiempo? —preguntó.
Yunho asintió otra vez.
—Montones de tiempo. Llegaré a conocerte. Descubrir lo que te gusta.
Le gustaba él. Demasiado. Tanto que se sentía mareado con la fuerza de eso y lo que la estaba sucediendo.
Jaejoong se balanceó y se agarró de sus brazos para estabilizarse. Sus músculos se sentían duros bajo las yemas de los dedos, esculpidos de modo que sus manos casaran perfectamente contra las suyas.
—Tú y yo, podemos tener un para siempre si tú quieres.
Para siempre sonaba bastante bien ahora mismo, considerando lo que sentía.
La parte lúcida dijo:
—Pero apenas te conozco.
—Eso cambiará muy pronto. Voy a llevarte adentro y vamos a terminar lo que tú has empezado.
Lo alzó en brazos y tuvo la sensación de volar durante un segundo. Una risa burbujeó saliendo de si mismo, y sonaba casi embriagado en sus propios oídos.
Descansó la pesada cabeza sobre su hombro y cerró los ojos mientras ese calor se expandía en su interior.
— ¿Qué me está sucediendo?
Él enterró la nariz en su pelo y le susurró bajito al oído:

—Shh. Solo déjate ir. Ahora eres mío.


Este fic es una adaptación, no es mío, yo sólo lo adapto. OJO NO ES MÍO YO SÓLO LO ADAPTO. ORIGINAL: ENCONTRANDO LO PERDIDO  - SHANNON K. BUTCHER. PAREJA PRINCIPAL: YUNJAE

domingo, 6 de octubre de 2013

CAPÍTULO 8

CAPÍTULO 8


Kibum sintió el hambre de los monstruos. Su excitación.
No quería ir con ellos, pero no tenía elección. Una astilla de su mente estaba dentro de ellos, arrastrándolo a su caza.
Trató de pensar en algo más, cambiar el canal en la cabeza para quedarse en la camioneta con Jaejoong, sano y a salvo en el regazo de su hermano. Le gustaba esa parte de sí mismo. Incluso, a pesar de que había extraños en la camioneta con ellos, y que uno en particular quería beber su sangre, estaba mejor que en los otros lugares en que existía ahora mismo.
Tantos lugares. Tantos monstruos. No podía seguirles la pista. Su mente se rompió en demasiados pedazos y ya no podía sentir si quedaba algo de su ser real.
Kibum vio a través de los ojos de un grupo de Orochi cómo cazaban. Sintió la hierba húmeda bajo sus patas y el cálido aire de la noche agitándole la piel. Sus garras se clavaban profundamente en la tierra con cada poderosa zancada del cuerpo. La presa estaba cerca. Podía oler su sangre, rica en poder.
Su vientre retumbó con hambre y la boca se le hizo agua, chorreando brillante saliva sobre el suelo a su paso. Estaba cerca. Podía oír el lento latido constante de su presa.
Su grupo se abrió paso a través de los árboles y vio entonces lo que cazaban. Tenía una espada y llevaba el luminiscente collar que le marcaba como un Amaterasu, un guerrero que quería matarla y librar a la tierra de todos los de su especie.
La parte de Kibum que sabía que era humana alentaba al hombre, el mismo hombre que antes había estado cerca de su cama en el hospital. Pero la parte de Kibum que era una bestia le siseaba con odio. Iba a hundir los dientes en la carne y tragar su sangre antes de que pudiera ser absorbida por la tierra y se desperdiciara.
Más pedazos de si mismo se acurrucaban en el interior de tres Orochi más cuando cargaron contra el hombre. Vio el ataque desde todos los ángulos a la vez y su mente humana tuvo que luchar para convertir las imágenes en algo que pudiera traducir. Era demasiada información. Demasiado odio y rabia desde todos los lados. No quería ver la muerte del hombre, pero si se quedaba entre los Orochi, temía lo que iba a suceder.
El hombre miró hacia un par de ojos cuando se abalanzó a su garganta. No lo reconoció. No sabía que esto no era lo que quería. No quería verle morir.
Él ni siquiera pareció moverse, pero sintió el metal de su espada deslizarse por su vientre. Aterrizó fuertemente en el suelo y sus entrañas rezumaron fuera por la abertura. Sus patas estaban torpes y no podía empujar todos sus órganos de vuelta al interior. Su propia sangre olía como comida y estaba tan hambriento. Sabía que era inútil y que se estaba muriendo, pero no podía dejar de lamerl del suelo mientras se desangraba.
De vuelta al interior del Kibum real, el estómago se rebeló ante el sabor ácido de la sangre y el denso olor a podredumbre de la misma. Se empujó fuera de la mente de la cosa, sólo para encontrarse atrapado dentro de otra. Se estaba escondiendo del hombre, esperando para golpear tan pronto como le diera la espalda.
Sólo años de práctica le permitieron retirarse a su cuerpo real.
Dios, estaba tan débil. Apenas podía levantar la cabeza.
Él está en problemas se las arregló para decir.
¿Quién? preguntó Jaejoong.
El Amaterasu que estaba contigo esta noche.
No conozco a ningún Amaterasu, bebé dijo Jaejoong con la paciente y gentil voz que siempre utilizaba con su hermano loco.
Kibum tenía ganas de gritar que no estaba loco ‑su mente estaba sólo rota en mil fragmentos que vivían dentro de otros‑ pero sabía por experiencia que nunca funcionaría. Cuando gritaba, los asistentes venían con agujas y ponían su mente real a dormir para que no tuviera ningún lugar al que retirarse. Ningún lugar para esconderse.
Soñar era un horrible collage de sangre, hambre y guerra, con la mente atrapada dentro de tantos monstruos. Pero eso no era lo peor. No podía soportar estar con Ren más. Las cosas que le habían hecho eran horribles. Inhumanas. Ni siquiera era realmente Ren, era el oscuro y retorcido objeto que los Yokai planeaban utilizar como arma.
Pero Kibum le había prometido a Ren que no lo abandonaría, así que no podía. Ni una sola vez en todos esos dolorosos largos años.
Tienes que advertirle dijo Kibum. Hay un Orochi escondido cerca. Detrás de él.
¿De qué demonios está hablando? —Preguntó Yunho. ¿Cómo sabe sobre los Amaterasu y los Orochi?
No tengo ni idea dijo Jaejoong. Pero lo que sé, es que ha estado completamente acertado toda la noche. Te sugiero que lo escuches.
La camioneta frenó y después se detuvo. Kibum se obligó a abrir los ojos, a pesar de que el esfuerzo era casi más de lo que podía soportar. Se sentía como un globo desinflado, vacío y flojo. Inútil.
¿De quién estás hablando, bebe? preguntó Jaejoong.
El hombre. Contigo.
¿Minho?
El nombre sonaba correcto en su mente, como si el viento que rugía dentro de sí de repente se calmara y se oyera pensar a sí mismo de nuevo.
Sí. Minho. Está en problemas.
¿Cómo lo sabes, hijo? preguntó una nueva voz.
Volvió la cabeza hacia él y vio una débil luz plateada proveniente del interior de sus ojos.
Conocía esa luz. Esa hambre. El pánico le dio fuerzas y se revolvió apartándose del monstruo.
Él quiere mi sangre. No le dejes tenerla.
No voy a hacerte daño —dijo él.
Mentiroso, mentiroso, mentiroso.
Oh, Dios, se estaba perdiendo a sí mismo, extendiéndose en la noche, de vuelta a las mentes de los monstruos que perseguían y asesinaban, y empujaban sus pecados en su alma cada vez que lo hacían.
Llamó a Ren para que le ayudara, pero no hubo respuesta, y no pudo encontrar la mente de su hermano pequeño entre todas las demás. Ellos tiraron de si, estirándolo en mil finas hebras hasta que estuvo seguro que se rompería. No podía soportarlo más. Tenía que dejar de luchar. Renunciar. Dejar que le tuvieran.
No le importaba nada más. Haría cualquier cosa para detenerlo, incluso si rompía su promesa a Ren.
Lo siento se oyó susurrar. Era un buen sonido, su propia voz real saliendo de su propia boca. Podía tomar ese sonido consigo y estar en paz. Lo siento.


Kibum se desplomó en los brazos de Jaejoong. Su respiración era laboriosa, y Jaejoong pudo ver el rápido latido de su corazón en sus venas a lo largo de la sien.
—Se está muriendo dijo Kyuhyun.
La indignación y el rechazo se elevaron en Jaejoong, consumiéndolo.
¡No! —gritó. No lo está. Va a estar bien. La bolsa de la intravenosa está vacía. Eso es todo. Necesitamos otra.
Rezaba a Dios para que fuera verdad. No podía perder a Kibum, también. Si lo hacía, no tendría a nadie más. Sin familia. Sin amigos.
La mano de Yunho se puso sobre su brazo, y la calidez y la compasión cayeron como una manta sobre su piel. Quería meterse en su regazo y quedarse allí, donde se sentía bien. Protegido. Donde Kibum estaría a salvo.
Pero era artificial. Lo que quiera que fuera esa cosa entre ellos, no era real. Sólo un poco de magia, probablemente diseñada para engañarle. E incluso si no lo era, no podía hacer una maldita cosa por Kibum.
Jaejoong atrajo a su hermano cerca y lo meció. Intentó pensar una manera de calmarlo, pero nada le vino, ni siquiera el débil recuerdo de una canción que solieran cantar. Nada.
Necesitamos llegar a un lugar donde pueda descansar y comer dijo Kyuhyun. Está demasiado débil para viajar.
Hay una casa Pami no lejos de aquí. Iremos allí.
No sabía lo que era una casa Pami, pero confiaba en que Yunho supiera lo que estaba haciendo.
¿Qué pasa con Minho? —Preguntó Jaejoong. Deberíamos al menos hacerle saber lo que dijo.
El cuerpo de Yunho se movió cuando sacó su teléfono móvil y marcó. En el silencio de la cabina de la camioneta, pudo oír el profundo sonido de la voz de Minho a través del delgado plástico.


Un poco ocupado jadeó.
Kibum dijo que estabas en peligro.
Hubo un gruñido y un monstruoso grito de dolor.
No, mierda. Dime algo que no sepa.
—Dijo que hay un Orochi allí, escondido detrás de ti.
¿Cómo demonios podría él…? Espera —una serie de salvajes gruñidos llenaron la línea, después silencio.
¿Minho? —Dijo Yunho. ¿Estás ahí?
Sin respuesta.
¿Minho? —miró a Jaejoong y negó con la cabeza.
Un agudo grito de dolor llenó la línea. Sonaba como si alguien hubiera dado una patada a un perro.
Sí, estoy aquí. Encontré al cabrón. Lo maté.
—Nos retiramos por esta noche. ¿Puedes alcanzarnos?
Sigo sangrando.
Entonces para la hemorragia y únete a nosotros.
¿Por qué?
Porque sería agradable tener otra espada cerca cuidando a las parejas.
Jaejoong casi dijo que podía cuidarse solo, pero se contuvo con esa estúpida mentira autoindulgente. Cuantas más espadas tuvieran entre Kibum y esas cosas de ahí afuera, mejor.
Tenía planes dijo Minho.
Los cambias, ¿verdad?
Joder. Está bien. Iré a limpiarme al lago y me reuniré con vosotros pronto. ¿Suficientemente bueno?
Sí. Gracias, hombre.
Minho no se molestó en contestar. El tipo no era exactamente señor Amistoso. Jaejoong estaba contento de que estuviera de su lado.



Yunho los instaló en una de las habitaciones de la casa Pami. Como tantas otras casas, esta estaba aislada, lejos de vecinos curiosos. Era un rancho de tres habitaciones, abastecido con alimentos, ropas y suministros, cualquier cosa que pudieran necesitar para proveerse de combustible y protegerse a sí mismos o a cualquier humano de lo que podría ser un largo paseo. Debido a que esos lugares de refugio estaban mantenidos por los seres humanos pura sangre conocidos como Pami, el término pegaba.
Yunho nunca había estado tan contento antes de tener un lugar seguro cerca. Kibum no se veía bien.
Jaejoong deslizó a Kibum bajo las mantas, entonces se tendió a su lado y la sostuvo con fuerza. Kibum parecía tan frágil al lado de Jaejoong, como si una palabra dicha con demasiada dureza quebrara sus frágiles huesos.
Incluso si era un Amaterasu como Jaejoong, no podría seguir adelante durante mucho más. Necesitaban introducir algo de comida en él y quitarle la intravenosa del brazo sin que sangrara por todas partes. Realmente no tenían necesidad de atraer a más Yokai.
Jaejoong acarició el pelo de su hermano y le susurró en una voz tan baja que Yunho no lo escuchó. Independientemente de lo que dijera, su cuerpo estaba rígido con tensa desesperación.
Jaejoong debía saber lo mal que estaba Kibum, incluso si no quería admitirlo. Su temor le delataba. Él podía verlo en el modo en que sus dedos temblaban cuando los pasó por la cabeza de Kibum, el modo en que sus ojos miraban frenéticamente la delgada forma de su hermano como si estuviera buscando una manera de restaurarlo.
Yunho tuvo que apretar los dientes para contenerse de ir a Jaejoong. Quería consolarlo y meterlo entre los brazos y protegerlo de todas las cosas malas de la vida. Irónico. En su línea de trabajo, era todo lo que tenía para ofrecer. Nada más que sólo una ilusión temporal.
Se obligó a salir de la habitación y cerrar la puerta. Necesitaba que Kyuhyun mirara a Kibum y viera si había algo que hacer por él, no importaba lo poco que fuera. Ahora que estaba dormido, al menos, no podía asustarlo.
Kyuhyun estaba fuera, en el patio delantero de la pequeña casa, olfateando el aire. La oscuridad parecía cerrarse en torno a él, pero le sentaba bien. Pertenecía al lugar, fuera, en medio de la noche. Todos los Susano parecían estar más a gusto en la oscuridad.
Yunho no lo entendía, pero había llegado a aceptarlo a lo largo de las décadas. Preferiría mucho más estar tumbado en alguna playa inundada de sol, pero eso no estaba en las cartas para él. No podía hacer nada más durante el día que un ganadero su trabajo en mitad de Manhattan. Eso, simplemente, no iba a suceder.
¿Estamos tranquilos? preguntó Yunho.
Sí. Por ahora.
Deberías ir a ver qué puedes hacer por Kibum mientras está dormido.
Kyuhyun no se volvió. Continúo mirando hacia la noche.
No hay nada que pueda hacer. Se está muriendo.
Los ojos de Yunho se cerraron de dolor. Pobre Jaejoong. Amaba mucho a su hermano. Podía verlo en cada movimiento que hacía. Kibum era su mundo, e iba a perderlo.
Lo que fuera, tenía que ayudarlo a pasar por ello. Estar ahí para él.
¿Por qué se está muriendo?
No puedo decírtelo sin tomar su sangre, y está demasiado débil para eso.
¿No puedes hacer nada? ¿Ayudar a mantenerlo durante un poco más de tiempo para que pueda ponerse más fuerte?
¿Por qué debería importarme lo que le pasa a una sola alma? preguntó Kyuhyun.
No se molestó en recordarle que probablemente Kibum no era humano.
¿A ti no te importa?
Kyuhyun se volvió y miró a Yunho con esos ojos de hielo.
No. ¿Por qué debería? Fue criado como un humano. Ellos no se preocupan nada por los de mi clase. Nos llaman vampiros. ¿Has visto las películas que han hecho sobre mi gente? ¿Las mentiras que les dicen a sus hijos sobre nosotros, como si fuéramos a cazar a su especie hasta la extinción?


Ellos son vuestro alimento. Eso haría que alguien se sintiera un poco incómodo, ¿no te parece?
Sólo tomo su sangre. Esperaría que ese hecho los tranquilizara si se pararan a pensarlo un solo momento. ¿Por qué iba yo a matar algo que necesito para sobrevivir? Sería como un agricultor que talara su huerto para cosechar más fruta ese mismo año.
Una repentina compresión le llegó a Yunho, una que nunca había considerado incluso.
Estás resentido con ellos. Los humanos. ¿Verdad?
Por supuesto que no.
Lo estás, estás cabreado porque los necesitas. O a nosotros. Tengo que admitirlo, yo también estaría un poco enfadado, si tuviera que depender tan fuertemente de alguien más.
Kyuhyun resopló.
Dices eso como si no necesitaras una pareja para vivir.
Tal vez Jaejoong.
Yunho reprimió un escalofrío de emoción y encadenó sus necesidades hasta que se calmaron. Iba a tener que averiguar qué era esa cosa entre ellos, pero no era el momento. Tenía cosas más importantes en qué pensar.
Necesito una pareja, pero he vivido por mí mismo durante un largo tiempo. Tú nunca lo harás.
Basta de esto Kyuhyun le empujó pasándole. Voy a entrar.
Todo esto hace que tenga mucho más sentido. Vosotros, los Sanguinar, no sois del todo oscuros e inquietantes. Estás poniendo mala cara. No te gustan las reglas y no puedes cambiarlas, así que estás poniendo mala cara.
No sabes nada de lo se siente siendo de mi clase. Deja de fingir que lo haces.
¿Estoy equivocado?
Antes de que Yunho lo viera llegar, Kyuhyun lo había agarrado y empujado contra la puerta. Kyuhyun estaba débil por el esfuerzo, pero incluso débil, estaba lo suficientemente fuerte para hacer que Yunho prestara atención.
Podía sentir los bordes de la pequeña ventana presionándole la espalda así como los huesos del antebrazo del hombre quitándole el aire.
No estamos poniendo mala cara. Nos estamos muriendo. Dos más de mis hermanos murieron mientras tú dormías. Murieron de hambre porque no hay comida para nosotros y, sin embargo, tu gente nos mira como si fuéramos buitres, resentidos con nosotros por la sangre que debemos tomar para vivir.
Yunho mantuvo las manos apartadas de su espada con un esfuerzo de voluntad. No quería cortar a la única persona en los alrededores que podría ser capaz de salvar a Kibum. Decidió ser un hombre más magnánimo que eso y levantó las manos en rendición.
Kyuhyun le dejó ir, pero Yunho iba a llevar una contusión en el cuello durante días, estaba seguro.
¿Quieres más sangre? —Graznó Yunho. Bien, toma algo de la mía, pero úsala para salvar al chico.
Los ojos de Kyuhyun se encendieron y un hambre depredadora le dilató las pupilas.

Dame tu brazo.


Este fic es una adaptación, no es mío, yo sólo lo adapto. OJO NO ES MÍO YO SÓLO LO ADAPTO. ORIGINAL: ENCONTRANDO LO PERDIDO  - SHANNON K. BUTCHER. PAREJA PRINCIPAL: YUNJAE