viernes, 2 de agosto de 2013

CAPÍTULO 6

CAPÍTULO 6


La camioneta se balanceó cuando dobló la esquina, golpeando la cabeza de Donghae contra la pared de metal.
—Cuidado —dijo Kyuhyun—. Va a ser un viaje lleno de baches.    
Donghae ni siquiera sintió el impacto. Estaba entumecido. Sobrecargado. No podía con todo eso. Los monstruos, su casa ardiendo. Otra vez. Las horribles quemaduras de Eunhyuk. Todo era demasiado, y algo dentro de sí se acababa de cerrar. Se sentía como si estuviera moviéndose a través de algodón, cada movimiento ralentizado, sin sentir realmente nada. La única cosa que destacaba sobre todo lo borroso era la certeza de que Eunhyuk viviría. Se aferró a eso, sabiendo que era la única cosa que ahora lo mantendría cuerdo. Y tenía que seguir adelante. La señorita Boa todavía lo necesitaba para enfocarse, para tener su hogar a salvo.
— ¿Serán capaces de ayudarle en el hospital? —Preguntó a Kyuhyun.
La piel de él había perdido todo el color, y se veía más demacrado que antes. Todavía seguía siendo hermoso, pero ahora había una fragilidad que no había estado allí antes. Parecía cansado. Frágil. Incluso la voz sonaba débil.
—No vamos al hospital.
—Tenemos que hacerlo. Necesita ayuda.
—No pueden ayudarle, Donghae. Yong Ha sabe dónde ir.
Donghae pensó en discutir, pero se mordió la lengua. Aquí estaba fuera de su elemento. Estaba forcejeando sobre intentar averiguar qué estaba pasando en su mundo normal y ordenado. Nada era igual que antes, y probablemente nunca lo volvería a ser.
— ¿Cómo va todo ahí atrás? —Preguntó Yong Ha. Estaba conduciendo la camioneta un poco demasiado rápido, pero las grandes manos mantenían el control de las ruedas sin esfuerzo.
—No muy bien. ¿Falta mucho? —Inquirió Kyuhyun.
—Vamos a estar fuera de la carretera en cinco minutos. En otros quince en la casa. He puesto una llamada de ayuda y deberíamos tener algunos Pami en una hora.
—No va a durar tanto tiempo —contestó Kyuhyun. La voz estaba tranquila, pero había una máscara de ira en su rostro que no se molestó en ocultar.
— ¿Qué es un Pami? —Preguntó Donghae—. ¿Una medicina? ¿Un médico?
Kyuhyun presionó la elegante mano contra la frente de Eunhyuk. Tenía quemado más allá del reconocimiento un lado de la cara. Si sobrevivía, las cicatrices serían terribles.
Lo cual no coincidía con su visión. Por primera vez en su vida, Donghae estaba comenzando a dudar de que la visión fuera real. Quería tranquilizarse con esa esperanza, pero no si eso significaba que Eunhyuk fuera a sufrir. Solo deseaba saber que era lo que estaba haciendo cuando lo tiró. Lo habría detenido. No estaba segura de cómo, pero tal vez podría haberle apartado.
—No —replicó Kyuhyun—. Un Pami en un tipo especial de persona que puede donar sangre para ayudar a Eunhyuk. Aunque no estoy seguro de que incluso eso pueda ayudar en este punto.
—Yo donaré si puede ayudar. ¿Cómo puedo saber si soy uno de esos Pami?
Kyuhyun le miró, y algo terrible pasó por esos ojos azul plateado. Durante un segundo no se vio hermoso. Parecía mortal. Hambriento.
La imagen había desaparecido tan rápido que casi se convenció de que lo había imaginado. Casi.
Kyuhyun lanzó una mirada furtiva hacia Yong Ha, luego hacia abajo a Eunhyuk, como si estuviera comprobando que nadie le había visto. Hablo en un susurro bajo, apenas lo suficientemente alto como para oírle por encima del sonido de la caravana.
— ¿Compartirías tu sangre?
— ¿Ayudaría?
—Absolutamente.
— ¿Cómo?
—Soy capaz de usar el poder en tu sangre para curar.
— ¿Cómo?
—Es lo que hago. No soy humano, ¿recuerdas?
De acuerdo. No humano. Y por eso le ofrecía sangre.
Kyuhyun se lamió los labios y apartó la mano de la cabeza de Eunhyuk. No había mucho espacio en la parte trasera de la camioneta, pero de repente parecía mucho más pequeña. Kyuhyun se inclinó hacia delante con un brillo depredador en sus ojos, extendiendo la mano hacia Donghae.
La mano buena de Eunhyuk se disparó, agarrando la muñeca de Kyuhyun.
—No —ordenó a Kyuhyun. La única palabra rasgó a través de los arruinados labios.
Donghae jadeó, no esperaba que Eunhyuk estuviera lo suficientemente consciente para moverse. El dolor le torcía la cara, o tal vez fuera la rabia. No podía estar seguro, pero una cosa estaba clara: Eunhyuk no quería que Kyuhyun lo tocara.
—Él se ha ofrecido —dijo Kyuhyun—. Es mi derecho.
—No, hoy no lo es —las palabras de Eunhyuk fueron articuladas como si la boca intentara moverse contra la opresión de las quemaduras.
—Necesito su sangre. Te vas a morir si no estoy lo suficientemente fuerte como para salvarte.
—Entonces moriré. No quiero que lo obligues —los ojos de Eunhyuk se apretaron jadeando por aliento.
—No eres tan exigente sin mí bloqueándote el dolor, ¿verdad?
Eunhyuk hizo horribles ruidos de asfixia, y se dio cuenta que le costaba respirar. Lo que fuera que Kyuhyun estaba haciendo, estaba matando a Eunhyuk.


— ¡Basta! Deja de maltratarle.
— ¿Qué está pasando hay detrás? —Preguntó Yong Ha  mirando sobre el hombro.
Kyuhyun le ignoró y volvió hacia él la mirada de nuevo. Ya no había ninguna duda sobre la pregunta de si había visto algo raro en su cara. Lo había visto. No era humano. Ni siquiera de cerca. Kyuhyun era algo más. Algo aterrador, poderoso y hambriento.
—Puedes ayudarle, Donghae. Todo lo que necesito es un poco de tu sangre.
—No —exhaló Eunhyuk entre jadeos ahogados.
— ¿Qué infiernos está pasando? —Gritó Yong Ha.
—Donghae, ¿estás bien? —Preguntó la señorita Boa.
—Morirá sin tu ayuda —siguió Kyuhyun—. Sufrirá horriblemente y después morirá.
Donghae no iba a permitir que eso pasara.
—Puedes tomar tanta sangre como sea necesaria.
Una luz de triunfo brilló en los ojos de Kyuhyun.
—Júralo.
—No —jadeó Eunhyuk, apenas audible. Se estaba muriendo. Cada segundo más débil.
—Lo juro —Donghae sintió el poder de su voto rodeándolo, volviéndose parte sí mismo. Una astilla de su libre voluntad se marchitó volviéndose cenizas. No tenía ni idea de lo que había hecho, pero lo que acababa de suceder le había cambiado la vida para siempre.
Kyuhyun sonrió con una fría e inhumana sonrisa. Tan hermoso. No podía dejar de mirarle.
En ese momento sintió cómo se relajaba, quedándose a la deriva. Ya no podía recordar por qué había estado tan molesto. Todo lo que sabía era que el mundo había desaparecido, y lo único que quedaba era el bello rostro de Kyuhyun. Esos inquietantes ojos azul plateado que parecían casi brillar. 
—Cierra los ojos —le dijo, alcanzándolo.
Justo antes de que le obedeciera vio los afilados colmillos blancos alargándose entre los labios entreabiertos.
Eunhyuk no se podía mover. Apenas podía respirar. No estaba seguro de si era algo que Kyuhyun le había hecho, o era a causa de las heridas, pero no importaba. No podía salvar a Donghae. Le había dado su juramento de sangre al Susano, y estaría atado a él durante el resto de su vida.
Eunhyuk se atragantó con la ira, luchando contra la debilidad y el dolor que le atenazaban el cuerpo. Todo lo que podía hacer era mirar como Kyuhyun descendía la cabeza contra el cuello de Donghae, su hermoso y suave cuello que olía a lilas, y le hundía profundamente los colmillos. Donghae ni se inmutó. Su cuerpo estaba inerte en los brazos de Kyuhyun, incapaz de luchar. No es que hubiera tenido alguna oportunidad. El juramento se aseguraba de ello. Durante el resto de su vida, Kyuhyun sería capaz de alimentarse del chico cada vez que quisiera. 
Eunhyuk oyó un lastimoso lloriqueo, y se dio cuenta que era suyo. No podía soportar verlo, pero tampoco podía apartar la mirada. Todo lo que podía hacer era dar testimonio de la traición de Kyuhyun, y rezar para que se detuviera antes de que fuera demasiado tarde.
—Esto es todo —dijo Yong Ha  con la voz tensa de preocupación—. Me estoy acercando.
La camioneta frenó, pero no lo suficiente para hacer una diferencia. 
Kyuhyun se apartó del cuello de Donghae, y un segundo después la herida se cerró como si nunca hubiera estado ahí. No quedó siquiera un punto rosa. Tendió su cuerpo inerte con suavidad en el suelo de la camioneta, y le apartó delicadamente el pelo de la cara. El toque era dulce y tierno, e hizo que el estómago de Eunhyuk se sacudiera desagradablemente.
Kyuhyun se giró hacia Eunhyuk, y éste pudo ver algo diferente en él. Kyuhyun ya no estaba tan pálido o demacrado como antes, y tenía una expresión de victoria. Conquista.
Yong Ha  ahora estaba con ellos en la parte trasera de la camioneta, pero era demasiado tarde. No había nada que pudiera hacer para ayudar a Donghae. El daño ya estaba hecho.
Eunhyuk trató de advertir a Yong Ha que Kyuhyun les había traicionado, pero no podía hablar.
— ¿Qué le pasa al chico? —Preguntó Yong Ha.
—Se desmayó. Todo está bien. Simplemente conduce.
— ¿Cómo está Eunhyuk?
—Despierto. Sufriendo. Déjame atenderle. Tu trabajo es llevarnos a la casa Pami antes de que sea demasiado tarde.
Yong Ha titubeó como si presintiera que algo iba mal. Apretó el dedo romo contra la muñeca de Donghae, comprobando el pulso.
— ¿Sabías que estaba sangrando? —Levantó la mano de Donghae.
Había varios cortes profundos cruzándole la palma y cristal aún incrustado en uno de ellos.
—Me ocuparé de ello. Vete —la voz de Kyuhyun era tranquila y pareja.
Eunhyuk intentó hablar. Los ojos estaban abiertos pidiéndole silenciosamente a Yong Ha que entendiera que algo iba mal. Salieron esos malditos ruidos asfixiados, pero nada más. Nada coherente.
Yong Ha  le puso la mano sobre el estómago y le echó a Eunhyuk una mirada afligida.
—Tienes que hacer algo con su dolor.
—Lo haré.
Yong Ha  apretó la mano de Eunhyuk. Ya fuera para tranquilizarle o para despedirse, Eunhyuk no estaba seguro. Un momento después, Yong Ha se había marchado y la camioneta comenzó a moverse de nuevo.
—Ahora te voy a curar — dijo a Eunhyuk—, pero antes de hacerlo, quiero que escuches. Sé que tan pronto como tu cuerpo esté sano de nuevo, es más probable que me mates antes de darme las gracias.
Al menos Kyuhyun sabía el resultado. Ahora Eunhyuk no tenía la obligación de advertirle que iba a matarle por tomar la sangre de Donghae.


—Donghae es uno de los nuestros —susurró Kyuhyun con una voz reverente—. No sé cómo es posible, pero creo que es un Amaterasu. Tu Amaterasu. Deberías elegir reclamarlo.
Eunhyuk tenía dificultades para aceptar lo que Kyuhyun acababa de decir. No tenía ningún sentido. Entre el agudo dolor de las quemaduras, y los huesos rotos, no podía pensar con claridad suficiente como para aceptarlo.
—Lo necesitamos —continuó Kyuhyun—. Y por supuesto Donghae te necesita. ¿Quién sabe si alguno de los otros Amaterasu sería compatible también? Ni Yong Ha ni Yoochun lo son, o lo habrían sabido esta noche como lo hiciste tú. Le habrían sometido de alguna manera. Te necesita para traerlo a nuestro mundo, pero si intentas matarme no sobrevivirás. Me asegurare de ello. Antes de que te haya sanado, debes hacer un acuerdo de paz.
¡No! Eunhyuk luchó, pero el movimiento solo logró hacer que los extremos rotos de las costillas se rozaran entre ellos. Una oleada de dolor se apoderó de él, y tuvo que luchar para permanecer consciente.
Un acuerdo de paz con un Susano que había dañado a Donghae. No podía soportar la mera idea. Los Susano’s eran conocidos por poner un tipo de mecanismo de auto-destrucción en la gente que sanaban como garantía de que sus pacientes no intentarían matarle cuando estuvieran bien. La guerra entre las razas Caballeros de la Luz había sido común durante siglos, y el Susano necesitaba ese seguro. Sin embargo no se había hecho en años. Los linajes humanos habían crecido demasiado débiles, y ninguno de los Susano habían sido lo suficientemente fuertes como para ejercer ese tipo de magia.
Tal vez sólo estaba fanfarroneando para que Eunhyuk no intentara matarle al segundo en que tuviera oportunidad.
—Crees que no soy lo suficientemente fuerte, pero estás equivocado. La sangre de Donghae es casi pura. No sé cómo es posible, pero lo es. No volveré a ser el débil que has llegado a conocer.
Eunhyuk se obligó a mirar a la demasiado hermosa cara del Susano.
Oh, infiernos. Era verdad. Eunhyuk podía verlo en la triunfante expresión de Kyuhyun. Podía ver el poder brillar detrás de esos pálidos ojos.
Kyuhyun sonrió, la belleza demasiado intensa para que Eunhyuk la mirara demasiado tiempo. Apartó la mirada y rezó para que cualquiera que fuera el poder que Kyuhyun tuviera, no pudiera usarlo para dañar a algún humano. No había nada que los Amaterasu pudieran hacer para detener a un Susano con toda su fuerza. Ni siquiera los Tsukuyomi’s tenían ese tipo de poder, y ellos eran virtualmente máquinas de matar.
—Creo que nos entendemos —afirmó Kyuhyun con la satisfacción resonándole en la voz. Abrió los restos de la camisa de Eunhyuk, soltando pequeños trozos de algodón carbonizado por el aire. Kyuhyun puso las manos sobre el pecho de Eunhyuk y cerró los ojos.
Una fría corriente de poder barrió a Eunhyuk, tan suave como una brisa. En un abrir y cerrar de ojos las quemaduras se habían ido, la pierna estaba entera, y las costillas ya no estaban aplastadas. Eunhyuk nunca había visto o sentido nada igual antes. Había sido sanado por los Susano’s un montón de veces, pero nunca como esto. Curación de las lesiones. Todo el dolor de la recuperación estaba encerrado en un corto intervalo de tiempo, aumentando la intensidad. Los Susano’s normalmente no tenían suficiente poder para curar y prevenir el dolor. El Amaterasu había aprendido a aceptar el dolor como parte del precio de la recuperación, y Eunhyuk había esperado lo peor considerando la extensión de las quemaduras.
No solo la curación no había dolido, además se sentía bien. Calmante, como agua fresca rodando suavemente sobre la piel.
Eunhyuk miró a Kyuhyun. El Susano se sentó sobre los talones.
— ¿Te gustaría hacer un cambio justo, ahora que sabes que las medidas que he puesto en marcha son reales?
Eunhyuk se impulsó para levantarse. Darle un golpe habría sido divertido, pero incluso pensar en ello le hacía doler la cabeza. Cualquier daño físico que le hiciera a Kyuhyun volvería a él doblemente ampliado. Un puñetazo en esa linda mandíbula podría costarle a Eunhyuk todos sus dientes, o incluso romperle el cuello.
Había tenido suficiente dolor por una noche, y necesitaba cuidar a Donghae, asegurarse que el Susano no le había hecho un daño permanente.
—Arréglale las manos a Donghae, y la cara —ordenó Eunhyuk—. Al menos le debes eso.
Tan pronto como Kyuhyun lo cumpliera, Eunhyuk iba a traer de vuelta allí a Yong Ha para golpearle hasta el infierno. Eunhyuk no podía tocarle, pero seguro como el infierno que Yong Ha  podría. Con fuerza.
A Kyuhyun sólo le llevó unos pocos segundos sacar el cristal de las heridas y unir de nuevo la piel. Incluso la sangre se evaporó, dejando sólo suave y rosada piel.
Eunhyuk ansiaba tocarlo para comprobar sus lesiones, pero se contuvo. Había demasiadas cosas raras sucediendo entre ellos, y tenía que averiguarlas antes de tocarlo de nuevo.
Una vez que lo hiciera, sabía que sus pensamientos se desviarían y su racionalidad volaría por la ventana. Se sentía demasiado bien bajo esas manos. Demasiado bien.
—Despiértalo.
Kyuhyun se estiró hacia Donghae, pero dejó caer la mano.
—No. Hazlo tu mismo.
—Tendré que tocarlo.
Kyuhyun sonrió.
—Lo sé.
Eso fue todo. Eunhyuk tendría que tratar con Kyuhyun. Era tiempo de que Yong Ha le diera un puño de ayuda.
—Yong Ha, frena. Ahora.
Yong Ha  le echó una rápida mirada sobre el hombro, vio a Eunhyuk despierto y lúcido y detuvo la camioneta en seco.
Kyuhyun no iba a esperar el tiempo suficiente para que Eunhyuk le dijera a Yong Ha lo que había hecho. Eunhyuk no sería capaz de dañarle, pero Yong Ha era totalmente diferente.
Antes de que Yong Ha hubiera detenido completamente la camioneta, Kyuhyun saltó por la puerta trasera y corrió hacia los árboles que bordeaban el camino rural de Shikoku. Su cuerpo vibraba por el poder, e incluso con la carrera no respiraba con dificultad. Marcó a Siwon esperando que ahí la señal del móvil fuera lo suficientemente fuerte como para permanecer conectado.
—Sí —respondió Siwon con voz suave y profunda. Había perdido el acento hacia años, y ni siquiera quedaba algo que hiciera notar su origen extranjero en un país que ya no existía. Los pies de Kyuhyun golpeaban sobre el suelo. El aire era cálido, y olía a tierra recién labrada y a hierba de las praderas.
—Necesito que me recojas de inmediato. Voy a pie.
— ¿No estás con Eunhyuk?
—Ya no. Me he tenido que ir. Mi compañía ya no era bienvenida.
Afortunadamente Siwon no preguntó más. Como líder de los Susano’s estaría en su derecho, pero Siwon era un hombre que apoyaba la acción, así como la protección de su propia raza.
—Puedo tener a alguien en tu camino en una hora. Tenemos un montón de hombres en la zona.
—No —respondió Kyuhyun—. Necesito que seas tú.
—Estoy más lejos. Me llevará por lo menos seis horas alcanzarte.
Maldición. Era demasiado cerca del amanecer para el gusto de Kyuhyun.
— ¿Dónde estás?
—Justo al norte de Dallas.


— ¿El proyecto E.L.F.? —Preguntó Kyuhyun.
—Sí.
—Entonces definitivamente quieres reunirte conmigo. Informarme sobre tu progreso para que pueda ayudar.
—Pensé que habías dicho que no eras capaz de ayudar porque no estabas lo suficientemente fuerte —comentó Siwon con un dejo de irritación—. Por eso fuiste asignado para cazar con un Amaterasu.
—Las cosas han cambiado —lo que era un eufemismo. Su mundo completo había cambiado. Por primera vez en dos siglos ya no se estaba muriendo. No era débil. Quería aullar de triunfo, pero eso solo descubriría su localización.
— ¿Qué ha cambiado exactamente?
—No por teléfono. Reúnete conmigo en el Castillo Matsumoto tan pronto como puedas.
Al Amaterasu Baekho le gustaban sus aparatos, y a Kyuhyun no le sorprendería del todo descubrir que los usaba para escuchar las conversaciones telefónicas cuando le convenía.
—Será mejor que mi tiempo merezca la pena —dijo Siwon.
—Lo vale.

— ¿Quieres que vaya tras él? —Preguntó Yong Ha.
Eunhyuk miró a Kyuhyun desaparecer en los árboles, moviéndose más rápido de lo que había visto correr a cualquier Susano. Cogerle no sería fácil, y todavía había dos personas importantes a quienes vigilar; uno inconsciente, y otra sin su andador para moverse.
—No. Déjale ir. Al final volverá.
— ¿Qué ha pasado? Te ves como si nunca hubieras sido arruinado por el Nue. Incluso te ha vuelto a crecer el pelo.
—Kyuhyun lo hizo. Inmediatamente después de engañar a Donghae con un juramento de sangre y alimentarse.
Yong Ha  dejó escapar un silbido bajo.
— ¿Es un sangre pura?
—No sólo un sangre pura, Kyuhyun dijo que era uno de nosotros. Un Amaterasu. —Aún no podía creer que Donghae fuera uno de su clase. No le parecía posible a pesar de que explicaría mucho sobre la manera en que lo había percibido. La manera en que se había sentido obligado a tocarle, no importaba cuanto le doliera alejarse. Tenía que meter las manos profundamente en los bolsillos para evitar hacer precisamente eso.
Yong Ha se detuvo por un momento como si absorbiera las palabras, luego miró hacia el cuerpo tendido de Donghae. Su cabello realmente estaba alborotado, el cerquillo ya no estaba y permitía ver su frente.
Tenía la cara teñida de hollín, así como los brazos desnudos. Aceitosos parches negros le oscurecían las rodillas y el bajo de los pantalones cortos. Sangre Yokai. Tendrían que haberle lavado tan pronto como hubiese sido posible, a pesar de que Eunhyuk sospechaba que si eso hubiese dejado alguna mancha en su cuerpo, Kyuhyun lo habría neutralizado.
—Si es uno de los nuestros… por ello te sentías atraído. Puedes unírtele.
Eunhyuk asintió.
— ¿También crees que sería capaz de hacerlo?
La desesperada esperanza iluminó los ojos de Yong Ha haciendo que el pecho de Eunhyuk se apretara. Yong Ha era mayor que Eunhyuk. Había tenido más años para acumular poder en su cuerpo, más años para sufrir bajo el insoportable dolor de contenerlo; como un globo obligado a contener demasiado aire, estirado hasta el punto de ruptura. Aun así, Yong Ha no se había quejado nunca, nunca había ignorado su deber porque fuera demasiado doloroso para seguir adelante.
Yong Ha  ya había tocado a Donghae varias veces esa noche, y si había sentido algo raro, nunca lo dicho. Eunhyuk entendía ahora a lo que Kyuhyun se refería cuando dijo que Donghae lo necesitaba. Hasta el momento, Eunhyuk era el único de los Amaterasu que podría unirse con Donghae y traerlo a su mundo, mostrarle el lugar que le correspondía. Solo los hombres a los que fuera capaz de unirse serían atraídos hacia él. El poder entre un par de Amaterasu vinculados tenía que ser compatible. Esa inexplicable y casi magnética atracción era el modo en que su naturaleza les daba a conocer cuáles compañeros podrían hacer un uso efectivo de su poder. Si Yong Ha lo hubiera sentido no se lo preguntaría ahora. Ya lo sabía.
Yong Ha tendió la gran mano de dedos romos lentamente, como si temiera hacerle daño, poniéndolos en la frente de Donghae. Eunhyuk quería detenerle. No le gustaba la idea de que cualquier otro hombre lo tocara, pero sin embargo se contuvo. Silencio.
Yong Ha necesitaba saber la verdad, y la única manera de hacerlo era sentirlo por sí mismo. No sintió nada cuando tocó a Donghae. Ni tirón, ni chispa, ni calor. Nada más que fresca y suave piel.
Donghae nunca podría ser suyo.
Le quedaba una hoja, solo unos días hasta que cayera y su alma se marchitara, y por primera vez en más de dos siglos un Amaterasu compatible había entrado en sus vidas. Eso era por lo que todos habían rezado. Era lo único que mantenía a los Amaterasu a pesar del dolor, a pesar de las constantes batallas y el derramamiento de sangre. Esa sola y preciosa esperanza de que algún día encontrarían una pareja que pudiera salvarles y ayudarles a combatir. Él había encontrado la pareja, pero no había nada que pudiera hacer para salvarle. 
No estaba seguro de si debía reír o llorar, o simplemente renunciar a todo. La voluntad separándose de su cuerpo bajo la tensión de mantener demasiada energía, y finalizar su sufrimiento.
Yong Ha  erró los ojos y se apartó de Eunhyuk, sin querer compartir su fracaso con nadie. Se negaba a llorar. Se negaba a revolcarse en la autocompasión. Había sabido durante demasiado tiempo que estaba cerca del final. Esto no cambiaba nada. Al menos no para él.
Eunhyuk podía reclamarlo. Al menos Yong Ha podría tomar algún consuelo en el hecho de que su amigo ya no sufriría. No era mucho, pero era algo.
Yong Ha se aclaró la garganta.
—Estamos sólo a un par de kilómetros de la granja donde se supone que nos reuniríamos con el Pami. Debemos seguir adelante.
—Yong Ha.
Eunhyuk se había acercado a él, pero Yong Ha  le vio acercarse y se apartó a un lado.
—Olvídalo. Estoy bien.
— ¿Cuánto tiempo te queda? —el pecho de Eunhyuk estaba desnudo, apenas con los trozos de la camisa hecha jirones colgando de los hombros. Había al menos una docena de hojas colgando del árbol de Eunhyuk.
Debajo de su propia camisa, Yong Ha  podía sentir el minúsculo peso de la última hoja colgando en su marca de vida. Se puso la mano contra ella como si pudiera ayudarla a sostenerse solo un poco más. Podría vivir durante años incluso después de que se hubiera caído, pero lo estaría haciendo sin alma. Bueno. Malo. Pronto todo sería lo mismo para él. Lo que fuera por conseguir un trabajo bien hecho.
Yong Ha  no iba a dejar que eso sucediera. No se iba a convertir en los monstruos que cazaban.
—Tiempo suficiente para encontrar la espada de Eli. Vamos.
Eunhyuk no se había movido. Todavía estaba de pie al lado de Yong Ha, mirándole.
—Podría no ser el único. ¿Qué pasa si hay otras como él ahí fuera? Tienes que aguantar.
—Lo haré —mintió Yong Ha—. Deja de preocuparte por mí. Es de Donghae de lo único que necesitamos preocuparnos ahora.
Eunhyuk asintió.
—Necesito limpiarlo. Quemar sus ropas.
Estaban manchadas de sangre, tanto roja como negra. Demasiado peligroso para dejarlo atrás. El aroma atraería a los demonios desde kilómetros. Lo cual era solo una razón más para mantenerse en movimiento.
—No deberías estar tocándolo, al menos no hasta que sepas que puedes detenerte sin hacerte daño. Si el Yokai viene de nuevo, te necesitará para luchar.
—Seré capaz.
—Seguro como el infierno que no seremos capaces de luchar cuando estés en el suelo del comedor, convulsionando.
—Ahora es mejor.
—Sí, porque lo estás tocando, idiota —Yong Ha odió el sonido de la ira en su voz. Quería a Eunhyuk como a un hermano. No era culpa de Eunhyuk que Donghae no pudiera salvarle.
—Lo siento, Yong Ha.
—Olvídalo —Yong Ha miró a Donghae yaciendo todavía en la parte trasera de la camioneta. Ese chico era un milagro, sólo que no el suyo. Cuanto menos tiempo pasara pensando en eso, mirándolo, mejor—. Vamos a salir de aquí.
Eunhyuk logró mantener las manos fuera de Donghae durante el resto del viaje, pero cuando llegaron a la aislada granja, le dolían los nudillos de apretar los puños con fuerza.
El Pami ya había llegado y estaba esperándoles fuera. Dos hombres jóvenes y una chica, que no podía haber terminado la secundaria, estaban sentados en los escalones que conducían al porche cubierto. Estaban armados como lo hacían los humanos, cada uno llevaba una pistola y una escopeta. La chica tenía el cabello claro bajo una gorra de beisbol, y los ojos alertas se asomaban bajo la visera.
Los dos hombres que estaban con ella parecían tener cerca de veinte años, ambos robustos, compartiendo lo suficiente de sus rasgos faciales como para identificarles como hermanos.
Eunhyuk salió de la furgoneta manteniendo la mano cerca de la espada mientras revisaba la zona en busca de signos de Yokai.
—Es seguro —dijo la chica. Se puso de pie y le tendió la mano en un incongruente gesto masculino—. Soy Ji Hyun, y estos son mis primos Han Kang y Yi Soo. Vivimos un condado más allá, así que pensamos que podríamos venir a ayudar. Hangeng contactó con nosotros.
Hangeng. Un Susano. Genial. Justo lo que necesitaba esa noche. Otro jodido chupasangre.
Eunhyuk le estrechó la mano, comprobando para asegurarse que llevaba el anillo de los Pami. Era una banda sencilla de plata con una sola hoja grabada. Un anillo que era dado a cada uno de los humanos pura sangre que se comprometían a ayudar a los Caballeros de la Luz. Estaban bajo juramento de ofrecer ayuda cuando fuera necesario, y no era raro que familias enteras juraran lealtad. También estaban obligados a guardar el secreto. La mayoría de las veces los Pami eran humanos que habían sido salvados de los Yokai al menos en algún momento de su ascendencia. Un humano que tenía mayoría de sangre Izanami corriendo por sus venas, era más difícil borrarle los recuerdos. A veces era más fácil contratar gente que lavarles el cerebro.
El anillo de Ji Hyun emitía un sutil murmullo de poder que cualquiera de los Caballeros de la Luz podía sentir. Solo funcionaba para el que había sido creado. Si alguien robaba un anillo sería inútil para hacerse pasar por Pami. Ella era auténtica a pesar de su juventud.
Tal vez Eunhyuk se estuviera haciendo viejo.
Los dos hermanos bajaron y también le ofrecieron las manos. Ambas limpias.
—Soy Eunhyuk. Yong Ha es el tipo grande. La señorita Boa está en el asiento delantero. Hemos perdido su andador, por lo que necesitará que alguno de vosotros, muchachos, le ayude a entrar. Con cuidado.
—Estoy en ello —dijo Han Kang, saltando los escalones. No era demasiado alto, pero tenía la constitución sólida de un hombre que había crecido trabajando duro. Teniendo en cuenta que ese era un país agrícola, era bastante probable.
Ji Hyun tanteó bajo la barandilla del porche hasta que encontró la llave oculta que les permitiría pasar.
—Espera —dijo Yong Ha—. Déjame comprobarlo primero.
Ji Hyun echó la cabeza atrás hasta que pudo verle por debajo de la gorra.
—Estoy diciendo que este lugar es seguro. Siempre puedo sentir a los Yokai cuando están cerca. Y no lo están.
—Estoy seguro de que puedes, muchachita. También estoy seguro de que no te voy a dejar entrar en una casa oscura sin siquiera una navaja de bolsillo para protegerte.
Ella acarició la escopeta.
—Tengo a Hazel.
Yong Ha  miró hacia abajo a su arma, levantando una oscura ceja.
— ¿No te enseñaron que la mayoría de los demonios no puede ser asesinados sin una espada o magia, verdad?
—Seguro. También sé que si Hazel les da primero, tendrás un montón de tiempo tranquilo para cortarles en trozos.
Yong Ha  gruñó.
—Solo quédate detrás de mí y mantén a Hazel apuntando en una dirección distinta a mi espalda.
Ji Hyun aceptó la orden como un pequeño buen soldado y le dio a Yong Ha  la llave.
—Yi Soo—ordenó Eunhyuk—carga los utensilios a la espalda y tráelos, así podremos inventariarlos.
— ¿No sabes lo que tienes en tu propia furgoneta? —Preguntó.
Eunhyuk abrió la puerta trasera de la camioneta de Kyuhyun. No había ventanas allí detrás, y una pesada cortina podía ser corrida para bloquear la luz. El cabrón iba a disfrutar encontrando refugio antes de que saliera el sol.
La idea hizo sonreír a Eunhyuk.
—No es mi camioneta. También traed la camilla en la que está el chico. Tiene sangre y necesitamos quemarla.
Donghae no se había movido y estaba pálido. Eunhyuk quería matar a Kyuhyun, pero la sola idea le dio un violento dolor de cabeza.
—Lo llevaré —ofreció Yi Soo.
Eunhyuk debería estar de acuerdo, pero el sonido interesado calentando la voz de Yi Soo le hizo cambiar de idea.
Sufriría el dolor de soltarlo de nuevo si tenía que hacerlo, pero no iba a dejar que algunos humanos supieran que no podía tocarla.
—Como el infierno —dijo Eunhyuk.
Lo levantó en brazos y, al segundo de que las pieles se tocaran, le inundó un sentido de realización que llenó todos los espacios vacíos, aliviando el dolor que ni siquiera sabía que tenía. Lo apretó contra el pecho desnudo cerrando los ojos, permitiendo que sus poderes le empaparan, dejándolo barrer la presión que ya había construido protegiendo niveles dolorosos. Menos de media hora sin tocarle y ya sufría. ¿Cómo podría dejarle ir?

No lo dejaría. Esa era la pura verdad. Iba a reclamarlo. Nunca sería capaz de esperar el tiempo suficiente para llevarlo de vuelta y averiguar si alguno de los otros Amaterasu era capaz de vinculársele. Iba a reclamarlo como propio, y al infierno con las consecuencias. No iba a poner a Donghae en exhibición y dejar que otros Amaterasu le tocaran. Lo había encontrado, y le iba a guardar para sí. Esa parte era fácil. La parte difícil iba a ser convencerlo de que quisiera quedarse.


jueves, 1 de agosto de 2013

CAPÍTULO 5

CAPÍTULO 5
La ventana frontal de Donghae estalló dentro del salón. Una astilla de vidrio cortó su mejilla, pero apenas se dio cuenta. Su atención estaba fija en el monstruo parado en el medio de su salón. Era vagamente parecido a un lobo, pero dos veces más grande. Su hocico era totalmente erróneo, sin embargo. Tenía la mandíbula ancha de un tiburón, y llena de afilados dientes de sierra.


En donde sus ojos debían estar había vacíos agujeros negros rodeados de carne chamuscada, como si hubiesen sido arrancados fuera de la cabeza con un hierro caliente. Piel color teja cubría su cuerpo, y se sacudía los trozos de cristal roto como un perro se sacudiría las gotas de lluvia.
La sangre corría por la mejilla de Donghae, la cosa giró en torno a su cabeza y le miró fijamente con esos vacíos agujeros negros. Incluso sin ojos, estaba seguro de que le veía.
Donghae gritó.
Estaba todavía de pie en la sala y vio correr a Yong Ha  desde la cocina con una reluciente espada en las manos. Su gran cuerpo le impidió ver al monstruo y le dio la oportunidad de recuperar la compostura.
— ¡Fuera del camino! —Gritó Eunhyuk desde atrás, y Donghae se apretó contra la pared para permitir que él y Kyuhyun tuvieran espacio para pasar.
Eunhyuk también blandía una espada, una muy pesada y grande que tenía que haber sido más grande que su propio brazo. Pasó a su lado de un salto mientras un segundo monstruo brincaba por la ventana rota. Eunhyuk se movió a su derecha, de modo que estaba entre eso y él. La cosa miró más allá de él, directo a sus ojos, con sus vacías cuencas. Enseñó los dientes de tiburón y dejó escapar un siseo rápido que lo congeló en el lugar.
—Hora de irnos —ordenó Kyuhyun.
Le agarró del brazo y le tiró por las escaleras hacia la puerta del frente.
— ¡La señorita Boa! No podemos dejarla atrás.
Donghae se apartó de su mano y vio a la señorita Boa levantándose vacilante de una silla de la cocina. Corrió al lado de la anciana para ayudarla a ponerse de pie. Había una puerta que conducía a la terraza, pero era un grupo entero de escaleras hasta el patio trasero. La señorita Boa nunca lo haría a tiempo, y Donghae no era lo suficientemente fuerte para cargarla.
Antes de que pudiera gritar pidiendo ayuda, otro monstruo se estrelló contra el vidrio de la puerta de atrás, tratando de romperla, y ya no importaba. Estaban atrapados.
Kyuhyun estaba allí a su lado otra vez.
—Yo la sacaré. Tú sal de aquí.
Donghae asintió. Kyuhyun levantó a la señorita Boa en sus brazos, sorprendiéndolo con su fuerza. Era demasiado delgado para levantarla tan fácilmente, pero Donghae no se estaba quejando.
El monstruo lanzó su cuerpo contra el cristal de nuevo, y esa vez, el marco alrededor de la puerta se astilló. La puerta se abrió de golpe, y el monstruo entró sobre silenciosas patas.
—Vete. ¡Ahora! —Gritó Kyuhyun.
Donghae tomó uno de los extinguidores de fuego cercanos y tiró de la clavija que lo sostenía.
—Tú primero.
—Con un demonio —dijo Kyuhyun—. ¡Eunhyuk! ¡En la cocina! —Gritó.
El monstruo olfateó el aire, y una vez más estaba en el lado receptor de una mirada sin ojos. Eso estaba a sólo ocho metros de distancia, y parecía que quería acercarse.
Donghae apuntó el extinguidor de fuego y apretó el gatillo. Polvo amarillo salió a borbotones, golpeando a la cosa directamente en la cara. Eso soltó un rugido de dolor, abriendo la ancha boca de tiburón.



Eunhyuk corrió dentro de la cocina, y Donghae vio algo aceitoso y negro goteando en la hoja de la espada. Él dio un paso en delante de ellos, enfrentando al monstruo. Sus hombros eran anchos, los músculos de su espalda y brazos en espiral y listos para atacar. No estaba asustado o con la respiración dificultosa igual que él. De hecho, parecía como si eso fuese otro día normal para él. Levantarse. Ir a trabajar. Matar algunos monstruos. Ir a casa. No era gran cosa.
El monstruo merodeaba hacia delante, pero Eunhyuk se mantenía firme.
—Sácalo de aquí.
Kyuhyun no tenía las manos libres para cogerle, pero la señorita Boa lo hizo. Agarró el tirante de la camiseta de Donghae con su mano huesuda y no lo soltó, así que Donghae tenía que o seguirlos o bien arriesgarse a herir a la señorita Boa. Kyuhyun se dirigió a la puerta principal, pero a través de la estrecha ventana lateral, Donghae podía ver al menos tres monstruos husmeando alrededor, buscando una manera de entrar.
No iban a poder salir de ahí. De ninguna manera.
—Vamos a salir por el garaje —le dijo Kyuhyun—. Mi camioneta está justo afuera y las llaves están en el encendido. Si puedes escapar, no nos esperes. Sólo vete.
—No voy a dejarlos atrás. —Donghae cogió su bolso de la mesa de la puerta.
—Sabemos cómo cuidarnos. Si te quedas, sólo te atravesarás en nuestro camino.
Antes de que tuviera la oportunidad de responder, la puerta de madera que llevaba a su garaje tembló bajo el peso de un asalto. No iban a escapar por allí, tampoco.
— ¿Alguna otra salida? —preguntó Kyuhyun.
—Sólo a través de la ventana del dormitorio.
— ¿Qué tan alto está?
—Dos o tres metros, tal vez.
Kyuhyun miró a la señorita Boa.
—Eso no va a funcionar.
—No se atrevan a quedarse por mí —dijo la señorita Boa—. He tenido una buena carrera. Sólo dame uno de esos extinguidores de incendios y los contendré para que puedan salir.
El corazón de Donghae se rompió un poco al ver el rostro de desinteresado valor de la señorita Boa. Pensaba que porque era vieja, su vida tenía menos valor que la de los demás. Por lo que Donghae sabía, la señorita Boa tenía muchos años más para vivir.
—No va a suceder —replicó Donghae.
—Todos vamos a salir de aquí.
—Nuevo plan —dijo Kyuhyun—. Ustedes dos escóndanse en el baño hasta que podamos abrir un camino.
No había ventanas en su cuarto de baño, ninguna manera de que los monstruos entraran excepto por la puerta. Le parecía una buena idea. Donghae asintió, se colgó la mochila a la esplada, y cogió un extinguidor de incendios.
Al pasar por la puerta principal, uno de los monstruos arremetió en su contra. La delgada vaina de metal se clavó en la puerta dejando un tajo a la altura de la cintura. Donghae gritó y trepó por las escaleras, casi chocándose contra Yong Ha, que estaba aguantando a una de las bestias.


Tres cuerpos peludos yacían derrumbados en su alfombra, perdiendo negra sangre. Un cuarto monstruo saltó a la garganta de Yong Ha  y él lo cortó con su pesada espada. Marcó una línea fina a lo largo de su pecho, pero la cosa seguía viniendo. Eunhyuk había matado a otros dos monstruos en la cocina, y un tercero pasó por encima de sus hermanos caídos a fin de golpear la cara de Eunhyuk con su garra.
La garganta de Donghae se cerró en un grito, y su cuerpo se tensó.
Por favor, Dios, no dejes que le hagan daño.
Eunhyuk esquivó el golpe, su espada brilló, y la cortada garra del monstruo golpeó la pared de la cocina, rebotando. La aceitosa sangre salpicó los armarios de roble de Donghae, y era todo lo que podía hacer para no vomitar. Nunca sería capaz de cocinar allí de nuevo. Infiernos, nunca sería capaz de entrar en esa casa de nuevo. Suponiendo que fuera capaz de salir con vida de allí.
El monstruo que Eunhyuk había mutilado dejó escapar un grito que sonó casi humano. Escalofríos corrieron a través de sus miembros, y entonces se congeló en el lugar. Lo que probablemente era lo mejor, ya que en ese momento Yong Ha  dio un gran paso atrás. Se agachó hacia un peludo cuerpo, metió su espada en su vientre, y se puso de pie, arrojándolo sobre su cabeza, hacia el pasillo con una masiva explosión de fuerza. Estuvo a sólo centímetros de atropellarlo.
El monstruo quedó tendido en el pasillo, inmóvil, empapando la alfombra con su sangre y… algo más que se filtraba de su abdomen herido.
Ahora los cinco estaban juntos en la parte superior de la escalera donde el vestíbulo, el salón y la cocina se unían. Había monstruos golpeando la puerta principal, casi a través de ella, y más estaban subiendo por la rota puerta trasera y la ventana delantera, arrastrándose sobre los cadáveres.
—Necesitamos una salida —dijo Kyuhyun en un calmado tono.
—Trabajo en ello —dijo Yong Ha.
Eunhyuk mantuvo sus ojos en el monstruo aproximándose que luchaba para subir encima de los cuerpos resbaladizos de los muertos.
—Tenemos quizá dos minutos hasta que los Nue aparezcan. Luego las cosas se van a poner feas.
¿Ponerse feas? No sabía qué estaba mirando él, pero desde donde estaba parado, rodeado de monstruos muertos goteando sangre negra sobre su alfombra y cocina, nunca había visto nada más feo. Ni siquiera quería pensar en algo más feo.
Sintió el pánico empezar a asentarse ahora que no se movía, y tenía que luchar contra ello con fuerza de voluntad. No podía permitirse el lujo de perderla hasta conseguir poner a la señorita Boa a salvo.
—La Van está en frente —dijo Kyuhyun—. No vamos a hacerlo a pie junto con los humanos.
— ¿Yong Ha? —Preguntó Eunhyuk.
—Estoy en ello —respondió Yong Ha.
— ¿Cuánto necesitas? —Preguntó Eunhyuk.
Donghae no tenía idea de lo que estaban hablando, pero no se detuvo a hacer preguntas. La hoja de metal en el interior de la puerta principal estaba abriéndola un poco más con cada golpe. Podía ver una amplia gama de mandíbulas peludas intentando morderla a través de la grieta. De ninguna manera iba a distraerlos de asegurarse de que esos dientes de tiburón no les cogieran.
Yong Ha  dio un paso adelante para enfrentarse al monstruo que acababa de pasar por encima de la pila, siseando y pateando los cuerpos peludos.
—Sesenta segundos —fue la respuesta a la pregunta de Eunhyuk.
—Los tienes. —Con esto, Eunhyuk y Yong Ha  giraron a la acción, sus potentes cuerpos haciendo un rápido trabajo con el resto de los monstruos.
Nunca había visto nada tan hermoso, tan mortal, como ellos dos armados con su espada.
Con una mano, Eunhyuk levantó la mesa de la cocina de Donghae sobre el montón de cadáveres y la utilizó para cubrir el agujero donde la puerta de atrás solía estar. Apoyó su mano izquierda contra ella, sosteniéndola en su lugar mientras mantenía la mano derecha, listo para atacar. Miró a Donghae, le dio una sonrisa tranquilizadora y un guiño.
—Sigue a Kyuhyun fuera. Te llevará a la Van.
—No quiero dejarte.
—No lo estás haciendo. Estaré detrás de ti. ¡Ahora vete!
Donghae sintió un tirón en su camiseta, los dedos de la señorita Boa alrededor del tirante de su camiseta otra vez, y fue detrás de Kyuhyun. Yong Ha se había vuelto una fiera, y estaba acuchillando monstruo tras monstruo como si se estuviera cortando trigo. Tan pronto como uno se abría paso por la ventana, lo cortaba o lo hacía volar. El sudor le oscurecía el cabello y pegaba la camisa a la espalda.
Kyuhyun le llevó sobre los cadáveres, y trató de no pensar en la sensación del pelaje en su pierna desnuda, o el chapoteo de la sangre bajo su pie. Yong Ha fue a través de la ventana frontal, y Donghae se preguntó brevemente si sus vecinos estaban viendo ese show completo. No era que le importara. Mientras todos salieran con vida, ya pensaría algo que decirles. Ataque de perros, tal vez. No iba a seguir viviendo allí, de todos modos. No después de esa noche. Que los vecinos pensaran lo que quisieran.
Kyuhyun despejó el resto de fragmentos de vidrio fuera del marco de la ventana con su bota y saltó. No estaba segura de cómo lo hizo Yong Ha, pero se las arregló para mantener su espada entre ellos y cada monstruo que los siguió. Y había muchos. No se detuvo a contar, pero Yong Ha  ya había matado a un montón y había al menos cuatro más viniendo por ellos. Habían abandonado la idea de entrar por la puerta delantera tan pronto como vieron a Yong Ha  entrar al jardín frontal. Para un tipo grande, era rápido, y utilizó ese impulso para abrirles el camino hasta la Van estacionada en su camino de entrada.
La señorita Boa había perdido el agarre sobre su camiseta en algún lugar del camino, y ella y Kyuhyun estaban a pocos metros delante de él. Donghae saltó de la ventana, y miró por encima de su hombro con la esperanza de ver a Eunhyuk. En su lugar, vio su cuerpo volar fuera de la cocina, seguido de cerca por la mesa de la misma. Golpeó la baranda de la parte superior de la escalera, casi derrumbándola. Su cuerpo se desplomó en el suelo y la mesa de la cocina se estrelló contra él, sujetándolo allí. Entonces, nada se movió. No se levantó.
Frenético, Donghae se levantó sosteniéndose de la ventana, sintiendo pedazos de vidrio cortar las palmas de sus manos, y pasó por encima de los cuerpos para llegar a él. Era grande, pero podía sacarlo. Eran sólo unos pocos metros. Podía hacerlo.
Donghae empujó la mesa y él dejo escapar un gemido. Abrió los ojos y movió la cabeza, como para despejarla. Sólo tomó un par de segundos para que fuera coherente de nuevo, y cuando lo hizo, le miró cabreado.
Abrió la boca para decirle algo, pero luego su mirada se deslizó más allá, y Donghae volvió la cabeza para que ver qué estaba viendo.
Eso era alto, dos metros, fácilmente. Caminaba erguido como un humano, pero no estaba ni siquiera cerca de ser humano. La cabeza de la cosa era demasiado larga, le faltaba la nariz, y los labios cubrían las aberturas de su cráneo. Los puntiagudos dientes relucían y goteaban saliva. Sus piernas estaban dobladas en el lado equivocado. Su piel era de color blanco nieve, totalmente sin pelo, y para vestir, llevaba una capa hecha de piel del color rojizo de los monstruos. En una mano sostenía un látigo hecho de eslabones finos de cadena, y en la otra una barra de metal roja-caliente de tres pies de largo. Pequeñas llamas bailaban desde la punta de la vara.
Fuego.
Oh, Dios, no.
Sintió sus músculos bloquearse de terror. La cosa dio un paso adelante en sus extrañamente articuladas piernas, parecía no tener ninguna prisa.
Eunhyuk cambió el control sobre su espada, y se empujó sobre las rodillas. Lo oyó ahogar un gemido de dolor, y quería llegar a él, pero no podía. No podía moverse. No podía pensar.
La cosa restalló el látigo, golpeando la baranda sobre el hombro de Eunhyuk. La madera estalló en llamas e incluso a un metro de distancia Donghae podía sentir el calor mortal. La baranda no necesitó tiempo para coger el fuego. Simplemente subió en un resplandor, extendiéndose más rápido de lo que un fuego normal podría. Pero entonces, eso no era normal.
Eunhyuk aún estaba tratando de ponerse en pie. El muslo de su pantalón estaba empapado de sangre, y podía ver la afilada punta del hueso clavándose parcialmente contra el resistente tejido. Su pierna estaba gravemente rota. No había forma de que fuera capaz de levantarse, muchos menos de pelear.
Quería decírselo, pero su garganta estaba cerrada apretadamente, demasiado apretado para hablar, demasiado apretado para respirar.
La cosa levantó la varilla candente y apuntó hacia Donghae.
— ¡No! —Gritó Eunhyuk.

En algún lugar, encontró la fuerza necesaria para ponerse de pie y embestir a la cosa. Su espada cortó alto, arrancado el brazo que sostenía la varilla.
El fuego surgió desde el lugar en que su brazo solía estar. Eunhyuk lanzó su cuerpo sobre el de Donghae, tirándole al suelo bajo él.
Donghae sintió una ráfaga de calor y sonido, pero no podía ver nada. Su rostro estaba enterrado en la grasosa piel de uno de los monstruos muertos, y el olor de los pesados animales lo ponía enfermo.
Podía sentir el frío de la sangre bajo sus rodillas, y el peso de Eunhyuk encima.
El cuerpo de Eunhyuk se tensó, y dejó escapar un gemido de dolor cada vez más fuerte hasta que se convirtió en un grito. Entonces, cayó en silencio y sin fuerzas encima de él.
El calor disminuyó y el peso de Eunhyuk desapareció. Donghae se levantó. Todo lo que quería era poner su hombro bajo el de Eunhyuk y ayudarle a salir de allí, pierna rota o no.
Pero era demasiado tarde.
Kyuhyun había sido el que lo levantó, y ahora podía ver las quemaduras corriendo por el lado derecho del cuerpo de Eunhyuk. Su pelo y parte de su ropa había sido quemada, revelando ampollas bajo la carne. Algunas eran más que ampollas, eran manchas negras.
El demasiado bonito rostro de Kyuhyun se había convertido en una máscara de dolor y pena, y Donghae sabía entonces que incluso si Eunhyuk estaba vivo, no sería así por mucho tiempo.
Eunhyuk había utilizado su cuerpo para protegerlo del fuego, y ahora iba a morir.

Kyuhyun tenía que sacar a Donghae de allí antes de que otro Nue apareciera o antes de que el fuego cerca de la escalera empezara a arder fuera de control. Eunhyuk había matado el Nue, aunque Kyuhyun no tenía idea de cómo había llegado lo suficientemente cerca para hacerlo. Los Nue eran frágiles, pero rara vez se acercaban a menos de lo que necesitaban para restallar su látigo. Eso era, por lo general, suficientemente cerca para matar a alguien. Incluso si no lo era, el fuego de sus cuerpos quemados cuando eran heridos, quemaba lo suficientemente rápido, y lo suficientemente caliente para acabar con cualquiera con la mala de suerte de estar en su camino.
Yong Ha se aseguró de que el Nue estaba muerto mientras Kyuhyun levantaba a Eunhyuk de encima de Donghae. No le gustaba dejar a la señorita Boa en la Van sin protección, pero Donghae era quien importaba allí. Tenía que averiguar cómo había sido capaz de absorber el poder de Eunhyuk. Podía ser la clave para detener la muerte lenta de toda la raza Centinela.
Era tan jodidamente injusto que Kyuhyun quería ayudar. Tener la habilidad de curar a su aliado, pero no la fuerza, lo ponía furioso, le daba ganas de arremeter contra todo, y drenar cada humano de sangre pura que pudiera encontrar. Tomar su poder y abandonar sus cadáveres para que se pudrieran. ¿Por qué incluso debía importarle lo que le sucediera a los humanos?
Los anchos hombros de Yong Ha  bloquearon la luz del techo, forzando a Kyuhyun a mirar hacia arriba. Esa era la parte que más odiaba, admitir su debilidad, aplastar a los amigos de Eunhyuk con el peso de la pena. Vivir con ese peso él mismo.
— ¿Qué tan grave es? —Preguntó Yong Ha, su voz profunda espesa de rabia.
Kyuhyun sólo sacudió la cabeza.
—Puedo aliviar su dolor. No durará mucho tiempo.
—No —dijo Donghae. Su voz era débil, aguda y sin aliento—. No va a morir.
Negación. Siempre sucedía. Y Kyuhyun odiaba cada maldito segundo de ello.
—Lo siento, Donghae.
—No lo entiendes. No puede morir. Tiene que verme morir.
Kyuhyun no tenía idea de lo que estaba hablando, pero algo en sus palabras, tiró de su memoria.
—No tenemos tiempo para esto ahora —dijo Yong Ha —. Tenemos que salir de aquí.
Kyuhyun tomó el pesado cuerpo de Eunhyuk, teniendo cuidado de evitar cortarse con su espada. Las llamas habían abrasado el puño cerrado, bloqueando el arma de su agarre. Yong Ha tomó a Donghae del brazo. Detrás de ellos, la casa de Donghae fue rápidamente engullida por las llamas. Afortunadamente, estaba demasiado preocupado por Eunhyuk para realmente darse cuenta. Un pequeño favor.
Sirenas gritaban en la distancia. Las autoridades humanas venían. Era hora de irse. Pusieron a Eunhyuk en la parte trasera de la camioneta sobre una manta blanca y limpia. Ni siquiera un gemido. El hedor de la carne quemada picó la nariz de Kyuhyun e hizo a su estómago vacío torcerse con náuseas.
Donghae se revolvió tras él, y llegó a Eunhyuk, pero Kyuhyun se lo impidió.
—No lo toques. Tiene suficiente dolor así como está.