martes, 3 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 21

CAPÍTULO 21
Baekho interceptó a Donghae y Eunhyuk justo fuera de sus habitaciones. Los hombres caminaron unos cuantos metros por el corredor para que Donghae no pudiera oírlos. Su secretismo le molestaba, así que utilizó el poder de Eunhyuk para espiar. Canalizó el poder a sus oídos, de la misma manera que lo hacía con sus ojos para mejorar su vista. Cuando un pico de sonido golpeó en sus tímpanos, casi se quedó sin aliento. Bajó el volumen hasta que el latir de sus corazones y el aire moviéndose entrado y saliendo en sus pulmones no ahogó su conversación.


Baekho entregó a Eunhyuk el aparato monitor/GPS de sangre que había utilizado para rastrear a los Yokai antes y un pequeño frasco de plata.
—Sólo hay suficiente sangre aquí para un uso, así que deberás encontrar el nido esta noche.
Eunhyuk apretó la mandíbula con determinación.
—Tendré un helicóptero listo en caso de que el nido esté demasiado lejos para conducir.
—No creo que lo esté. Todos mis datos de puntos de reunión de Yokai están en un radio de ciento sesenta kilómetros de aquí. Creo que se están acercando, tal vez preparándose para un ataque masivo al recinto.
Eunhyuk soltó una maldición en voz baja, pero Donghae le oyó claramente. También pudo oír el repentino pico de rabia de su sangre a través del cuerpo, lo que fue realmente extraño.
— ¿Lo sabe ya Young Woon?
—Sí —dijo Baekho—. Ha estado llamando a todos los Amaterasu disponibles sólo por si acaso.
— ¿Quieres quedarte aquí, también, o puedo convencerte para que vengas con nosotros esta noche? A Donghae y a mí nos vendría bien tu ayuda.
—Pensé que Hyesung no quería que llevaran a tu señor fuera.
—No quiere, pero no tenemos muchas opciones. Tenemos que traer la espada de Eli de vuelta.
—Entonces dejemos a alguien más ir. Vosotros dos quedaos aquí, sanos y salvos.
Eunhyuk miró por encima del hombro a Donghae, que intentaba parecer como si no estuviera escuchando. Al parecer, su truco funcionó.
—No puedo hacer eso —susurró Eunhyuk.
— ¿Por qué infiernos no? —Exigió Baekho.
—Porque Victoria me dijo que si Donghae no encontraba la espada de Eli, moriría en pocos días. No puedo dejar que eso suceda.
¡Santa mierda! Donghae no quería oír eso. Una sensación de malestar se deslizó alrededor de su vientre, pero era demasiado tarde para dar marcha atrás ahora. Tenía que seguir escuchando.
Baekho pasó una mano por su pelo rubio oscuro, y su marcada cara se oscureció con la ira.
—Bueno, mierda. Eso es justo lo que necesitamos. Más profecías de la niña espeluznante para confundir las cosas.
—Dímelo a mí. Me está matando intentar lidiar con mi necesidad de mantener a Donghae seguro y la necesidad de hacer mi trabajo, nuestro trabajo. Las cosas eran mucho más simples cuando sólo tenía que preocuparme por mí mismo.
—No busques simpatía aquí, amigo. Encontraste a tu señor. El resto de nosotros todavía está sufriendo, así que ve a llorarle a alguien más.
—Lo siento. No debería quejarme —Eunhyuk se frotó una mano por la nuca—. Creo que Donghae no es el único. Tiene que haber más como él por ahí. Tal vez incluso ese camarero de Yoochun sea el siguiente.
—Ya he comenzado a buscar a Junsu y a otros. Debería ser capaz de buscar mucho más fácilmente si tuviera una muestra de sangre de Donghae para analizar.
Sintió un súbito aumento de indignación salir disparado de Eunhyuk.
—Después de lo que Kyuhyun le hizo… no me pidas eso, por favor.
Donghae estaba empezando a pensar que lo que quiera que Kyuhyun le había hecho cuando había usado su sangre para salvar a Eunhyuk tenía más significado del que sabía. Iba a tener que preguntarle a Eunhyuk sobre eso tan pronto como tuvieran un momento a solas. Tan pronto como hubiera pasado suficiente tiempo para que no se diera cuenta que le había estado escuchando.


—Podría preguntarle a Kyuhyun, si eso te hace sentir mejor —dijo Baekho—. Estará feliz de tener una excusa para tomar más de su sangre.
— ¡Maldita sea! ¡No te atrevas! Si le veo cerca de él voy a tener que matarlo —Eunhyuk hizo una mueca de dolor cuando dijo las palabras—. Juro que encontraré la manera, y eso destruirá la poca paz que hay entre nosotros. No podemos permitirnos una guerra en tres frentes. Dos es bastante malo.
Baekho extendió sus amplias manos con cicatrices en un gesto conciliador.
—Calma, hombre. No tenía intención de pulsar tu botón de psicópata. Jeez. Sólo es un poco de sangre.
—No, es sangre de Donghae. Hay una gran diferencia —dijo Eunhyuk.
—Bien. Considera el tema abandonado. ¿Cuándo os iréis?
—En unas pocas horas. Si quieres venir a cazar con nosotros, reúnete en mis habitaciones después del almuerzo, digamos a las dos en punto.
—Veré qué puedo hacer. Young Woon me tiene bastante ocupado rastreando esos nidos, pero sería bueno salir y golpear unos cuantos tipos malos durante un rato. No quiero oxidarme.
—Oxidado —resopló Eunhyuk—. Si estuvieras oxidado, te dejaría tras un escritorio, no te pediría que vinieras a ayudarme a proteger a mi señor.
—No me hagas sonrojar, imbécil.
Eunhyuk sonrió cuando los hombres se separaron y Donghae encontró el paisaje impreso en la pared súbitamente intrigante. La mano de Eunhyuk se deslizó a lo largo de su espalda.
—Vamos a descansar un poco. Va a ser una noche larga.
—Preferiría practicar —le dijo.
—Tus ojos todavía están rojos y no quiero que te canses. Esta noche es la forma real.
El temor le apretó el estómago. No estaba listo.
Eunhyuk le tomó en sus brazos.
—Va a estar bien. Tú y yo vamos a patear algunos culos Yokai esta noche y encontrar la espada de Eli.
Donghae deslizó un dedo bajo la luceria.
— ¿Y esto se desprenderá?
Eunhyuk se puso rígido contra él y apretó su abrazo.
—Sí.
— ¿Qué pasará después? —Le preguntó.
—Eso depende de ti.
Donghae se sentía perdido y asustado. No tenía ni idea de qué hacer, ni idea de qué le pasaría a Eunhyuk después de esta noche.
— ¿Qué pasa si no vivo a pesar de esto?
—Lo harás —dijo él, su tono duro como la piedra, determinado.
—Pero, ¿qué pasa si no? Los dos sabemos que es una posibilidad.
—No voy a dejarte morir —gruñó Eunhyuk.
—Por favor. Sólo dime qué pasará si lo hago. Necesito saber que estarás a salvo.
Eunhyuk inspiró un profundo aliento que hizo que su pecho se expandiera contra el suyo. Le encantaba la sensación de su cuerpo contra el suyo, tan fuerte, duro y caliente.
—Mientras que los colores de la luceria se muevan, regresaré donde estaba antes de conocerte, al dolor. Sólo quedarían unas pocas hojas.
Donghae levantó la mano de él y miró el anillo. Tenía que mirar mucho para ver cualquier movimiento de todos los colores, el anillo era casi completamente rojo sólido, con un único toque de naranja girando alrededor.
—Casi no tenemos tiempo.
—Sí —no sonaba disgustado por ese concepto.
— ¿Qué pasa si muero después de que los colores se detengan?
—No necesitas preocuparte por eso —le dijo con una voz suave.
—Me voy a preocupar más si no lo sé.
Eunhyuk suspiró.
—Cuando la luceria haya elegido tu color final, entonces la conexión entre nosotros será permanente.
— ¿Qué significa eso? ¿Exactamente?
De nuevo, su voz era baja y suave.
—Eso significa que si mueres, es casi seguro que yo también lo haré.
— ¡Eso es estúpido! —Se enfureció Donghae, apartándose de él y tirando del collar, que de repente sentía como un nudo corredizo—. Haz que se detenga.
Eunhyuk unió sus manos a las suyas y le impidió quitarse el objeto.
—No puedo. Tampoco puedes tú. Esa es la forma en que funciona.
—Entonces tienes que quitármelo —sintió como comenzaba a tener pánico e intentó aferrarse a su control.
—La única manera de hacerlo es encontrar la espada de Eli —sus ojos marrones brillaron con fragmentos de oro por la determinación—. Pero tengo que ser claro, Donghae. No quiero que te lo quites. Nunca.
— ¡Pero voy a morir, tonto! Viste la visión. Incluso Victoria dijo que iba a pasar.
A menos que Donghae eligiera otra muerte primero.
¡Maldita sea! Ahora tenía que actuar rápido. Su visión iba a pasar en cuestión de días, de acuerdo a Victoria. Eunhyuk estaba casi sin tiempo y no podía llevárselo consigo. No sería la causa de su muerte también.
Eunhyuk le tomó el rostro y deslizó el pulgar por su mejilla. Donghae cerró los ojos contra la necesidad de apoyarse en él para recibir soporte.
—No te preocupes sobre lo que dijo Victoria. Cree en que las cosas funcionarán. Confía en mí para protegerte.
Pero, ¿quién le protegería a él?
Victoria tenía razón. La ventana de oportunidades de Donghae era estrecha. Tenía que actuar ahora, y luchar con Eunhyuk no iba a hacer más fácil su escapada. Necesitaba calmarle haciéndole creer que iría con él. Era tonto al pensar que estaría dispuesto a tomar tal descuidada decisión con la vida de él.
—Confío en ti —dijo.

Y lo hacía. Confiaba en él para hacer exactamente lo que Yong Ha había hecho y dar su vida para salvar la suya. No podía dejar que eso pasara.
Era la hora de Donghae, pero no tenía que ser la de Eunhyuk. Iría tras la espada de Eli y le liberaría, pero tenía que ser esa noche y no podía dejar que Eunhyuk viniera consigo. Victoria dijo que si iban al combate sin fuego él moriría. Tenía que encontrar un modo de mantenerle aquí. Tenía que encontrar una manera de darle un futuro.
Eunhyuk había dicho que creía que había otras parejas como él por ahí y tenía que creerlo, también. Quería darle una oportunidad de encontrar a alguien que no se asustara del fuego, que no estuviera destinado a morir tan joven. Todavía podía ser feliz y eso era lo que quería para él más que nada. Había pasado su vida sacrificándose para que otros pudieran ser felices y era el momento de que consiguiera algo a cambio.
Donghae respiró hondo y se obligó a calmarse. Puso una fuerte mordaza en su conexión así él no podría ver sus planes. Su camino estaba claro. Sabía exactamente qué tenía que hacer.
Donghae se puso de puntillas y le besó. La boca de él se abrió bajo la suya y deslizó la lengua en su interior para saborearlo. Sólo un sorbo más.
Eunhyuk gruñó, tomándole las caderas con las manos, y empujándolo contra él. Podía sentir su necesidad calentando el aire a su alrededor. En el espacio de unos pocos segundos, el beso había pasado de ser un medio de distracción para comenzar a ser algo hambriento y exigente. Le encantaba la forma en la que él rodaba fuera de control sólo con un beso suyo. Le hacía sentir poderoso y deseado. La potente combinación le fue directa a la cabeza y apartó toda la oscuridad.
Le agarró la base del cuello y le inclinó la cabeza atrás, manteniéndolo en su lugar mientras su boca saqueaba la suya. Su húmeda lengua imitaba el empuje de su erección dentro de Donghae, haciendo a su cuerpo volverse líquido y caliente. Ese hombre le robaba toda la cordura y hacía que le encantara. Le escaldaba la piel con sus toques y le fundía los huesos con sus besos hasta que no quedaba nada excepto hambre y calor. Estaba ardiendo vivo con la necesidad de él y no le importaba. Esto era lo que quería, lo que anhelaba. Él hacía al mundo desaparecer hasta que no quedaba nada excepto ellos dos y el placer que arrancaba de su cuerpo.
—Necesito estar dentro —dijo Eunhyuk contra su boca.
Sí. Dentro. Caliente, fuerte y grueso, justo donde necesitaba que estuviera. Las manos de Donghae fueron al botón de sus vaqueros, desesperado por sacarlos.
—No en el pasillo, amor —gruñó Eunhyuk con la voz áspera por la lujuria.
Su cuerpo se apoyó contra el suyo y un momento después, la puerta de su habitación se abrió ampliamente. Eunhyuk le metió dentro, medio cargándolo. Lanzó las llaves y las cosas que Baekho le había dado sobre la mesa y le miró con pasión desnuda brillándole en los ojos.
Donghae sabía que la misma mirada estaba en sus ojos también. Le necesitaba. Le necesitaba con una ferocidad que la asustaba.
—Te quiero desnudo —le dijo con una voz que no sonaba nada como la suya. Era densa y ronca y las palabras salieron en cortas y agudas órdenes.
Los ojos de Eunhyuk se estrecharon durante un momento como si fuera a preguntarle algo, pero ya se había despojado de su camiseta por la cabeza, y lo que quiera que hubiera estado listo para preguntarle se evaporó en el calor de su mirada contra su torso desnudo.
—Tan bonito.
Llegó hasta él, pero Donghae dio un paso atrás.
—Desnudo —ordenó—. Ahora.
La mandíbula de Eunhyuk se apretó y sus mejillas se oscurecieron, pero obedeció. El cinturón de la espada salió en primer lugar, invisible hasta que golpeó el suelo. Después se giró, tomó su camiseta en un puñado, y se la quitó por encima de la cabeza.
Donghae se quitó los zapatos de una patada y se deslizó fuera de los vaqueros y la ropa interior mientras miraba a Eunhyuk hacer lo mismo. Sus ojos nunca le dejaron, tomando cada nueva franja de piel desnuda como si fuera una revelación. Cuando estuvieron ambos desnudos, llegó hasta él con las manos temblorosas.
Donghae dio un paso fuera de su alcance, sabiendo que tan pronto como le tocara, estaría perdido, incapaz de pensar con claridad. Quería mirarle, disfrutar de la masculina belleza de su cuerpo y apreciar el modo en que la luz jugaba a través de los músculos de su pecho y sus brazos. El modo en que las hojas de su marca de vida se balanceaban con una brisa exterior. La manera en que su erección se contraía de anticipación por llenarlo. Era hermoso, fuerte y suyo.
Las manos de Eunhyuk eran puños a los lados mientras esperaba que le mirara por completo. El conjunto de su mandíbula y su respiración acelerada le decía lo impaciente que estaba y que no podía hacerle esperar más. Tampoco él no podía esperar más.
Donghae se apretó contra su pecho, haciéndole sentir sus duros pezones deslizándose por sus costillas. Le pasó los dedos por su pelo oscuro y presionó besos húmedos a lo largo de las ramas de su tatuaje. Eunhyuk tomó aliento y las hojas se estremecieron bajo sus labios. Podía sentirlas moverse, oler el fresco aroma de bosque en su piel.
Eunhyuk dejó escapar un tembloroso suspiro y sus manos se deslizaron por su espalda. Una le agarró el trasero y la otra le acarició la cabeza.
—Dame tu boca —dijo.
Donghae sintió el áspero retumbar de su voz vibrar contra sus labios y le hizo sonreír. Podía sentirle conteniéndose, intentando mantener el control, y no quería eso. Quería que se dejara ir y le diera todo de sí. No quería que se contuviera nada. Sin restricciones.
Una sonrisa curvó su boca mientras besaba un camino por su pecho, bajando por el intrincado tronco del árbol, más abajo, donde las raíces se desplegaban por su abdomen. Se arrodilló ante él y sus manos se deslizaron sobre la suave piel de su erección en una lenta caricia.
Eunhyuk tomó aliento y sus dedos se cerraron alrededor de la base de su cabello. Miró hacia abajo y los fragmentos de oro de sus ojos brillaban templados por la lujuria. Su cuerpo temblaba mientras luchaba por mantener el control y una fina capa de sudor hizo brillar su piel.
Donghae le sostuvo la mirada mientras le tomaba en la boca. Eunhyuk dejó escapar un irregular sonido, con los ojos en blanco y sus manos apretaron su pelo.
La emoción de poder le recorrió mientras le miraba y sentía lo que podía hacerle a Eunhyuk, tan fuerte. Le amaba con los dedos y la boca y eso lo puso de rodillas.
Eunhyuk estaba jadeando y sus manos se movían con incertidumbre contra su pelo como si no pudiera decidir si tirar de él más cerca o apartarlo. Le sintió reunir su voluntad, sintió un pulso caliente de determinación fluir a través de su vínculo, y un momento después, se apartó y se tendió en la suave alfombra del suelo de la sala.


Su cuerpo caliente cayó encima de él sujetando sus piernas abiertas. Su piel chisporroteó cuando su mano se deslizó por sus costillas para sostenerle, y con algo cercano a un gruñido, pellizcó la piel justo por encima de la luceria. Chispas de placer se dispararon por sus miembros y se reunieron entre sus piernas, dejándolo dolorido y vacío. Deseaba que le llenara y alejara ese vacío, una y otra vez, hasta que no pudiera olvidar la sensación de tenerlo dentro de él.
—Todavía no —murmuró él contra su sensible piel.
Su mano se deslizó por su vientre, dejando un rastro de escalofríos de calor a su paso. Se arqueó contra él y agarró sus caderas en un esfuerzo de acercarle, pero no pudo manejar su peso. Las manos de él le encontraron húmedo y listo y lo masturbo lentamente con ellas.
Donghae dejó escapar un suspiro de placer. Sus dedos eran gruesos y hábiles y le llevaron al borde del clímax en segundos, Eunhyuk sabía exactamente cómo le gustaba ser tocado. Vaciló allí, al borde, y en algún lugar de los rincones empañados de placer de su cerebro, encontró la fuerza para contenerse.
—Ahora —le rogó.
Sintió el poderoso cuerpo de Eunhyuk estremeciéndose y después introducirse en él, llenándolo de la forma que deseaba, la forma en la que le necesitaba. Donghae se aferró a él, acercándole más con las piernas a su cuerpo, y dejándole marcar el ritmo. Sabía lo que necesitaba más que si mismo y se lo dio, sin reservarse nada.
Lo amaba. Podía sentir su amor brillando a través de su vínculo. No intentó ocultarlo, no intentó negarlo. Le dejó verlo, obligándolo a sentirlo para que supiera que era real.
Donghae se deleitó en su amor, bañándose en él hasta que pensó que podía volar por su fuerza. Su piel se estremeció y su estómago se tensó cuando se desvaneció lo último de su control. Se dejó ir, se dejó romper en pequeños pedazos en los brazos de Eunhyuk, confiando en él para que los mantuviera juntos. Él nunca permitiría que nada malo le sucediera.
El cuerpo de él se tensó y le sintió caer de cabeza después de su orgasmo. Su cuerpo todavía estaba estremeciéndose con los temblores de su éxtasis y él llegó a su clímax en su interior, rugiendo de placer.
El peso de Eunhyuk se abatió sobre él mientras se desplomaba encima, pero se deleitó con la sensación de su cuerpo sobre sí. Le acarició la espalda mientras su respiración se ralentizaba hasta la normalidad y su pulso se estabilizaba. Las manos le temblaban, pero dudaba que se diera cuenta de su debilidad.
Donghae sonrió al techo, sintiéndose más feliz que nunca antes en su vida. Lo amaba. Era el hombre más afortunado en el mundo y no pudo evitarse verter algo de esa alegría a través de su vínculo.
Eunhyuk se puso rígido y se dio cuenta de su error demasiado tarde. Se había abierto a él y no tenía manera de saber cuánto de su plan había visto.
Entró en pánico. Tenía que protegerle y sólo podía pensar en una manera de hacerlo. Reunió cada gramo que pudo de su poder y quiso que se durmiera. Si estaba dormido, podría irse y encontrar la espada de Eli y él estaría aquí sano y salvo.
La cabeza de Eunhyuk se disparó y sus ojos brillaron de furia.
—No… —fue todo lo que pudo decir antes de que sus ojos revolotearan cerrándose y se desplomara encima de él.
El aire fue expulsado de sus pulmones y tuvo que luchar para empujarle a un lado. Todavía estaba duro y húmedo dentro de él y Donghae sintió que era la peor clase de puto cuando se separó de él. Todavía habían estado unidos cuando le traicionó. Sólo esperaba que la traición le hiciera más fácil seguir con su vida después de que se hubiera ido.

Donghae hizo un trabajo rápido lavándose y vistiéndose. En dos minutos, salió por la puerta con el vial de sangre, el localizador de Yokai, y las llaves de la camioneta en la mano.


Este fic es una adaptación, no es mío, yo sólo lo adapto. OJO NO ES MÍO YO SÓLO LO ADAPTO.
ORIGINAL: ARIDIENDO VIVA - SHANNON K. BUTCHER
PAREJA PRINCIPAL: EUNHAE

lunes, 2 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 20

CAPÍTULO 20
Donghae acababa de darse una ducha y vestirse a la mañana siguiente cuando oyó un sonido que era música para sus oídos.
—Quiero verlo ahora o llamo a la policía —dijo la señorita Boa con su voz cansada por la edad.
Donghae salió rápidamente a la sala de estar, llegó hasta ella y abrazó a la señorita Boa contra su pecho en un abrazo gentil. Tuvo que luchar por no agarrar a la mujer muy fuerte en su excitación.
— ¿Qué está haciendo aquí?
La señorita Boa fue a toda prisa caminando hacia el sofá.
—Esos muchachos me trajeron aquí —murmuró.
— ¿Qué muchachos?
—Yi Soo y Han Kang —contestó Eunhyuk—. Parece que la señorita Boa es una de esas personas estúpidas a las que no se les pueden borrar sus recuerdos. Cuando Young Woon me habló sobre eso, le dije que disfrutarías haciéndola venir a vivir aquí, en Castillo Matsumoto, con nosotros.
Le estaba sonriendo y Donghae sintió una oleada de ternura llenándolo en respuesta. Era tan hermoso. Y le había traído a la señorita Boa. Su amiga estaba a salvo.
La señorita Boa le frunció el ceño a Eunhyuk.
—Como si me hubieran dado alguna opción. Esos dos muchachos no escucharon ni una palabra de lo que decía. Les dije que no diría nada, pero no escucharon. Quise darles un latigazo a los dos.
—Tal vez después —la apaciguó Eunhyuk—. ¿Por qué no viene a desayunar con nosotros en lugar de eso? El comedor debería haberse despejado un poco para esta hora y todos podemos ir.
—Eso suena maravilloso —dijo Donghae—. Así me puede hablar sobre todo lo que sucedió después de que salimos de la hacienda.
La señorita Boa empezó a despotricar mientras salían por la puerta y no hubo terminado hasta que Donghae había bebido su segunda taza de café.
—Así que me dijeron que puedo quedarme aquí para que los monstruos no me lleven. Supongo que tendré mi propia habitación hoy, más tarde.
Eunhyuk tomó la mano de Donghae y la puso en su muslo. Le acarició la parte de atrás con un deslizamiento vagabundo de sus dedos. Donghae tuvo que esforzarse para concentrarse en lo que su amiga le decía.
—Eso suena grandioso. Es un lugar muy bonito.
La señorita Boa lanzó un pequeño bufido.
—Supongo. Pero no es el hogar.
Eunhyuk le dirigió a la señorita Boa una sonrisa indulgente.
—Los Pami se encargarán de trasladar todas sus cosas a aquí, lo que le ayudará a establecerse. Y por supuesto, Donghae y yo ayudaremos de cualquier forma en que podamos.
La señorita Boa no pareció convencida.
—No me gusta no ganarme el sustento, y ese Young Woon suyo se rehusó a tomar mi dinero.
—No lo necesitamos —dijo Eunhyuk—. Hemos vivido lo suficiente para comprender el poder del interés compuesto.
—Me gustaría enseñarle a esos muchachos, Han Kang y Yi Soo, una cosa o dos. No tienen un solo modal entre los dos.
Eunhyuk sonrió de oreja a oreja.
—Creo que esa es una idea excelente. Tenemos a algunos buenos maestros aquí, pero siempre podríamos necesitar otro. Hay muchos niños humanos que se beneficiarían de su experiencia.
Los ojos legañosos de la señorita Boa se iluminaron de un modo que Donghae nunca había visto antes.
—Supongo que podría intercambiar mis servicios educativos por comida y alojamiento.
—Hablaré con Young Woon sobre eso, si quiere —ofreció Eunhyuk.
—No, gracias. Preferiría hablar con él yo misma. Para asegurarme de que comprenda cómo van a funcionar las cosas por aquí.



La sonrisa de Eunhyuk se amplió y Donghae esperó que Young Woon fuera lo suficiente hombre como para aceptar a la señorita Boa.
Antes de que pudiera preguntar a la señorita Boa sobre sus planes, Hyesung llegó a su mesa.
—Llegó la hora —dijo.
Hyesung se veía precioso esta mañana, con una suave túnica gris similar a la que había vestido ayer, pero con un delicado bordado alrededor del escote. Su pelo oscuro destelló con hebras de plata y sus ojos negros se volvieron fríos mientras bajaba la mirada hacia Donghae.
—No es sabio mantener a Victoria esperando.
Eunhyuk se limpió la boca con una servilleta y se deslizó suavemente sobre sus pies. Donghae no podía evitar admirar la manera en la que se movía, la manera en la que fue formado, como si hubiera sido hecho sólo para su placer. La suave tela de su camisa se aferraba a su pecho musculoso y sus hombros, y todavía podía recordar cómo se había sentido debajo de sus palmas la noche anterior… completamente duro y  ardiente… y sus esfuerzos por llevarlo al clímax.
Eunhyuk le dirigió una sonrisa secreta, como si hubiera leído sus pensamientos, y le ofreció su mano. La tomó, contento de tener su fuerza para estabilizar sus nervios.
—Si nos disculpa, señorita Boa —dijo, inclinando la cabeza hacia la mujer mayor—. Tenemos una cita que atender.
La señorita Boa agitó una mano manchada por la edad.
—Id, chicos. Tengo trabajo que hacer.
Hyesung los guió fuera del comedor, moviéndose lo suficientemente rápido para que su falda larga ondeara detrás de él.
— ¿Estás seguro de que Victoria podrá ayudarme descifrar mi visión? —Le preguntó a Eunhyuk mientras seguían detrás de Hyesung bajando un largo corredor.
—Sí —dijo Eunhyuk al mismo tiempo que Hyesung decía “No”.
Grandioso. Donghae ignoró a Hyesung. Obviamente el tipo no había tomado su café aún esta mañana. Parecía cansado, preocupado y enfadado, y el corazón de Donghae saltó en comprensión. Si lo que Eunhyuk había dicho era cierto y Hyesung pensaba en él como en un hijo, entonces no era extraño que no estuviera encantado. Donghae no iba nunca a ser lo que esta gente quería. Una parte de él estaba contento porque no podía verse haciendo alguna vez lo que había hecho Hyesung la noche anterior. De ninguna enloquecida manera.
La mano de Eunhyuk se deslizó sobre su espalda en una caricia reconfortante. Donghae se permitió disfrutar de ello, recordando muy bien la clase de magia que sus manos ejercían. Había tenido suerte, había encontrado unos pocos minutos disponibles para tener a Eunhyuk a solas y hacer todas las cosas que había pensado hacer con él antes de que cayera dormido la noche anterior.
Hyesung se paró ante una puerta al final de un largo vestíbulo y Donghae casi tropezó con él. Eunhyuk le detuvo antes de que pudiera avergonzarse y Donghae se dio una sacudida mental. Necesitaba concentrarse. Esta reunión era importante.
Hyesung llamó a la puerta y fue respondida por un enorme hombre. Tenía casi un metro noventa y cinco de estatura, pesadamente musculoso, con extremidades gruesas y vigilantes ojos verde musgo. Su cuerpo estaba marcado con diversas pequeñas cicatrices, y debajo de la tela apretada de su manga izquierda, Donghae pudo ver las ramas vacías de su marca de vida. Era otro Amaterasu... uno con el que no se había encontrado.
Inclinó su cabeza ante Hyesung.
—Señor.
—Buenos días, Junjin. ¿Está lista Victoria?
Los ojos de Junjin se dirigieron hacia Donghae, se deslizaron desde su cabeza hasta sus pies y de regreso otra vez como clasificándolo en el parpadeo de un ojo.
—Lamento que mis deberes hacia Victoria me impidan ofrecerle mi voto —le dijo a Donghae con una voz profunda, retumbante.
¿Voto? Quería decir ese voto sangriento que el resto de los hombres le habían dado. ¿Qué decía uno ante algo parecido?
—Oh, está bien.
Inclinó su cabeza ante él como lo hizo ante Hyesung.
—Victoria le verá ahora.
Junjin abrió de par en par la puerta y dio un paso a un lado para dejarles entrar. La suite estaba arreglada tal como la de Eunhyuk, pero decorada de forma diferente.
La sala de estar estaba terminada en una mezcla llena de volantes lavanda y rosa con cortinas de encaje y servilletitas en todas partes. El mobiliario era sorprendentemente pequeño, excepto por un gran asiento reclinable que era lo suficientemente grande para la masa de Junjin e, incluso ese, estaba cubierto por una tela floreada rosa pálido.
Donghae apostaría que a Junjin le gustaba.
Junjin miró a Eunhyuk y a Hyesung.
—Por favor, esperen aquí.
—Vengo con él —dijo Hyesung.
—No lo verá. Lo sabe.
Una tristeza frustrada apretó la boca de Hyesung e hizo destellar sus ojos negros.
— ¿Preguntarás otra vez, por favor? ¿Por mí?
Junjin dejó escapar un suspiro resignado y asintió. Se volvió hacia un dormitorio, entró cerrando la puerta, y regresó un minuto después. Realmente esquivó la mirada fija de Hyesung.
—Nada ha cambiado, mi señor. Lo siento.


Hyesung contestó con una rígida inclinación de cabeza y enderezó los hombros.
—Esperaremos aquí —le dijo a Donghae.
Una clase tranquila de aprensión se estableció sobre Donghae. No tenía idea de quién era Victoria, pero ciertamente, no podía imaginarse a nadie lo suficientemente fuerte como para que hiciera a Hyesung retroceder. Ese hombre estaba formado de acero templado y preciso. Alguien que hiciera a Hyesung parecer castigado tenía que ser formidable, ciertamente.
Eunhyuk le capturó la cara entre sus palmas.
—Estarás bien.  Lo prometo. No te dejaría entrar ahí si no creyera que sea verdad.
Donghae encontró suficiente confianza para asentir. Eunhyuk le dio un beso rápido en la boca que consiguió distraerlo de su preocupación, y siguió a Junjin hacia el dormitorio. Le abrió la puerta, pero no le siguió hacia dentro. En lugar de eso, le encerró adentro, a solas con Victoria.
El dormitorio de Victoria, como la sala, era todo volante, adornos y tonos pastel. En un extremo de la habitación, debajo de una ventana con cortinas de encaje, estaba su diminuta cama de acero blanco. En el otro, había una pequeña mesa y sillas hechas de madera intrincadamente tallada. Estaba en una de esas sillas. Victoria era una niñita. De no más de ocho o nueve años de edad.
—Donghae —le saludó Victoria con la voz aguda de una niña—. Ven a sentarte conmigo.
Victoria llevaba un vestido con volantes en azul suave que hacía juego perfectamente con sus ojos. Su cabello rubio caía en largos bucles y estaba atado atrás con una cinta azul a juego. Era una bella niña con facciones como de muñeca, grandes ojos claros, una boca pequeña pero llena, una nariz insolente y suaves mejillas redondas. Sus zapatos negros brillantes y sus calcetines cortos llenos de encaje se asomaban por debajo de la mesa.
En frente de Victoria había una muñeca que se veía exactamente igual a ella, excepto por los ojos y el vestido. La muñeca llevaba puesto un severo vestido blanco y sus ojos eran tan negros y brillantes como los zapatos de charol de Victoria. Delante de las dos había un delicado juego de té de porcelana china y un platito en un mantelito individual de encaje. Un tercer juego estaba puesto... el que Victoria había movido para que Donghae lo usara.


Sin saber qué más hacer, Donghae se sentó en la silla de tamaño infantil, sintiéndose enorme y larguirucho, mientras intentaba apretar las piernas bajo la mesa.
— ¿Té? —Victoria preguntó educadamente.
Donghae asintió, desconcertada por los modales perfectos de la niña. Victoria llenó la taza de Donghae de una tetera pintada a mano así como también su taza y la de su muñeca.
—He sido informada de que has tenido una visión de tu propia muerte —dijo. Su voz era infantil, pero su manera de hablar era cualquier cosa menos eso—. ¿Puedo verla? —preguntó.
—Eh. ¿Cómo?
Victoria le dirigió una sonrisa condescendiente y extendió una pequeña mano hasta la sien de Donghae. Su visión relampagueó en su cabeza con vívido detalle. Podía ver la curva de cada lengua de fuego mientras le consumía. Podía escuchar su hambriento rugido y sentir el calor consumiendo su vida. Donghae jadeó y su cuerpo se puso rígido contra la visión, tratando de expulsarla. Tan repentinamente como había llegado, se fue de nuevo. Donghae estaba jadeando y enroscado en el suelo sobre su costado. Victoria estaba encima de él con una expresión débilmente curiosa en su cara.
— ¿Estás bien? —Preguntó dulcemente.
Donghae sintió como si fuera a vomitar. Sus músculos estaban anudados y resbalosos, el miedo aceitoso exudaba desde sus entrañas, enfermándolo. Pero no iba a decirle a la niña eso. En su lugar, tragó, se empujó en posición vertical y asintió con la cabeza.
—Estaré bien.
—Mentiroso —le regañó—. Pero entonces, todos lo somos.
—Yo...
Por el rabillo del ojo, Donghae pensó que había visto a la muñeca asentir de acuerdo. Enderezó la silla, sacudió la cabeza para aclararla y se obligó a sentarse con la niñita otra vez. La muñeca estaba quieta, con la mirada fija completamente en el espacio con vidriosos ojos negros.
Donghae apartó la vista de la espeluznante muñeca.
—No necesitas preocuparte por mí.
— ¿Porque soy un niña? —Preguntó Victoria.
—Sí.
—Qué dulce eres por protegerme de la fealdad de la vida —dijo en un tono, de alguna manera, entre divertido y condescendiente—. Sólo por eso, voy a decirte lo que deseas saber.
— ¿Y qué es?
Victoria sorbió su té.
—Quieres saber cómo evitar tu visión.
— ¿Eso quiere decir que lo puedo evitar?
—Algunas visiones son certezas, y otras, posibilidades. La tuya es una definitiva posibilidad.
Extraña enana evasiva. Victoria realmente comenzaba a poner a Donghae de los nervios.
— ¿Qué se supone que significa eso?
—Quiere decir que ese punto en tu vida es fijo. No lo puedes evitar. Si vives hasta ese punto, tu visión llegará a suceder.
—Entonces, ¿cómo es que no es seguro? —Donghae preguntó.
—No estás escuchando. Yo dije si vives tanto como para que eso pase. Puedes siempre escoger otra cosa.
— ¿Quieres decir suicidio?
Los suaves ojos azules de Victoria brillaron con tristeza.
—Si a ti no te gusta una muerte, entonces es tu derecho escoger otra.
Qué gran noticia era esa.
— ¿Cuánto tiempo tengo?
—No mucho. A todos nosotros se nos está acabando el tiempo, Donghae.
— ¿Qué quieres decir? ¿Quiénes somos todos nosotros?
—Los Caballeros de la Luz. La raza humana. El reino del Izanagi. Todos nosotros. Los Yokai se vuelven más poderosos con cada salida de la luna y ahora que tienen otra espada Amaterasu a su disposición, eso sólo empeorará.
— ¿Quieres decir que la espada de Eli va a permitir a los Yokai ganar?
Victoria frunció el ceño y guardó silencio durante un largo momento, como si mirara algo que sólo ella podía ver.
—Se está convirtiendo en un punto para ellos. Eso es todo lo que puedo ver. Lo que sé es que si tienen la espada de Eli, pueden ser capaces de liberar las almas de las criaturas asesinadas por su espada y su ejército crecerá. Los Caballeros de la Luz no pueden permitirse semejante contratiempo... el trabajo de una vida entera de un guerrero, deshecho.
—Entonces tenemos que recuperar su espada.
Victoria encogió un delicado hombro.
—No me preocupo por semejantes cosas. Es trabajo para vosotros, los guerreros.
— ¿Yo, un guerrero? Difícilmente.


—Sí. Lo eres. A pesar de todo lo que el Caballero Gris haya podido hacerte creer —la voz de Victoria era tan fría y dura como el hielo... para nada era de una niña—. No estás adiestrado, pero el potencial está ahí. Si vives lo suficiente para cumplir con ese potencial.
Donghae sintió un pequeño estremecimiento de ansiedad bajando por su columna vertebral. Victoria no era lo que aparentaba ser. Ni de cerca.
—Hyesung dijo que sería inútil en combate si no puedo usar el fuego. Cree que mi incapacidad terminará matando a Eunhyuk.
—Si intentas combatir al Yokai al lado de Eunhyuk sin la habilidad para llamar al fuego, entonces Eunhyuk morirá. En eso, no hay duda.
—Entonces Hyesung estaba en lo cierto. No puedo pelear.
Victoria puso los ojos en blanco.
—Sigues sin escuchar. Esto es por lo que me rehúso a ver a personas como tú. Nunca escucháis.
—Lo intento, pero no le estás dando ningún sentido.
Victoria le dirigió a Donghae una mirada dura.
—No, sólo no te estoy diciendo lo que quieres oír. Quieres que te diga que todo va a estar bien, que todos vivirán y serán felices y nos tomaremos de las manos y nadie alguna vez sufrirá o tendrá hambre otra vez. Esa no es la manera en la que sucede. No es la manera en la que alguna vez será. La verdad es mucho menos prometedora y nada de lo que pueda hacer alguna vez lo cambiará. Nada.
Donghae repentinamente sintió lástima por la chica. ¿Cómo sería si fuera él quién supiera cosas que no debería?
Donghae sólo tenía una visión y había sido difícil de soportar. Por lo que todos decían, Victoria tenía bastantes visiones y era sólo una niña. Tenía que ser espantoso y solitario para ella.
—Lo siento —dijo Donghae, tratando de alcanzar la mano de la chica.
Victoria respingó lejos de su contacto.
—No lo hagas. No quiero nada más de tu vida en mi cabeza.
Eso no sonó bien.
— ¿Qué puedo hacer para ayudarte?
—No hay nada que nadie pueda hacer por mí. Soy como fui creada para ser.
—Pero sufres.
—Todos nosotros sufrimos, Donghae. Si verdaderamente quieres hacer algo por mí, entonces trata de no ser estúpido. Deja que tu amor por Eunhyuk guíe tus acciones.
¿Amor por Eunhyuk? Le gustaba. Era sexy, compasivo y valiente. No podía evitar que le gustara. ¿Pero amor? Era demasiado espantoso para pensar en eso, así que hizo a un lado el pensamiento por ahora. Aclararía cómo se sentía sobre él más tarde, cuando sus emociones no estuvieran tan dispersas.
—Dime una cosa, por favor. Si decido… Escoger mi propia muerte, ¿eso garantiza que Eunhyuk estará seguro?
Victoria negó con la cabeza, haciendo que sus bucles rubios oscilaran de arriba abajo.
—La única garantía que recibimos cuando nacemos es que moriremos. Aún para uno de nuestra clase que vive durante siglos, la muerte es inevitable. Mi consejo para ti es que abraces tu propia muerte en vez de temerla. Deja que llegue el momento.
Esa fue la cosa más amarga que Donghae alguna vez había oído a una niña decir, y tuvo que luchar por abstenerse de coger a Victoria en sus brazos para reconfortarla. Sólo la preocupación de que sufriría le permitió a Donghae contenerse.
—Si alguna vez quieres hablar, o si alguna vez necesitas que un amigo sólo te escuche, puedo hacer eso por ti, Victoria.
La niñita pestañeó como si estuviera confundida.
—Nadie, alguna vez, se ha ofrecido a hacer eso por mí antes.
—Creo que toda la gente aquí está un poco asustada de ti.
Victoria inclinó su cabeza a un lado.
—Por supuesto que lo están. Sé cómo van a morir cada uno de ellos.
—Eso es demasiado loco para pensar mucho acerca de ello.
—Sí.
Donghae sólo clavó los ojos en ella durante un momento, anonadado, en silencio.
Victoria casualmente sorbió su té.
— ¿No vas a preguntarme cómo morirás?
—No. Saber que voy a quemarme vivo si no me mato antes es más que suficiente estrés, gracias.
Victoria le dirigió a Donghae una sonrisa astuta, casi siniestra.
—No sabes, ni de cerca, tanto como crees. Nada en nuestro mundo es lo que parece.
— ¿Te incluye eso?
Victoria ignoró la pregunta.
—Deberías irte ahora. Tu ventana de oportunidades es estrecha.
— ¿Qué es lo que se supone que significa?
Una luz atemorizante llameó en los ojos de Victoria.
—Quiere decir vete. Ahora. Y envía a Eunhyuk a verme un momento.
Podría parecerse a una niña, pero no lo era. Ninguna niña tendría tanta presencia o tanta fuerza de voluntad.

Donghae se levantó torpemente de su silla y salió de la habitación. Justo antes de que cerrara la puerta, estuvo segura de que oyó a la muñeca de Victoria soltar una risita.


Este fic es una adaptación, no es mío, yo sólo lo adapto. OJO NO ES MÍO YO SÓLO LO ADAPTO.
ORIGINAL: ARIDIENDO VIVA - SHANNON K. BUTCHER
PAREJA PRINCIPAL: EUNHAE