sábado, 5 de octubre de 2013

CAPÍTULO 7

CAPÍTULO 7





Jaejoong casi le había dado toda la comida a Kibum antes de que se tendiera y cerrara los ojos.
Él respiró dejando salir un suspiro de alivio y limpió la mancha del puré de patatas en la comisura de la boca de Kibum. Nunca antes había visto nada como esto, pero otra vez, estaba empezando a pensar que había muchas cosas que nunca había visto. Yunho y sus amigos encabezaban esa lista.
Juniel entró en la habitación y miró los cuencos vacíos.
—Conseguiste que comiera.
—Yunho ayudó —dijo, justo cuando él volvía a entrar en la habitación.
— ¿Tu prometido es un hombre encantador y un buen tío? Eres realmente afortunado de encontrar un hombre así con el que casarte. Es una vergüenza que no me dijeras que estabas comprometido. Ni siquiera sabía que estabas saliendo en serio.
¿Prometido? Él abrió la boca para negarlo, pero antes de que pudiera hacerlo, Yunho dijo:
—Nos hemos conocido recientemente, pero cuando es amor verdadero, ¿Por qué esperar?
Juniel observó a Jaejoong cuidadosamente, como si esperase su versión de la historia. Después de lo que él había hecho por Kibum, no estaba seguro de llamarle mentiroso frente a Juniel. De hecho, quería lanzarse Jaejoong mismo sobre él en agradecimiento por lo que había hecho. En vez de eso, se estiró y tomó la mano de Yunho. Caliente y vibrante el placer le recorrió los miembros y tuvo que esforzarse para sofocar un temblor.
Su reacción debió haber sido suficiente para convencer a Juniel, porque ella solo sonrió, felicitándolos a los dos por su inminente unión, y dejó la habitación con la bandeja vacía.
Jaejoong intentó retirar la mano de modo que pudiera pensar correctamente, pero Yunho no la soltó.
— ¿Prometido? —le preguntó a él.
—Tenía que conseguir pasar del mostrador principal de alguna forma. —Él sonrió y ella se alegró de verlo. Desde que le había pedido el dinero, le había mirado como si hubiese cometido algún crimen atroz, y hasta ahora, no se había dado cuenta como su mala opinión le había preocupado.
—Gracias —dijo—. Parece que te lo estoy diciendo mucho últimamente.
—Es un placer —miró a donde estaba durmiendo Kibum—. ¿Te importa decirme quien es?
Jaejoong vaciló. No conocía a este hombre y con todo, él acababa de sufrir para ayudar a la única persona en la tierra a la que amaba Jaejoong. Le debía más de lo que nunca podría pagarle.
—Mi hermano.
Los ojos de Yunho se ensancharon con una especie de desesperada esperanza.
—Perdóname si esto es una impertinencia, pero, ¿Compartís los mismos padres?
Jaejoong estaba demasiado sorprendido por la extraña pregunta que no consideró siquiera el si debía responderle o no.
—Creo que sí. Mamá tenía un novio que venía a visitarla cada pocos años. Nunca lo conocimos, pero ella le amaba. Decía que estaba en el ejército y eso era por lo que nunca llegábamos a verle.
— ¿En el ejército?
Jaejoong se encogió de hombros, negándose a dejar que el daño de su infancia rigiera su vida actual.
—Creo que era una historia que se inventó Mamá para que no la odiásemos. Lo creí durante algunos años, pero finalmente empecé a resentirme con él. ¿Qué endemoniado tipo de padre no podía enviar siquiera una tarjeta de cumpleaños o llamar por teléfono al menos una vez? Creo que solo era un holgazán que dejó a Mamá embarazada y se largó dejando que se las arreglara ella misma.
—Suena como un verdadero triunfador —dijo Yunho, pero no había fuego en su tono, solo especulación.
—Supongo que mi vida estuvo mejor sin él, ¿sabes?
—Estoy seguro que tienes razón —dijo, pero no sonaba como si lo creyese ni por un minuto.
— ¿Sabes algo que no me estás diciendo? —le preguntó.
— ¿Sobre tu padre? Creo que no.
Kibum dejó escapar un murmullo en su sueño y Jaejoong fue a su lado.
—Shh, pequeño. Duerme.
—Se están acercando —farfulló Kibum—. Los monstruos se están acercando.
El corazón de Jaejoong se rompió y cayó por su hermano.
—Aquí estás a salvo. No dejaré que nadie te haga daño.
La puerta de la habitación se abrió y Kyuhyun y Minho entraron en ella como si les perteneciera el lugar. Jaejoong estaba empezando a cuestionarse la seguridad.


— ¿Cómo conseguisteis entrar?
Kyuhyun ignoró su pregunta. Estaba demasiado ocupado olisqueando el aire por algo. Minho encogió los enormes hombros y dijo.
—Una vez se puso el sol, Kyuhyun ejerció su rutina de El Hombre Invisible y vinimos directos aquí. Sin problemas.
— ¿Realmente se volvió invisible? —preguntó Jaejoong.
—No exactamente —dijo Kyuhyun—. Es más un truco de la mente.
—¿Quién es el niño? —preguntó Minho. El miraba a Kibum con demasiado interés para comodidad de Jaejoong.
Jaejoong dio un paso lateral para bloquear su línea de visión.
—Creo que deberíais marcharos.
Los pálidos ojos de Kyuhyun brillaron y se movió hacia Kibum como si fuera flotando.
—Nunca dijiste que tenías un hermano. —Respiró profundamente por la nariz—. Su sangre es tan pura como la tuya. Puedo olerlo.
Jaejoong vio los cercos oscuros de sangre en el camisón de Kibum.
— ¿Puedes oler que somos hermanos? Eso es demasiado raro para ponerlo en palabras.
—Kyuhyun —dijo Yunho en tono de advertencia—. Vuelve a apagar ese infierno.
—Él tiene mucho dolor. Solo quiero aliviar su mente —se estiró hacia Kibum.
El sonido de metal contra metal llenó el aire cuando ambos Yunho y Minho sacaron sus espadas, haciéndolas aparecer en el aire. La espada de Yunho fue a la garganta de Kyuhyun, la de Minho a su entrepierna.
—Tócalo y morirás de manera muy dolorosa —gruñó Minho.
Kyuhyun alzó las elegantes manos al aire y la sobrenatural luz en los ojos disminuyó.
—El niño está sufriendo. Yo puedo ayudarle.
Jaejoong no estaba seguro de que estaba pasando.
— ¿Puede ayudarle? —le preguntó Jaejoong a Yunho.
Yunho dedicó a Jaejoong una rápida mirada.
—Querrá beber su sangre.
—Es la única manera de diagnosticarlo —de encontrar la verdadera causa de su ruptura mental —explicó Kyuhyun.
—No caigas en ello, Jaejoong —dijo Minho—. Ya ves la manera en que le mira. Quiere su sangre y está utilizando la excusa de ayudarlo como un modo de conseguirla.
—Eso no es completamente cierto. Quiero su sangre, pero también quiero ayudarle. Solo déjame acercarme a él para ver si puedo darle algo de consuelo.
Jaejoong le había dado al vampiro su sangre y eso no le había lastimado, a parte de un acceso de mareos. También le había ensamblado el brazo roto. Si podía ayudar a Kibum, estaba dispuesto a afrontar el riesgo y dejarle acercarse a su hermano.
—Puedes mirarlo, pero no puedes hacer nada más.
—Como desees —aceptó Kyuhyun.




Minho no quiso apartar su espada. Probablemente iba a necesitarla en cualquier segundo de una manera u otra. Kyuhyun era un jodido depredador, y él parecía ser el único que lo veía.
A Minho no le gustaba la idea de Kyuhyun acercándose al niño. No podía verle la cara desde aquí, pero apenas abultaba en la cama, estaba tan delgado. Solo los huesos de las rodillas y los dedos de los pies sobresalían lo suficiente para ampliar la sábana.
Kyuhyun se deslizó hacia delante y Jaejoong se hizo a un lado para hacerle sitio al lado de la cama. Minho tuvo un vistazo de la cara del niño y se dio cuenta de que no era un niño. Era un muchacho, joven, mucho mayor de los diez o doce años que había pensado por su escuálida figura.
El hombre se revolvió y Jaejoong le puso la mano sobre el brazo.
—Está bien, Kibum. Él está aquí para ayudarte.
Minho gruñó con disgusto. Él no podía ayudar en nada.
—La única persona a la que Kyuhyun va a ayudar es a si mismo.
—Basta, Minho —dijo Yunho—. No va a hacerle daño por mirarle.
Kyuhyun puso las manos sobre la cabeza de Kibum. Justo cuando lo hizo, Kibum abrió los ojos como si alguien hubiese encendido una lámpara. Su piel estaba mortalmente pálida, casi tan blanca como su pelo. Sus ojos estaban abiertos desmesuradamente con temor, los cuales eran de un puro y brillante azul igual que el cielo de invierno. Y allí había mucho azul, demasiado. Sus pupilas se habían contraído hasta ser unos puntos.
Él golpeó con fuerza la mano de Kyuhyun apartándola y se escabulló de él, acurrucándose en un pequeño espacio contra el pasamanos más alejado de la cama. La bolsa usada para la intravenosa se sacudió en su soporte cuando pivotó rodeando el tubo.
—Él quiere mi sangre —susurró, contemplando a Kyuhyun con terror—. Quiere mi sangre, quiere mi sangre, quiere mi sangre —una y otra vez, sus palabras subían más y más de volumen.


Jaejoong se precipitó rodeando la cama para calmar a su hermano. Minho decidió que el tiempo de Kyuhyun con el muchacho había terminado. Agarró el delgado cuerpo del Susano alrededor del pecho con un solo brazo y lo arrastró cruzando la habitación. Lo empujó al cuarto de baño, cerró la puerta y sujetó el pomo de modo que Kyuhyun no pudiera salir hasta que él le dejara.
La puerta se movía cuando Kyuhyun luchaba contra el agarre de Minho, pero no se movía. Kyuhyun no era un enclenque, pero Minho era infernalmente mucho más fuerte.
—Eso no va a ayudar —dijo él desde el otro lado de la puerta.
De hecho, si lo hacía. Kibum se había calmado, y ahora se aferraba al cuello de Jaejoong, sollozando. A Minho nunca le importaron mucho las lágrimas, pero estas sacaban el infierno a golpes, al verlas en esa asustada mirada en su rostro, lo único que quería era matar algo cualquier cosa con tal de se detuvieran.
Yunho le lanzó a Minho una amarga mirada.
—Tiene razón y lo sabes. No puede ayudarle desde ahí.
—El niño no quiere su ayuda —dijo Minho—. Solo pregúntale.
Yunho cruzó hasta Minho y le dijo casi en un susurro:
—Él no está cuerdo. Kyuhyun le asustó. Eso es todo.
—Él no quiere que se tome su sangre. En lo que a mí concierne, eso le hace la persona más cuerda en esta habitación.
Yunho sacudió la cabeza y se volvió.
— ¿Qué quieres hacer, Jaejoong?
Él miró por encima del abrazo. Las lágrimas le corrían por la cara, y los ojos tan parecidos a los de Kibum estaban llenos de pena.
Algo en eso tiró de Minho. Él habría pensado que era compasión, pero seguramente no le quedaba ninguna.
—No soporto verle así de trastornado. Va a enfermar después de que finalmente hemos conseguido que comiera algo.
—De acuerdo —dijo Yunho—. Qué tal si esperamos hasta que se calme y le contamos que está sucediendo. Quizás si sabe quién es Kyuhyun, no le tenga miedo. Él no me temió a mí.
—Porque tú no quieres beber su sangre, idiota —dijo Minho.
Jaejoong sorbió por la nariz y asintió, ignorándolos a los dos.
—Vale la pena intentarlo.
—Los monstruos se acercan —dijo Kibum. Su voz rota cuando hablaba, y Minho tuvo la casi incontrolable urgencia de hacerle una visita a Kyuhyun en el baño y sacudirlo un poco.
—Shh, bebé. Los monstruos no pueden cogerte aquí —dijo Jaejoong.
Kibum alzó el rostro mojado por las lágrimas. Las mejillas estaban hundidas bajo la piel.
—Ahora saben dónde estoy. Me ven. Y a ti.
—No, no lo hacen. Aquí estás a salvo.
—No estoy loco, Jaejoong. Se están acercando.
El pequeño no sonaba loco. Triste, asustado, cansado, por supuesto. Pero no loco.
Minho miró por la ventana hacia el césped verde de abajo. Estaba muy iluminado, y no vio nada, pero eso no quería decir una mierda.
—Hay sangre en su camisón —dijo él—. Si es uno de nosotros, ellos quizás sean capaces de olerlo.
Kibum volvió la cabeza y lo miró por primera vez. Cuando sus ojos encontraron los suyos, sintió como si le hubieran dado un puñetazo en las tripas. Se agarró al marco de la puerta para sostenerse.
Quien quiera que fuera él, tenía poder. Casi podía verlo flotando a su alrededor.
Matándolo.
No estaba seguro como sabía que ese era el caso, pero lo sabía, profundamente. Hasta sus huesos; de la misma manera que sabía que su alma se descomponía en un montón de cenizas más y más con cada día que pasaba, y no había una jodida cosa que pudiera hacer.
Kyuhyun abrió la puerta detrás de él. Minho se movió de modo que Kibum no pudiera ver al chupasangre.
—Su protección natural debería enmascarar la esencia de su sangre a los Yokai —dijo Yunho.
—No si sabe acerca de ellos.
Yunho le preguntó a Jaejoong:
— ¿Kibum sabe sobre los Yokai?
Jaejoong dio un tembloroso asentimiento.
—Nos atacaron cuando éramos niños.
Kyuhyun aspiró profundamente, oliendo el aire.
—Kibum tiene razón. Los Yokai se están acercando. Rápidamente.
Minho se preparó a sí mismo y dejó que la sonrisa le cubriera la cara. Finalmente, algo que podría matar.
—Tenemos que salir de aquí —dijo Yunho.
Jaejoong sostuvo el rostro de su hermano contra el pecho.
—No sin Kibum.
—Claro. ¿Puedes llevarlo? —le preguntó Yunho a Jaejoong.
Él asintió y sacó la bolsa de suero del soporte.
—Vamos, Kibum. Tú y yo vamos a dar una vuelta —le tendió la bolsa a su hermano y le cogió con los fuertes brazos.
Jaejoong estaba destrozado, y Minho se tomó un momento para disfrutar la visión antes de sacar su arma.
—Me ocuparé del frente.
—Yo cerraré la retaguardia —dijo Yunho—. Kyuhyun. Vas a tener que escudarnos a todos de ser vistos. ¿Estás lo bastante fuerte?
—Sí —dijo Kyuhyun, aunque no sonaba convencido. Ahora se estaba quedando cerca de Yunho, como si le preocupase que él quizás necesitara un guardaespaldas.
Jodida sanguijuela.
—Tendrá que dejar el ensangrentado camisón atrás —dijo Kyuhyun.
—Todos, daros la vuelta —ordenó Jaejoong.
Minho lo hizo, asegurándose que los otros también lo hacían. Él oyó abrir un cajón y cerrarlo y el suave roce de la tela. Entonces el aullido de un Orochi atravesó la noche, lo bastante alto como para que Minho pudiera oírlo a través del cristal.
Los Yokai estaban cerca.
—Ya estamos listos —dijo Jaejoong—. Vámonos.
Minho hizo rodar los hombros y salió por la puerta, listo para patear culos.




Jaejoong sostenía a Kibum cerca mientras salían corriendo del edificio. Asombrosamente, nadie pareció advertir su avance. Era como si fueran invisibles, justo como Minho había dicho. No solo eso, si no que los guardias les habían abierto cada puerta sin que hubiesen hecho la petición. No tenía idea de que pensar excepto que Kyuhyun debía estar utilizando algún tipo de truco de control mental. Era mejor si no pensaba demasiado en lo que podría hacer él con ese tipo de poder.
Kibum se aferraba a él con débiles brazos, temblando y ocultando su rostro contra el cuello de Jaejoong. Estaba ahora cubierto con un camisón limpio, pero Jaejoong había visto en que se había convertido el cuerpo de su hermano cuando le había ayudado a cambiarse. El pobre cuerpo de Kibum era un esqueleto cubierto por flácida y pálida piel. Su vientre estaba hundido y sus costillas y huesos de las caderas eran grotescas protuberancias, que le rompían a Jaejoong el corazón. Lo único reconocible en su cuerpo era la marca de nacimiento en forma de anillo sobre su hombro izquierdo, el mismo que tenía Jaejoong.
A Jaejoong le tomó cada onza de voluntad no romper en lágrimas ante la visión de la silueta perdida de su hermano. Le hacía preguntarse cómo era que Kibum estaba todavía vivo. ¿Por qué los médicos no habían hecho algo antes? ¿Por qué habían esperado hasta que estuviese así de mal antes de amenazarle más drásticamente? ¿Era peor su estado psicológico que su estado físico para que no lo hubiesen notado?
No tenía respuestas, pero estaba seguro como el infierno que iba a encontrar alguna.
Ellos se apresuraron a entrar en el parking, y por el rabillo del ojo, Jaejoong vio un movimiento. Sostuvo a Kibum con más fuerza y apuró el paso. El aullido de esos demonios se hacía más alto a medida que se acercaban, y estaba seguro que prácticamente podía oír los sonidos de sus garras arañando el pavimento.
—Tendremos que enfrentarlos aquí —dijo Kyuhyun por detrás de él.
—Métete en la camioneta y vete —le ordenó Yunho a Jaejoong.
Pensó en decirle que no se iría sin él, pero la verdad era, que haría lo que fuese para poner a Kibum a salvo. Él era un tipo enorme, y sabía de primera mano que era capaz de cuidar de sí mismo.
— ¿Qué vais a hacer?
—Matar a los jodidos bastardos —dijo Minho.
La voz de Yunho vino desde detrás, fuerte y lista.
—No te preocupes. Estaremos justo detrás de ti.
Él presionó su dedo contra el brazo desnudo por un momento y ella sintió un golpe de energía saltar a su interior, igual que la electricidad estática, solo que este no dolía. En vez de eso, una extraña sensación de paz se extendió sobre la piel, haciéndole sentir a salvo y protegido.
Bajó la mirada y vio una brillante marca, rojo sangre, sobre la piel donde él la había tocado.
— ¿Qué es eso?
—Una marca de sangre. Ahora seré capaz de encontrarte, donde quiera que vayas —dijo Yunho. Algo en su tono, la manera en que dijo las palabras, le comunicó que eso no era tanto una declaración como una promesa. Él lo encontraría.
—Ellos están aquí —murmuró Kibum.
Jaejoong no se paró a preguntarle si estaba seguro. El temblor en su cuerpo le decía a Jaejoong que lo estaba. Como lo sabía era otra historia, una para la que ahora mismo no tenían tiempo.
Yunho tomó una postura de lucha entre ellos y la dirección de los aullidos. Él de dio una última mirada, entonces se alejo. Jaejoong tuvo que contener la urgencia de volver y luchar a su lado. Él pertenecía allí. Sabía que era verdad, aunque no tenía idea de cómo lo sabía. Eso parecía estar pasando mucho esa noche.
Jaejoong deslizó a Kibum en el interior del coche, saltando al asiento del conductor, puso el motor en marcha y se alejó. Por el espejo retrovisor, vio media docena de esas cosas peludas desde las sombras y cargando hacia los hombres. La espada de Yunho destelló bajo las luces del atestado parking cuando redujo radicalmente a uno de los demonios, su cuerpo fuerte y fluido mientras se movía a través del pavimento. Podría quedarse mirándolo durante horas y no aburrirse. Él hacía que luchar pareciera tan fácil, sin esfuerzo. Casi hermoso.
Jaejoong golpeó la acera y puso de nuevo toda la atención en conducir. No volvió a mirar atrás. Kibum estaba a salvo. Eso era suficiente.
Pero no lo era. Sentía como si estuviera abandonando a las únicas personas sobre la tierra que le habían dado la más ligera esperanza de salvar a su hermano de la locura. Por no mencionar que dejaba atrás a un hombre que hacía que el cuerpo cobrara vida cada vez que le tocaba. Tan egoísta como era considerar siquiera meterlo en la ecuación, lo hizo. Quería más tiempo con él para descubrir que tenía que le llamaba y le hacía palpitar el corazón.
—Van a morir —susurró Kibum—. Hay demasiados monstruos. Y están llegando más.
Jaejoong miró a los lados.
—No lo sabes.
—Lo sé. Están acercándose, Jaejoong. Lo siento. —Kibum parecía tan lúcido como lo estaba él, no es que eso dijera mucho—. Por favor, tenemos que regresar.
La mano de Jaejoong se cerró con fuerza sobre el volante de modo que no pudiera hacer nada estúpido y volverse.
—No puedo arriesgarnos. Tú estás demasiado débil.
—Por favor, Jaejoong. Volvamos.
—Tú eres más importante.
—Les necesitamos.
Mierda. Quizás tuviera razón.
Los nudillos de Jaejoong estaban blancos y el cuerpo tenso por la indecisión. Había mucho en juego. La vida de Kibum colgaba en la balanza sin importar lo que hiciera. Si volvía, quizás le hicieran pedazos los monstruos; pero si Jaejoong no volvía y los hombres eran masacrados, entonces Kibum quizás pasara el resto de su vida gritando de temor. Al menos hasta que muriera de hambre.



—Por favor, Jaejoong. Lo necesito.
El tono de ruego en su voz decidió finalmente a Jaejoong. No había sido capaz de hacer mucho por su hermano en ocho años. En todo ese tiempo, Kibum nunca le había pedido nada a Jaejoong hasta ahora. Esto era algo que podía darle, e incluso si era la elección equivocada, era mejor que golpear el infierno y dejarle morir de hambre. ¿No? El cielo sabía que no le gustaba la idea de que los hombres que habían dejado atrás murieran. Por no mencionar que le sucedería a la gente del hospital si los monstruos conseguían entrar.
Donde estaba el camisón ensangrentado de Kibum.
—Ponte el cinturón y agárrate —dijo Jaejoong.
Estaban en una larga carretera que llevaba a una calle principal. El único tráfico allí fuera eran granjeros y gente que se dirigía al hospital. Jaejoong giro ciento ochenta grados y apretó el acelerador. La furgoneta viró con un rechinar de ruedas y se dirigió de vuelta a la colina.
—Dame mi escopeta. Está bajo el asiento.
El atestado parking estaba delante. La lucha todavía estaba en auge. Parecía que Yunho y Minho habían derribado a tres de cuatro de esas cosas. No estaba seguro de lo que estaba haciendo Kyuhyun, pero estaba trabajando con ahínco permaneciendo totalmente inmóvil con las manos levantadas y algún tipo de luz manando de esta, esparciéndose contra la pared más cercana del hospital. Alucinante.
Jaejoong tomó el arma que le ofrecía y le dijo a Kibum:
— ¡Al suelo! y quédate ahí.
Kibum lo hizo, pero Jaejoong oyó su aterrador cántico:
—Se están acercando, se están acercando, se están acercando…
Ya que tenía las manos ocupadas para bajar la ventanilla, Jaejoong utilizó la culata del arma para romper el cristal de la ventana del lado del conductor. Despejó lo suficiente los cristales para sacar el cañón.
Aparecieron tres de esas cosas como escarabajos, y estaban apiñados en un pequeño encantador grupo.
Jaejoong apagó las luces de la camioneta y apretó el acelerador hacia ellos. Ellos no le vieron venir hasta que fue demasiado tarde. Aceleró y lanzó el frontal de la camioneta directamente contra ellos. Las cosas se dispersaron igual que bolos. Uno de ellos pasó bajo las ruedas e hizo que la furgoneta despidiera un desagradable ruido, el exoesqueleto se destrozó bajo la rueda.
Ejecutó otro duro giro, casi golpeando un BMW en el atestado parking, y volvió por más, solo en caso de que ellos no se quedaran abajo.
—¿Estás bien ahí abajo? —le preguntó a Kibum.
—Sí —dijo, pero no sonaba bien. Sonaba como si estuviese deseando una bolsa para vomitar.
—Solo aguanta. Casi estamos allí.
Desde su ángulo, tenía una fantástica vista de Yunho y Minho rebanando monstruos, sus fuertes brazos y musculosas espaldas trabajando casi al unísono. Esa era una hermosa vista que contemplar. Puro combustible para sus propias fantasías.
Apartó la mirada y se concentró en su trabajo. Una de las cosas a las que había golpeado se volvía a levantar. Ésta exudaba una materia verde de una brecha en su pecho, lo cual por lo memos a él le valía. Jaejoong se armó y disparó a esa grieta, esperando que su disparo fuera capaz de reventarlo. La cosa explotó igual que un melón de agua lleno de dinamita. Voló en un montón de pedacitos, haciendo necesarios los limpiaparabrisas. Trozos de carne verde manchaban el cristal, y el estómago le dio un vuelco.
Jaejoong tragó para mantener el control. Ahora no tenía tiempo para enfermarse, el estómago tendría que esperar.
Escaneaba el área, pero se quedaba sin objetivos. Los hombres habían hecho su trabajo y ahora estaban cerca de una pequeña montaña de piel negra de la que manaba sangre negra.
Kibum no podía ver eso. Todavía estaba demasiado frágil para enfrentar una visión sacada directamente del horror de su propia mente.
—Permanece abajo, bebé —le dijo a Kibum—. Estaremos fuera de aquí en un segundo.
Condujo la furgoneta hacia los hombres que estaban limpiando sus espadas. Kyuhyun parecía más pálido y delgado que antes, pero por otro lado, parecía estar bien. Yunho respiraba con fuerza, pero no estaba herido. Minho, por otra parte, tenía una fea incisión a través del muslo.
—Regresaste —dijo Yunho. Eso sonaba como una acusación, pero estaba dispuesto a dejarla pasar.
—No podía dejar que os quedarais con toda la diversión.
Minho le gruñó.
—Largaos de aquí. No es seguro.
—El tiene razón —dijo Yunho—. Su sangre solo atraerá a otras de esas cosas.
—Están cerca —susurró Kibum desde donde estaba agachado.
Esta vez, Jaejoong la creyó.
Minho gruñó igual que algún tipo de animal salvaje, entonces dijo:
—Vosotros dos ir con ella. Yo los mantendré entretenidos.
Kibum se agarró la cabeza y empezó a canturrear.
—No, no, no, no…
—Ve a cogerle y cuida de él —ofreció Yunho—. Yo conduciré.
Jaejoong estaba agradecida por ello. Atrajo a Kibum a su regazo, asegurándose que sus ojos estaban cubiertos y que su intravenosa permanecía en su lugar. Kyuhyun se metió en el lado del pasajero. La verdad es que no se veía bien. De hecho, tenía la misma apariencia que cuando Minho lo había llevado a su apartamento —delgado, pálido y temblando.
Yunho se adelantó, dejando a Minho detrás.
— ¿Va a estar bien? —preguntó Jaejoong.
—Si continua moviéndose, estará bien. —Algo en su tono decía que deseaba que así fuese—. Kyuhyun, ¿Alguien en el hospital nos vio?
—No —susurró Kyuhyun en una cansada brizna de aire—. Yo los escudé.
Así que eso era lo que estaba haciendo ahí fuera. Sagrada alucinante magia. Esto se estaba volviendo más extraño por momento. Estaba la cosa de saber que los monstruos eran reales ‑lo había sabido durante años‑ pero ¿magia? Eso era un poco más difícil de digerir.
Y hacía que demasiadas cosas tuvieran sentido, considerando las cosas que había estado viendo en la pasada década.
Toda su percepción del mundo cambió en ese momento, y fue como si estuviese mirando de repente entre bastidores todos los mecanismos que sucedían detrás de las escenas. Había mucho más incluso de lo que sabía. No estaba seguro de que realmente quisiera saber nada más. Su vida ya era bastante complicada como estaba.
— ¿Dónde vamos a ir ahora? —preguntó Jaejoong.
Yunho le dedicó una rápida mirada, entonces miró a Kibum. La compasión saltó por su ceño y sacudió la cabeza.
—Si vienes a casa con nosotros, quizás seamos capaces de ayudarle.
Kibum todavía estaba canturreando:
—No, no, no…
Jaejoong no podía soportar verle así. Si tuviera el poder de hacer algo para ayudarle, lo habría intentado. No importaba cuanto no quería profundizar en ese nuevo mundo de magia que había descubierto. Era el hermano mayor de Kibum, y haría lo que tuviera que hacer para que estuviera bien de nuevo.
Jaejoong le apartó el pelo blanco a Kibum de la cara, esperando consolarlo.
—Esa es una posibilidad.



Minho se aseguró de dejar un rastro de sangre agradable y fácil de seguir mientras se alejaba de la vista del hospital mental. Ninguno de esos trabajadores del interior necesitaba ver el tipo de cosas con las que él combatía. Entonces sus mentes acabarían realmente jodidas.
El hospital era encantador y aislado, lo que quería decir que había un montón de granjas ahí fuera, todo enmarcado por el crecimiento de los gruesos árboles. Encontró una oscura y aislada zona para luchar antes de detenerse.
El cuerpo le canturreaba con poder. Este golpeaba contra los ojos y arañaba las venas intentando salir. Diablos, se sentía como si fuera a ser hecho pedazos por ello si no hacía algo pronto, y esa pequeña escaramuza no había sido siquiera un desafío. Gracias a Dios la noche era joven. Tenía horas de oscuridad antes de que todos los Yokai se replegaran de vuelta a los agujeros en los que vivían y no fuera capaz de encontrarlos y matarlos.
Minho se arrancó la camiseta y la ató alrededor de la herida del muslo para detener la hemorragia. No quería perder sangre mientras tuviera todavía luchas a las que enfrentarse. Necesitaba cada onza de esfuerzo que pudiera conseguir para apagar el jodido dolor que le molía los huesos. Por no mencionar que si lo dejaba salir, eso sería la última cosa que haría. Literalmente.
Quizás eso no fuera tan malo. No había manera de que la muerte pudiera doler más que la vida. De ninguna jodida manera.
Un profundo gruñido sacudió la tierra. Los demonios se acercaban. Habían encontrado su olor y estarían aquí en cualquier minuto.
Bien. Apenas podía esperar.


Este fic es una adaptación, no es mío, yo sólo lo adapto. OJO NO ES MÍO YO SÓLO LO ADAPTO. ORIGINAL: ENCONTRANDO LO PERDIDO  - SHANNON K. BUTCHER. PAREJA PRINCIPAL: YUNJAE



martes, 1 de octubre de 2013

CAPÍTULO 6

CAPÍTULO 6



Jajeoong saltó de la camioneta tan pronto como llegaron al hospital psiquiátrico, dejando a Yunho encontrar un lugar para aparcar. El personal de recepción debía haber sabido que estaba en camino, porque estaban esperándolo con una placa de visitante tan pronto como se cerró la puerta principal.
El olor a desinfectante y el dolor se aferraban a las paredes de ese lugar, pero era mejor que el resto de hospitales mentales que había visto. Cobraban un brazo y una pierna para que Kibum se quedara allí, pero al menos cuidaban muy bien de él. Jaejoong se presentaba de improviso cada par de semanas, además de sus visitas normales, y ni una sola vez en ocho años había visto ningún signo de maltrato en los pacientes. Estaban limpios y tan tranquilos como eran capaces, a pesar de todo.
Juniel se reunió con Jaejoong en la sala fuera de la habitación de Kibum. Estaba en algún lugar en sus tardíos cuarenta años con suave piel oscura y grandes ojos. La mujer nunca sonreía, pero transmitía consuelo con el mínimo contacto de su regordeta mano.
—No sabía que más hacer, así que te llamé —dijo Juniel—. Mi último turno fue hace dos días, pero juro que entonces no estaba tan delgado. Y nadie más parece verlo. Ninguno de los doctores me escucha cuando les digo que necesita ser alimentado mediante el tubo. Es como si ni siquiera vieran que se está consumiendo.
Jaejoong sabía que Kibum tenía tendencia a pasar días sin comer, pero nunca había durado. Los doctores decían que sería más perjudicial forzarlo que dejarlo tener hambre suficiente como para que las necesidades de su cuerpo superara los temores imaginarios de su mente.
Jaejoong se acercó a la puerta, pero Juniel lo detuvo.
—Hemos tenido que atarlo hoy. No ha bebido lo suficiente, y tuvimos que ponerle una vía intravenosa para mantenerle hidratado. Se la quitaba.
—Odia estar sujeto —dijo Jaejoong.
La ira le quemaba en el pecho, un bienvenido alivio de la constante tristeza que sentía por su hermano.
—Lo sé, cariño, pero fue por su propio bien. Seguía lastimándose, abriéndose las venas. Hemos conseguido que deje de sangrar, pero no podemos darle más oportunidades. Ya está muy débil. No estoy segura de que sea capaz de luchar contra una infección ahora mismo.
Juniel tenía razón. El pobre Kibum estaba tan delirante que tenían que hacer lo necesario para protegerlo. Mantenerla a salvo.
En la parte trasera de la mente de Jaejoong, se preguntaba si mantener vivo a Kibum no sería sólo una cruel forma de tortura. Tal vez sería más amable dejarlo ir. Dejarlo escapar del miedo y la miseria que eran su vida.
Si Jaejoong hubiera sido una persona más fuerte, tal vez habría hecho justo eso. Pero no lo era. Era débil y egoísta. Ya había dejado morir a un hermano. No podía dejar que eso sucediera al otro. Necesitaba a Kibum para vivir.
Jaejoong puso la mano sobre la puerta y rezó pidiendo fuerzas.
Juniel le dio a Jaejoong un rápido abrazo.
—Necesitas saber que hay algo de sangre en su camisón. Normalmente le habríamos cambiado, pero le causa tanta angustia que simplemente le dejamos en paz. Las ropas limpias pueden esperar unas pocas horas.
Jaejoong asintió y abrió la puerta de la habitación de Kibum.
Había visto a Kibum angustiado antes, pero nada podía haberoa preparado para la salvaje mirada de miedo en los ojos de su hermano. Estaba luchando contra las ataduras que le mantenían en la cama del hospital. Contusiones inflamadas de color púrpura estropeaban sus brazos donde se había arrancado las intravenosas. Su camisón blanco estaba salpicado con gotas de sangre, y el niño bajo el camisón se había vuelto peligrosamente más delgado de lo que había estado sólo hacia cuatro días. Su cara estaba demacrada, sus pálidos ojos azules estaban hundidos y brillaban como enfebrecidos de terror. Lloraba con lágrimas gordas que empapaban el pelo blanco en sus sienes.
Jaejoong contuvo un gemido de dolor. Pobre Kibum. Tan pérdido en su propio mundo de pesadillas. Nada de lo que Jaejoong había hecho le había ayudado.
Jaejoong se tragó las lágrimas y fue hacia su hermano.





Yunho vio a Kyuhyun y Minho entrar en el aparcamiento detrás de él. Minho estaba en el asiento del conductor, y Yunho fue a su ventanilla.
— ¿Vienes dentro?
Kyuhyun estaba en la parte de atrás, cubierto para evitar que los últimos rayos del sol le tocaran la piel.
— ¿Dónde estamos? —preguntó.
—Hospital Twin Oaks.
—Es una institución psiquiátrica —dijo Kyuhyun.
—Excelente. Jaejoong está ahí con un montón de locos. —A Yunho realmente no le importaba la idea, y se moría de ganas por estar a su lado, donde podía mantenerlo a salvo.
— ¿Alguna idea de por qué estamos aquí? —preguntó Minho.
—Ninguna. No dijo nada mientras veníamos. Excepto para decirme que condujera más rápido.
—Creo que te voy a dejar esto a ti, hombre. Es más probable que asuste a la gente de ahí que otra cosa.
—De acuerdo. No te muevas. Te llamaré cuando sepa qué está pasando.



Le tomó un poco de charla rápida convencer a la mujer al frente de la recepción de que le dejara entrar en el hospital mental, pero Yunho consiguió ganar su paso al interior. Un corpulento bedel le escoltó a la habitación donde Jaejoong había ido, y entró en silencio.
Jaejoong estaba sentado al lado de una cama sosteniendo la mano de un frágil joven, con un llamativo pelo blanco. El chico se agitaba en la cama, luchando contra las ataduras que lo mantenían en su lugar. Una serie de lamentables gemidos llenaban la sala, haciéndose eco en las desnudas paredes.
—Estas bien, Kibum —le tranquilizó Jaejoong, apartando el pálido cabello del chico de la frente—. Estoy aquí ahora. Vas a estar bien.
Lentamente, Kibum comenzó a calmarse, Yunho no tenía ni idea si era por las palabras de Jaejoong o por puro agotamiento.
Tan pronto como Kibum se relajó y vio que Jaejoong estaba allí, la mirada de temor se desvaneció de las delicadas facciones del joven. Tenía tal vez veinte años, y a pesar de que su pelo era blanco donde el de Jaejoong era castaño, no había duda de la semejanza familiar en sus caras. Tenían los mismos labios llenos, pómulos salientes y brillantes ojos azules, como un cielo claro de invierno. Kibum estaba mucho más delgado que Jaejoong, hasta el punto de ser flaco, y tenía una frágil apariencia etérea que contrastaba duramente con la saludable fuerza de Jaejoong.
Yunho se moría de ganas de saber la relación entre ellos, pero no se atrevió a preguntar. Sintió la desesperación en la habitación, un sutil zumbido de frenética energía que no se disipaba. Provenía de Kibum, casi como si hubiera combatido a su manera a través de la locura porque Jaejoong estaba allí. No haría nada para poner en peligro eso.
— ¿Jaejoong? —preguntó. Su voz estaba ronca de gritar y débil de fatiga.
—Estoy aquí, Kibum. Justo aquí.
El cuerpo de Kibum quedó inerte, y se detuvo en su empeño de luchar contra las ataduras.
—Por favor haz que me suelten. No puedo soportar estar encadenado.
—No estás encadenado, cariño. Te ponen éstas restricciones para evitar que te quites la intravenosa.
—No me la voy a quitar. Lo prometo. —Las lágrimas llenaron los ojos de Kibum mientras imploraba su libertad.
Jaejoong miró a la enfermera que estaba discretamente en la esquina de la habitación.
—Le quiero soltar los brazos —le dijo a la enfermera.
—No es una buena idea —dijo la mujer.
Jaejoong ignoró el aviso y comenzó a desatar las ataduras alrededor de los brazos de Kibum.
—No va a luchar más, y no puedo soportar verlo así.
Tan pronto como Kibum estuvo libre, se sentó y agarró a Jaejoong por el cuello en un fuerte abrazo. Parecía pequeño al lado de Jaejoong. Casi infantil.
—Estoy tan contento de que estés aquí. He intentado llamarte, pero no me oíste —dijo Kibum.
Yunho sintió que Jaejoong estaba más tenso de lo que parecía.
—Todo lo que tienes que hacer es usar el teléfono o que una de las enfermeras me llame. Siempre vendré.
—No había teléfonos donde estaba, Jaejoong. Te lo juro. No me lo estoy inventando.
Jaejoong le apartó el blanco cabello de la cara a Kibum y le secó las lágrimas de sus mejillas.
—Sé que no estás mintiendo. Está bien. —Ayudó a Kibum a tenderse y se subió a la cama a su lado, tomando al frágil muchacho en los brazos—. Me dijeron que no estabas comiendo —dijo Jaejoong sin acusar.
Kibum tragó.
—Lo intento, pero no puedo. Todo lo que ella trae para comer es sangre negra. Quema como ácido. ¿Cómo puedo comer alimentos cuando todo lo que trae es sangre?
Yunho no tenía ni idea de quién era “ella”, pero aparentemente Jaejoong sí.
—Nadie te está alimentando con sangre, Kibum. Es sólo un truco de tu mente. Tienes que comer.
Kibum sacudió la cabeza.
—Lo intento, pero todo me sabe a sangre y me pone enfermo.
Jaejoong se quedó en silencio por un tiempo, simplemente pasando una mano tranquilizadora por el pelo de la mujer.
— ¿Quieres que encuentren otra manera de alimentarte? ¿Tal vez poner un tubo en tu estómago no te haría sentir tan enferma?
— ¡No! —Kibum intentó sacudirse, pero el cuerpo más fuerte de Jaejoong fácilmente la contuvo—. No, no, no. ¡No tubos!
—Muy bien —dijo Jaejoong con un tono conciliador—. Nada de tubos. Pero tienes que comer. ¿Lo intentarás por lo menos?
—Pero la sangre…
—No es real. Es un truco. —Jaejoong miró a la enfermera como si decidiera si confiar en ella o no.
La astuta enfermera vio la mirada y dijo:
—Voy a buscar una bandeja. —Cuando se fue, miró curiosamente a Yunho cuando pasó a su lado.
Una vez que la enfermera se había ido, Jaejoong dijo:
—Hemos hablado de esto antes. A los monstruos les gusta jugar a hacerte bromas. Te hacen creer que las cosas son reales. Nadie va a alimentar con sangre a nadie. Estás a salvo.
Kibum tomó la mano de Jaejoong y la apretó con fuerza con sus esqueléticos dedos.
—Estoy a salvo, pero Ren no. Siguen haciéndole daño. Poniéndole cosas en su interior. Cambiándolo. Está tan asustado, Jaejoong.
La mandíbula de Jaejoong tembló durante un momento antes de que lo controlaro. Sólo el brillo de los ojos mostraba su dolor.
—Ren no va a estar más asustado. Está muerto, Kibum. Arriba en el cielo con mamá.
— ¡No, no lo está! Los monstruos lo tienen. Le están haciendo algo para hacerlo… diferente. Tenemos que encontrarlo pronto o será demasiado tarde.
Yunho vio la angustia tensar el cuerpo de Jaejoong, a pesar que su expresión se mantuvo en calma. Sin duda, por el bien de Kibum.
—Por favor, cariño, intenta no preocuparte por Ren. Nada podrá nunca hacerle daño de nuevo.
La enfermera volvió con una bandeja de comida y la puso sobre la mesa junto a la cama.
—Volveré en unos pocos minutos. ¿Necesitas algo más?
—No, estaremos bien, Juniel. Gracias.
La enfermera se fue y Jaejoong quitó la cubierta metálica de la bandeja de comida.
—Parece un poco de sopa de pollo y puré de patatas. ¿Qué suena mejor?
—Las patatas, no. Demasiado espeso. Demasiado parecido…
—Aparta ese pensamiento de tu mente. Enfócate en mí. Dime lo que has estado dibujando últimamente. —Jaejoong comprobó la temperatura de la sopa con los labios antes de llevar la cuchara a la boca de Kibum.


Kibum cerró los ojos, tomó un profundo aliento y abrió la boca. Jaejoong puso una pequeña porción de sopa sobre su lengua, e inmediatamente Kibum comenzó a temblar. Su cuerpo temblaba y las lágrimas corrían por su rostro. Yunho podía ver el esfuerzo que estaba haciendo por tragar la sopa, pero no estaba funcionando. La mente del pobre chico estaba demasiado dañada, y no podía separar la comida real de la sangre negra de sus delirios.
Kibum agarró la servilleta y escupió la sopa.
—Lo siento, Jaejoong. Lo siento.
Jaejoong apartó la mesa y abrazó a Kibum.
—De acuerdo. Lo intentaste. Probaremos de nuevo dentro de unos pocos minutos.
Jaejoong volvió la atención a Yunho. Esperaba que le mirara con rabia por espiarlos, pero en cambio, sus ojos estaban implorando.
— ¿Puedes ayudarlo como hiciste con Hyun Woo? —le preguntó.
Yunho se acercó lentamente para no asustar a Kibum.
— ¿Cuánto tiempo ha estado de ésta manera?
—Ocho años.
Yunho no tenía ni idea de cómo había sobrevivido tanto. La mayoría de la gente no duraba un año después de ser tocado por los Yokai.
—Ha sido demasiado. No creo que pueda ayudar, pero puedo ser capaz de ayudarte a darle de comer. Pero no será fácil.
— ¿Qué puedo hacer?
Yunho miró a Kibum, que le estaba mirando con grandes ojos asustados.
— ¿Puedo acercarme más? —le preguntó a él.
Kibum miró a Jaejoong, que dijo:
—Es un amigo.
Kibum asintió con la cabeza y Yunho se movió lentamente al lado de Jaejoong.
—Dame tu mano —le dijo a Jaejoong, tendiéndole la mano izquierda, que latía con el anillo iridiscente de los Amaterasu.
Jaejoong obedeció y él lo sintió tenso justo antes que una ola de placer rodara a través de ellos desde el punto de contacto. Él vio sus ojos dilatarse y sus pezones endurecerse bajo la delgada tela de su camisa. Tuvo que luchar para contenerse de apretarlo contra él, o incluso mejor, tirarlo en la cama, donde podía extenderlo y pasar el tiempo saboreándolo.
Entonces se acordó que Kibum estaba en la cama y que les necesitaba a ambos enfocados. Yunho apartó todos esos inapropiados pensamientos lujuriosos y se aclaró la garganta.
— ¿Qué puedo hacer? —preguntó Jaejoong.
—Inclínate hacia mí. Pon tu mano sobre la cabeza de Kibum. Concéntrate en la piel que nos une. Ábrete y no luches contra lo que pase. Yo haré el resto.


Yunho no tenía acceso a la tierra, así que se enfocó en el aire. Sacó de allí pequeñas chispas de energía no mayores que motas de polvo. Se había empujado duro recientemente y no había meditado lo suficiente. Su cuerpo intentó rechazar el poder, apartarlo para no tener que sufrir. Yunho tomó el control de sus instintos de auto preservación y los obligó a ceder. A aceptar el dolor. Sabía que no tenía mucha fuerza, y aún menos tiempo, pero rezó para que fuera suficiente para darle a Kibum una oportunidad.
En lugar de intentar establecer una conexión con Kibum, usó la conexión que ya tenía con Jaejoong. Ambos se conocían. Confiaban en uno en el otro. Nada de lo que pudiera decir superaría alguna vez esa confianza. Dejó flotar la energía a través de la mano, al brazo de él, cruzando su pecho, bajando por el otro brazo y hacia Kibum.
Jaejoong se tensó y siseó un aliento dolorido.
—¿Estás bien? —preguntó él, luchando contra su propio dolor.
—Sólo date prisa —le dijo.
Yunho lo hizo. Renunció a la delicadeza y forzó el poder a través de la conexión de piel con piel hasta que tocó la mente de Kibum. Tan pronto como lo hizo, se echó para atrás, tambaleándose por la agonía oscura que el chico había sufrido. Nunca había sentido nada como eso, y esperaba nunca volver a sentirlo. Era humano en el exterior, pero en el interior, era una masa retorciéndose por la tortura infligida por los Yokai. No tenía ni idea de cómo podía soportar el sufrimiento. No era de extrañar que el pobre no pudiera comer. No estaba seguro de que él incluso fuera capaz de estar consciente si tuviera que vivir con ese nivel de tormento. Y Yunho conocía el tormento.
No había manera de que fuera capaz de meterse en su mente con su limitada habilidad. Temía hacerle un daño incluso mayor. Todo lo que podía esperar era encerrar el horror el tiempo suficiente para introducir algo de alimento en él. Así que eso fue lo que hizo. Indujo a su mente a dormir mientras su cuerpo se quedaba despierto. Cerró su conciencia con duras órdenes inflexibles.
Yunho se apartó de Kibum tan rápido como fue posible. Tenía el cuerpo cubierto de una capa de sudor frío y estaba temblando. Incluso con el toque de Jaejoong, había sido una tortura.
Kibum estaba roto. Irrevocablemente.
—Oh, Dios —exclamó Jaejoong—. ¿Cómo puede vivir con eso?
Yunho forzó su cuello cansado a levantar la cabeza.
— ¿Viste el interior de su mente? Eso no es posible.
—No, sentí tu horror. Tu compasión por él.
—Lo siento. No me había dado cuenta de que serías capaz de hacerlo. Si lo hubiera sabido…
—Sobreviviré —dijo Jaejoong, su tono sombrío y aceptándolo—. ¿Funcionó?
—Creo que sí. Intenta alimentarlo ahora, pero despacio. Su mente está dormida, así que no será capaz de prestar atención a lo que estás haciendo. Se ahogará si vas demasiado rápido.
Jaejoong levantó la cuchara de nuevo, y esa vez Kibum tragó la sopa.
—Está funcionando —dijo, ofreciéndole una sonrisa de alivio.
Las entrañas de Yunho se tensaron como reacción. Era la primera vez que había visto su sonrisa, y no podía recordar haber visto nunca algo más hermoso. Habría pasado una eternidad intentando hacerle sonreír de nuevo, si le dieran la oportunidad.
El teléfono móvil de Yunho zumbó, una advertencia a tiempo contra su línea de pensamientos.
—Lo cogeré en la sala —le dijo.
Salió y respondió al teléfono.
— ¿Sí?
—Encontré algo que deberías saber —dijo Baekho.
—Adelante.
— ¿Esa cuenta que me diste para transferir los fondos? Resulta ser parte de un fideicomiso de algún tipo establecido para pagar los gastos médicos de un hombre llamado Kim Kibum. ¿Tiene esto algún sentido?
Yunho miró atrás hacia la puerta de la habitación de Kibum. Una habitación privada en un lugar como ese no podía ser barata. Era un bonito lugar. Tranquilo, elegante, bien gestionado. Oh, sí, ese lugar definitivamente costaría una fortuna.
Una extraña clase de alivio le inundó ante las noticias. Jaejoong no era el hombre hambriento de dinero que había temido. Estaba protegiendo a Kibum.

—Sí —dijo Yunho al teléfono—. Tiene perfecto sentido.


Este fic es una adaptación, no es mío, yo sólo lo adapto. OJO NO ES MÍO YO SÓLO LO ADAPTO. ORIGINAL: ENCONTRANDO LO PERDIDO  - SHANNON K. BUTCHER. PAREJA PRINCIPAL: YUNJAE