martes, 17 de diciembre de 2013

CAPÍTULO 15

CAPÍTULO 15


El Príncipe Hee Jun estaba de pie en el balcón, mirando desde lo alto hacia la ciudad a sus pies. El viento glacial le azotaba el largo cabello alrededor de la cabeza, produciéndole picazón en los ojos. Las lunas gemelas se estaban desvaneciendo. Mañana, la puerta a la Tierra se abriría y a través de ella se encontraría con sus hijos. Allí sería verano, si su calendario era correcto. El octavo verano desde que había visto por última vez a sus hijos.
Ni siquiera había pasado un año en Kami no michi desde el ataque Yokai a su familia de la Tierra. Sin duda, no el tiempo suficiente para que dejara de afligirse por Jae Won. Para detener la melancolía con cada aliento que daba.
Pesados pasos sonaron detrás de él en el suelo de piedra.
Hee Jun ni siquiera necesitó volverse para ver la expresión de disgusto en el rostro de su hermano mayor. Pudo oírlo suspendido en el tono serio de voz.
—No irás —dijo Kang Ta.
—Sí. Iré.
—No es seguro. Podrían matarte.
La ira se apoderó de Hee Jun, aunque trató de controlarla. Si esperaba sobrevivir al viaje a través de la puerta, necesitaba mantener la calma y centrarse.
—Me está matando igual que a ti no saber si mis hijos están vivos o muertos.
—Los encontraré por ti y te informaré. Así es más seguro.
— ¿Y si me necesitan?
Kang Ta colocó la amplia mano sobre el hombro de Hee Jun. La voz se suavizó con comprensión.
—Ese es el riesgo que todos asumimos cuando nos decidimos a recorrer este camino. Sabíamos que nuestros hijos crecerían sin saber de nosotros. Es el precio que debemos pagar.
Hee Jun se dio la vuelta apartando la mano de su hermanastro. El cuidadoso control hecho pedazos en escombros, sin posibilidad de reparación.
—Mis hijos pueden estar muertos. Ninguno de nuestros hermanos ha sido capaz de encontrar algún rastro de ellos. Tengo que volver. Necesito saber.
Los amarillos y dorados de los ojos de Kang Ta se agitaron, arremolinando y retorciéndose alrededor de las pupilas. La compasión le serenó los rasgos, y puso la mano sobre el pecho de Hee Jun.
—Este camino se ha vuelto más difícil de lo que ninguno de nosotros hubiera imaginado, pero tenemos que seguir centrados en nuestra misión.
—Sólo quiero ver a mis niños. No voy a interferir en nuestros planes.
—Sabes que no es tan simple. Sigues estando débil después de tu último viaje, para librar a Kibum del veneno de los Orochi. No serás capaz de escudar tu entrada, y advertirás a Padre que cruzaste.
—Estoy lo suficientemente fuerte.
—No. No lo estás. Todavía no. Padre te matará y entonces, ¿qué pasará con tus hijos?
Hee Jun inclinó la cabeza sobre el brazo de Kang Ta. Tenía razón. Estaban tan poco tiempo en la Tierra, que ninguno de los demás podría conseguir más para cuidar de sus niños.
Tenían los suyos propios que cuidar.
—No puedo seguir haciéndolo —afirmó Hee Jun—, el precio es demasiado alto.
—Igual que para los demás, pero los informes muestran que nuestras previsiones eran correctas. Los Yokai son cada vez más poderosos, y no quedan suficientes Caballero de la Luz para contener la puerta. Debemos perseverar.
—Así pues, vuelves a empezar.
No era una pregunta. Hee Jun sabía que Kang Ta era el más entregado de todos ellos, sin importar el coste personal. Pero por otro lado, si sus planes fracasaban tendría más que perder aquí como cualquiera de ellos.


—Voy. Solo.
Hee Jun negó con la cabeza.
— ¿Cómo puedes continuar insistiendo, después de saber lo que mis hijos han sufrido?
Kang Ta miró con cuidado las lunas, luego hacia abajo, al interior de la campiña salpicada por las luces de las casas que se extendían a través de ella.
—Voy yo porque es la única manera de salvar lo que tenemos aquí. La única manera de proteger mi hogar. Mi familia —se volvió para mirar a Hee Jun con los ojos girando velozmente con el dorado fuego de la determinación—. No debemos fallar.
Hee Jun suspiró con resignación. Al principio el camino le había parecido tan glorioso, tan justo.


Pero ahora... Hee Jun sacó su posesión más preciada de la bolsa que le colgaba sobre el corazón. La fotografía usada y descolorida del amor de su vida y sus tres hijos, aunque no le hacía falta para recordar las líneas del rostro de su amado Jae Won, o la dulce curva de las mejillas de sus bebés. Tenía la imagen grabada en la memoria, donde los felices rostros y el conocimiento de que les había fallado vivirían para la eternidad.
Con la mano temblorosa le entregó la fotografía a Kang Ta.
— ¿Los buscarás por mí? ¿Averiguarás si mi pequeño escapó de la captura?
KangTa miró la imagen e hizo una solemne inclinación de cabeza.
—Lo intentaré.
— ¿Cuántas horas permanecerás en la Tierra?
—Nueve. No más.
Hee Jun rezó para que fueran suficientes.
—El verano siempre nos priva de nuestro tiempo con ellos.
Kang Ta se encogió de hombros.
—Es como debe ser.
—Lo sé. Supongo que no debería seguir haciéndome más daño por ello. Jae Won está muerto, y mi tiempo con él se acabó.
—Tal vez los humanos tienen razón y su cielo existe.
—Es una hermosa idea, poder reunirse con aquellos que amamos para vivir por siempre en paz. Jae Won lo creía.
Si alguien se merecía semejante destino, esa era el amado de Hee Jun.
Con el agudo golpe de apresurados pasos por el pasillo, Bada se deslizó bordeando la esquina. El largo y pálido cabello estaba alborotado por la carrera, y las mejillas sonrojadas en un color rosa brillante. Los ojos del color de una puesta de sol estaban muy abiertos a causa del miedo, los suaves labios entreabiertos para facilitar la dificultosa respiración. Era la más bella de las mujeres en su mundo, e incluso Hee Jun, cuyo corazón pertenecía a otra, tenía que detenerse por un momento cada vez que ella entraba en la habitación. Era una sierva, pero como el tesoro más preciado del Izanagi, conocía más la libertad que la mayoría.
También era su aliada más poderosa.
—El Izanagi viene —susurró.
Kang Ta escondió la fotografía en la chaqueta.
—Debo irme ahora. La puerta estará alineada para abrirse dentro de unos momentos.
—Ve, pues. Me quedaré aquí y distraeré a Padre. Si encuentras a mis hijos, dales mi amor.

—Lo juro —los ojos de Kang Ta brillaron en la oscuridad, los remolinos de colores activándose en respuesta a su voto. Ahuecó la mejilla de Bada y le habló en un tranquilizador pero urgente tono—. El Izanagi no puede saber dónde he ido, o nuestras vidas y las de nuestros hijos en la Tierra estarán perdidas. No voy a permitir que eso suceda.
Ella bajó la cabeza.
—Sí, Alteza. Entiendo.
KangTa salió a través de una puerta oculta, y Hee Jun volviéndose hacia Bada le tendió la mano.
—Ven conmigo. Vamos a distraer a Padre y, al mismo tiempo, cubriremos las señales de su rápida carrera.
Bada fue a sus brazos sin titubear. Cuando Hee Jun la besó, ella fingió disfrutarlo como un buen siervo haría, dejando escapar un suave gemido. Hee Jun no sintió nada. Tan bella como era, no era Jae Won. No olía como su Jae Won, ni tenía su sabor. Pero falseó su respuesta en el abrazo de todos modos, sabiendo que distraería a su padre como nada más podría. La vida de los niños de Hee Jun, si todavía vivían, dependía de ello. Si el Izanagi descubría que sus hijos habían quebrantado la ley, los masacraría a todos sin hacer caso del hecho que esos niños eran sus nietos también.
Hee Jun lo sabía. Lo había visto ocurrir antes.




Yunho fue tan dulce que hizo llorar a Jaejoong, maldita sea. Se secó las lágrimas y se deslizó los arrugados pantalones vaqueros sobre las caderas. No tenía tiempo para llorar. Tenía un hermano que salvar. La energía pulsaba en su interior, haciéndole sentir la piel como si estuviera al rojo vivo. Tal como él dijo, la intimidad que había compartido con Yunho había funcionado, y ahora quería ver si tenía la capacidad de ayudar a Kibum. O si tal vez necesitaba otro empuje con Yunho sobre la hierba.

Ambas opciones eran atractivas.
El cuerpo le cantaba, satisfecho y completo. Normalmente se habría sentido como dormir durante medio día, pero esto no era normal. Ni siquiera cerca. Por un momento, al final, pensó que podría haber sido capaz de ver a través de los ojos, sentir a través de la piel.
Seguramente era sólo una ilusión, un efecto secundario del sexo mágico o algo por el estilo.
— ¿Crees que ahora nuestra conexión es lo suficientemente fuerte? —le preguntó.
Yunho descansaban desnudo en la hierba, observándolo vestirse con ojos soñolientos.
—Es posible, pero si no lo es, no puedes correr este tipo de riesgo. No es seguro.
—Si puedo conseguir que coma será suficiente. Sólo tengo que mantenerlo con vida el tiempo necesario para hacerlo más fuerte —lo suficiente para que Jaejoong también fuera más fuerte. El proceso iba a ser definitivamente divertido.
— ¿Entonces qué? —preguntó Yunho.
Hubo una extraña nota en su voz, ¿un indicio de desafío, tal vez? No estaba seguro.
— ¿Qué quieres decir?
—Suponiendo que puedas sanar a Kibum, ¿después qué?
Jaejoong se puso la camiseta.
—No he llegado tan lejos. Supongo que se vendrá a vivir conmigo. Terminará la escuela. Ese tipo de cosas. Tiene un montón de vida para ponerse al día.
—Quiero decir, ¿qué pasará con nosotros cuando ya no me necesites más?
Jae se peinó el pelo corto dándose un momento para pensar. Todo se le venía encima demasiado rápido. No podía mantener el ritmo.

—No lo sé, Yunho. Te conocí anoche. Eso no es mucho para pensar sobre “nosotros”. Me gustas, pero Kibum va primero.
Él apartó la mirada, pero tenía la mandíbula apretada con cólera o frustración. No le conocía lo bastante bien como para notar la diferencia, lo cual sólo sirvió para demostrar su punto.
Y sin embargo se había acostado con él, y disfrutado de cada momento. Disfrutado tanto que ya se preguntaba si tendría oportunidad de hacerlo de nuevo.
—Estás utilizándome —contestó Yunho.
No podía negarlo. Después de lo que había hecho por él, le debía sinceridad.
—Lo hago.
—Por lo menos sé a qué atenerme. Eso es más de lo que tuve la última vez —se puso de pie y se marchó todavía desnudo, deteniéndose sólo lo suficiente para recoger la espada.
La última vez. Con Tiffany.
Un ataque de ira se filtró a través de la conexión antes de que la sintiera cerrarse definitivamente. Jaejoong se frotó las manos sobre la cara. Era un buen hombre, no se merecía ser utilizado de esa manera, pero no tenía elección. Había sido honesto con él desde el principio. Kibum era lo primero. Era de la única manera que Jaejoong podría vivir consigo mismo.



Yunho resistió la tentación de cerrar de golpe la puerta trasera de la casa Pami al entrar en la cocina.
No debería haberse sentido tan herido porque Jaejoong le estuviera usando. Diablos, en cierto modo él también lo estaba haciendo. Era una relación simbiótica. Jae necesitaba que él ayudara a Kibum, y él lo necesitaba para sobrevivir. Era un trato justo, uno donde se beneficiaba más de lo que lo hacía.
Pero si ese era el caso, entonces, ¿por qué le cabreaba tanto?
Minho estaba en la cocina con un montón de sándwiches delante de él. No se tomó la molestia de tragar antes de decir:
— ¿Qué diablos se arrastró por tu culo?
Yunho realmente deseó haberse acordado de recoger la ropa antes de volver dentro. No había nada tan incómodo como hablar del propio culo con uno de tus camaradas mientras estabas de pie desnudo. Así que hizo caso omiso de la pregunta.
— ¿Cómo está Kibum?
—Durmiendo.
—Bien. ¿Estarás atento de vigilar a Jaejoong por mí mientras me visto? Estoy seguro de que estará aquí dentro en un segundo.
—Lo que sea.
Yunho pensó que eso era lo más cercano a un sí que obtendría de Minho.
—Gracias.
—Las únicas ropas de repuesto están en la habitación de Kibum, pero si lo despiertas te cortaré las pelotas.
—Sí. Gracias por la advertencia, hombre —contestó Yunho.


Minho gruñó en respuesta y volvió al sándwich.
Cuando Yunho deslizó la puerta del dormitorio para abrirla, Kibum ni siquiera cambió de posición. De hecho estaba tan quieto que se quedó con la mirada fija, intentando detectar el leve movimiento de las sábanas sobre el pecho mientras respiraba. Cuando la manta se movió dejó escapar un suspiro de alivio. Gracias a Dios que todavía estaba aguantando. Si hubiera muerto mientras Jaejoong y él se encontraban fuera haciendo el amor, nunca se habría perdonado a sí mismo, aunque no hubiera nada que pudiera haber hecho para impedirlo.
Yunho se deslizó en silencio en el vestidor, buscando entre las ropas pulcramente etiquetadas para su tamaño. Todo era sin estrenar y rígido, pero la ropa estaba limpia, le quedaba bien, y le cubría completamente.
—Sabes, podrías haber salido y recoger tu ropa —dijo Jaejoong desde la puerta del vestidor.
No le había oído entrar en el dormitorio, lo que le hizo preguntarse dónde tenía la cabeza. Tal vez simplemente era muy silencioso.
Sus mejillas estaban ruborizadas, y el cabello todavía tenía restos de hierba. Los labios estaban rojos e hinchados donde le había besado con demasiada fuerza,  y la luceria alrededor de la garganta se había profundizado en un remolino de ricos azules zafiro. El Caballero Zafiro. Le gustaba.
Infiernos, le encantaba. Sólo con pensar en conservarlo hizo que la polla se le hinchara de anticipación. De ninguna manera podían estar juntos mucho tiempo sin repetir lo que había ocurrido fuera.
—Normalmente no me marcho furioso y desnudo —aseguró él.
Jae simplemente se encogió de hombros.
—No me importó. He disfrutado viendo el espectáculo, tienes un culo estupendo.
Una amplia sonrisa cosquilleaba en la boca y cedió. Le gustaba cómo Jae lo conseguía, cómo le podía hacer sonreír cuando no parecía haber ninguna razón para hacerlo.
—El tuyo también es bastante bonito.
—Entonces, ese es el motivo por el que has venido aquí enfadado. ¿Quieres hablar de ello?
¿Cómo podía explicarle lo que sentía sin parecer un hijo de puta necesitado? Sin duda no quería decirle que moriría sin él. Nadie debería tener que vivir con una presión como esa. No quería ser una carga. Si iba a quedarse con él, quería que fuera por una razón verdadera. No por culpabilidad.
—Tal vez más tarde. Creo que primero deberíamos ver lo qué podemos hacer por Kibum.
Jaejoong asintió.
—Está bien. Entonces en otra ocasión.
—Claro.
Le vio cambiar el chip hacia Kibum. Esa familiar mirada de culpable preocupación que había llegado a reconocer le llenó los ojos, y echó un vistazo por encima del hombro, donde yacía Kibum.
— ¿Qué hacemos? —le preguntó.
—Ojalá lo supiera con seguridad. No sé qué le pasa, así que tendremos que improvisar. Ir despacio y con calma.
— ¿Existe el riesgo de que puedas hacerle daño?
No podía mentirle.
—Sí. Pero llegados a este punto, ¿qué opciones tienes? ¿Y Kibum?
—Dijiste que había personas en tu casa que podrían ser capaces de ayudarle, ¿no? —la voz le tembló con inseguridad.
Yunho ignoró sus propios problemas. Ya se preocuparía más tarde. En este momento Jaejoong le necesitaba. Le agarró de la mano y una sutil ráfaga de calor fluyó entre los dedos. Sería tan fácil centrarse en lo físico e ignorar los problemas a su alrededor, pero eso no iba a resolver nada.
—Los Susano's, los hombres como Kyuhyun, son nuestros sanadores. Podrían ser capaces de ayudar, si lo podemos recuperar hasta el punto en el que les pueda dar su sangre.
—Por eso no sé si Kibum lo hará, pero podemos intentarlo.
—Pueden hacerlo indoloro. Tomar su sangre mientras duerme, asegurándose de que no lo sepa nunca.
—Eso es un poco espeluznante, ¿no te parece? ¿Cómo sabes que nunca te ha pasado?
Yunho había vivido con ello durante tanto tiempo que ya no le molestaba.
—No lo sé. Sólo elijo no preocuparme por eso. Tan pronto como estemos allí, estará a salvo. Nunca permitiré que nadie le haga daño más de lo que tú lo deseas. Pero esa no es nuestra única opción. Incluso si el Susano no puede ayudarla, Victoria puede saber qué hacer.
— ¿Quién es Victoria?
—Es una vidente. Sabe cosas que nadie más sabe. Podría ser capaz de ver lo que tenemos que hacer para sanar a Kibum. Hay artefactos mágicos alrededor del mundo que pueden hacer cosas asombrosas. Puede conocer alguno que podría ayudar, y decirnos dónde encontrarlo.
—Así que hay esperanza —comentó Jaejoong estrechándole la mano con fuerza.
Yunho deslizó el dedo a lo largo de su mejilla, deleitándose con la suavidad de la piel.
—Hay muchas esperanzas.
—Si existen todas estas personas que pueden ayudar, tal vez yo no debería interferir. Podría empeorar las cosas. Sólo la deberíamos llevar a tu casa, donde esas personas saben lo que deben hacer.
—Ten un poco de fe en ti mismo. Conoces a Kibum. Le quieres. No vas a hacer nada que le haga daño. Además, Kyuhyun dijo que estaba demasiado débil para viajar —no quería decirle que había temido que estuviera muerto cuando entró en la habitación. No había ninguna garantía de que incluso sobreviviera a esa noche.
Jaejoong le miró a los ojos, rogándole silenciosamente que le ayudara.
—No sé qué hacer, Yunho. No sé cómo ayudarle.
—Está bien. Te lo mostraré.



Este fic es una adaptación, no es mío, yo sólo lo adapto. OJO NO ES MÍO YO SÓLO LO ADAPTO. ORIGINAL: ENCONTRANDO LO PERDIDO  - SHANNON K. BUTCHER. PAREJA PRINCIPAL: YUNJAE

Super Junior Donghae & Eunhyuk_아직도 난 (Still You)_Music Video

lunes, 9 de diciembre de 2013

CAPÍTULO 14

CAPÍTULO 14


Yunho tenía que controlarse a sí mismo o iba a herirlo. Lo quería demasiado. Le necesitaba. Pensaba que había sido malo antes, pero ahora que había visto en el interior de su mente, era mucho, mucho peor.
Jaejoong era hermoso por dentro. Tan cuidadoso y generoso. Tan asustado de estar solo. Tan asustado de fallarle a Kibum de nuevo. Ese miedo hizo que todos los sobredimensionados instintos protectores de Yunho se pusieran en pie y rugieran. Iba a asegurarse de que nunca estuviera solo de nuevo, de que su familia estuviera a salvo. Independientemente de lo que le llevara, fuera lo que fuera lo que costase, Yunho iba a protegerlo de la única cosa que más temía. Perder a Kibum.
No tenía ni idea de cómo iba a hacerlo, pero encontraría un modo. Encontrarían un modo, juntos.
E iba a comenzar asegurándose de que pudiera usar tanto de su poder como pudiera soportar. Era lo que ambos querían. Todo lo que tenía que hacer era asegurarse de reservarse lo suficiente para que no terminara haciéndose daño.
Abrió los ojos y lo miró. Era tan hermoso bajo la luz de la luna que difícilmente podía creer que fuera real. Tenía las mejillas encendidas y su boca estaba abierta, el aliento la llegaba en rápidas ráfagas jadeantes. Juraría que casi podía ver el resplandor del calor elevándose de su piel.
Mío.
Jaejoong había aceptado su luceria, y eso lo hacía suyo. Lo unía a él.
Abre la boca ordenó él.
Se había estado muriendo por besarlo toda la noche y no se había aproximado lo suficiente para apaciguarlo. Ni siquiera de cerca.
Una mirada de preocupación cruzó su rostro.
Yunho, ¿estás…?
Abre. La. Boca.


Jae lo hizo, sólo un poco, y Yunho lo besó profunda y duramente. No la había abierto lo suficiente para él, así que instó a que le diera más. Tomar más.
Sabía tan condenadamente bien, nunca tendría suficiente. Le pasó la lengua por los labios y le inclinó la cabeza hacia atrás para poder obtener un ángulo mejor, más profundo. Su suave suspiro le dijo que no le importaba en absoluto. De hecho, le pasó los brazos alrededor del cuello y le apretó fuertemente, como si tratara de evitar que escapara.
Como si él quisiera parar ahora. No tenía oportunidad. Le había advertido que esto podría no ser seguro, pero no le había escuchado, y ahora se merecía todo lo que le pasara.
El calor se derramó en él hasta que pensó que había ardido. La polla estaba tensa contra los vaqueros, rogando por la liberación. El corazón latía fuerte y rápido, y el poder dentro de él creció y pulsó como si supiera qué había planeado para Jae y no pudiera esperar para ser dejado en libertad.


Yunho empujó hacia arriba su camisa, exponiendo su torso delgado a la luz de la luna. Era hermos ahí, también. Su pecho marcado duro y fuerte como si toda la vida se la hubiera pasado entrenando, suave y terso al tacto como si el esfuerzo no le hubiera maltratado la piel, tan puro. Sus pezones estaban arrugados y apretados. No hacía frío fuera, lo que dejaba sólo otra razón. Jae le deseaba, también. Tal vez no tanto como él lo hacía, pero iba a arreglar eso.
Sus manos acariciaron su torso, gimiendo ante la intoxicante sensación de su piel desnuda contra él. El tenso pezón se alzaba contra la mano, volviéndolo loco. Sabía que las manos estaban ásperas por años de combate, pero no le importaba. Tenía que tocarlo, sentir la piel desnuda contra la suya. Frotó la palma contra él, haciéndolo inspirar un afilado aliento. La mente de él estaba demasiado nublada para averiguar si ese sonido era bueno o malo, pero sabía una cosa que a Jae le gustaría seguro, un lugar que no era demasiado áspero.
Apartó la boca de la suya y se movió lentamente por su cuerpo, apartando las amontonadas ropas fuera de su camino, sobre su cabeza y brazos. Yunho le pasó la lengua por el pezón. Las caderas de Jaejoong corcovearon y se arrancó las ropas de los brazos y le agarró el pelo con los puños, sujetándolo.
Más ordenó.
Yunho obedeció felizmente y le cubrió con la boca, tirando con fuerza.
Jae le clavó las uñas en el cuero cabelludo y dejó escapar el más hermoso sonido de placer que jamás había oído.
Muy dentro de él, algo estaba pasando ‑algo verdaderamente maravilloso‑ pero no sabía qué era. No podía pensar con claridad. No con la boca pegada al pezon y el cuerpo retorciéndose bajo el suyo. No con la luz de la luna bañando su piel y el aroma de su excitación flotando fuertemente en el aire nocturno.
El poder fluyó fuera de él, goteando por todas las partes donde las pieles desnudas se tocaban. Era erótico sentir absorberlo, sentir aceptar lo que necesitaba darle.
Oh —respiró hondo y la sintió contener el aliento durante un momento. Eso es lo que querías decir.
Yunho no podía hablar. La garganta estaba demasiado tensa por la necesidad de empujar más poder dentro de Jae y forzarlo a tomarlo todo. Sólo su necesidad de protegerlo le contuvo y le permitió una valiosa medida de control.
La feroz necesidad de tomarlo se apoderó de él. Si no podía tomar más poder, malditamente bien iba a tomar su polla en su interior tan profundo como pudiera entrar.
Los dedos fueron a la cinturilla de los vaqueros, desesperado por tenerle desnudo. Quería sentir su piel contra él y averiguar si estaba tan húmedo y listo para él como necesitaba que estuviera. No creía que pudiera ser suave más. No la primera vez. Tal vez después de unas cuantas rondas, después de derribar los aspectos más ásperos de su necesidad.

Se puso rígido y se movió para detenerle la mano, pero Yunho se sacudió el intento. Jae lo intentó de nuevo y él gruñó de frustración mientras le capturaba las manos y se las ponía por encima de la cabeza contra la descartada camiseta.
Yunho —susurró su nombre como si estuviera asustado.
Él no quería parar, pero se vio obligado ante su promesa de mirar y descubrir lo que lo asustaba. Una vez lo hubiera matado, podría volver a su dulce cuerpo firme.
Cuando miró alrededor, no vio nada.
¿Qué? le preguntó con la voz turbia de necesidad.
Me estás sujetando.
¿Y?
Estaba intentando detenerlo. ¿Qué esperaba que hiciera?
Suéltame —los ojos estaban muy abiertos y brillantes, con franco miedo.
Yunho miró donde la mano encadenaba las muñecas. Su presión era suficiente para magullar. Suficientemente apretado como para hacerle daño.
Mierda gruñó Yunho.
Le soltó y se empujó apartándose. Estaba yendo demasiado rápido en su desesperación. Forzándolo. Esa no había sido su intención.
¿Lo había sido?
La erección palpitaba al ritmo del pulso acelerado y tenía la piel enfebrecida. En su interior, estaba temblando de necesidad, pero se las arregló para permanecer quieto tendido sobre la tierra seca y no asaltarlo.
El rostro de Jae entró en su línea de visión y tenía un tentativo ceño preocupado.
¿Estás bien?
Yunho cerró los ojos. Ni siquiera podía mirar sin luchar contra la necesidad de establecer su reclamo. E incluso con los ojos cerrados, todavía podía sentir su piel bajo las manos y su pezón contra la lengua. Eso no era el tipo de cosas que una persona olvidaba.
Jae le tocó la cara, y él apretó los dientes contra la tentación de echarlo hacia atrás y tomarlo fuerte y rápido, antes de que tuviera oportunidad de detenerle.
No tenemos que parar, pero más lento es mejor dijo. ¿Puedes ir más despacio?
Probablemente no. No sé que me haces, pero me estoy muriendo por ti. Necesito estar dentro de ti —sólo decirlo casi le volvió del revés de lujuria.
Jaejoong exhaló un aliento tembloroso. Su  cabello le rozó el brazo, y pudo sentir la suavidad sedosa de las hebras. Lo que le recordó que todavía estaba sin camisa.
Yunho abrió los ojos para mirar porque no tenía otra opción. Tenía que ver su glorioso torso desnudo.
Jae le miró fijamente y se puso de rodillas.
Más lento, ¿de acuerdo?
Yunho asintió, incapaz de hablar. No estaba seguro de si podía reducir la marcha, pero sabía que lo intentaría. Haría cualquier cosa para conseguir tenerlo de espaldas debajo de él, donde pertenecía.
Antes de que pudiera encontrar la voluntad para moverse, Jaejoong se puso a horcajadas sobre sus caderas.



Funcionó le dijo.
¿Qué funcionó?
La intimidad tomó su mano y se la presionó contra el pecho. Cuando me besaste aquí, sentí… sentí que nuestra conexión se hacía más fuerte.
Tal vez debería hacerlo de nuevo, sólo para estar seguros.
Jae le dedicó una sensual sonrisa que le hizo querer sentir sus labios rodeándole la polla mientras le chupaba. Todo el cuerpo se estremeció con el esfuerzo de permanecer inmóvil y no obligarlo a hacer precisamente eso.
Eres hermoso dijo.
Soy tú hombre.
Jae pasó los dedos por la marca de vida, arrastrándolos hacia los vaqueros.
Sigues siendo hermoso. Todo duro y musculoso. Es realmente excitante.
Si estás tan excitado, entonces no te importará dejarme sentirte. ¿Estás mojado, Jaejoong?
Jae le sostuvo la mirada mientras desabrochaba los vaqueros y deslizaba la cremallera tan lentamente que le hizo doler las pelotas. En lugar de dejarle a él hacer el trabajo, se introdujo la mano dentro de los boxers. Sus ojos se volvieron lánguidos y la cabeza le cayó hacia atrás cuando movió los dedos contra la cabeza de su erección.
Yunho no podía aguantar más. Ni un sólo segundo. Le agarró la muñeca y le sacó la mano. Sus dedos brillaban con su excitación a la luz de la luna. Le había provocado eso a Jae. Le había hecho mojarse y ahora iba a saborearlo.
Tomó los dedos de Jae en la boca y estuvo cerca de correrse ahí mismo. Sabía a sal, a menta y a necesidad insatisfecha. Pero no por mucho tiempo. Lo haría sentirse satisfecho y lo llenaría con su semilla para que no hubiera más dudas de que era suyo. Jae olería a él. Sabría a a él. Sería suyo.
Jaejoong le miró con los parpados pesados y él pudo sentir sus vaqueros ásperos contra el estómago cuando sus caderas se movieron como si tuvieran mente propia.
Quítatelos ordenó Yunho. Te quiero desnudo.
Jaejoong levantó una ceja en desafío.
Tú también.
Cualquier cosa que lo desnudara valdría para él. Yunho se quitó el cinturón de la espada y lo dejó al alcance. Tan pronto como se separó del cuerpo, el arma se volvió visible, mostrando los intrincados grabados de vides en la vaina. Se quitó los vaqueros y las botas justo a tiempo de verlo hacer lo mismo.
Todavía llevaba los bóxers, su pequeña erección se insinuaba por encima de estos podía ver las pequeñas gotas de preseminal manchando los vellos que sobresalían de la ropa interior, lanzó el resto de sus ropas a un lado y sus ojos se clavaron en la dura erección. Ésta corcoveó en respuesta a su ansiosa mirada.
Si sigues mirando, voy a deshonrarme.
Una sonrisa de pura codicia curvó la boca.
Oh, ¿sí? —Se acercó y envolvió los dedos alrededor de él, haciéndole aspirar un duro.  Creo que me gustaría ver eso.
Tal vez mas tarde le dijo, y lo puso de espaldas en el suave y espeso césped. Ahora mismo, tengo otros planes.
Jae le acarició con el puño. Sus dedos eran lo suficientemente largos para hacer bien el trabajo, y lo sentía como el cielo. Yunho tuvo que apretar los dientes para contenerse de correrse sobre su mano.
Le separó la mano y su polla dio un latido de resentimiento, que él ignoró.
Todavía llevas la ropa interior dijo él.
Soy tímido.
Yunho dejó escapar una carcajada que no pudo contener. No tenía un solo hueso tímido en el cuerpo. Se estaba burlando de él y eso estaba bien. Dos podían jugar a ese juego.
Le besó en la boca hasta que lo dejó sin aliento, y luego se trasladó por su cuello y sobre sus clavículas. Amó cada pezon con la boca y la lengua, provocando dulces gemidos de placer hasta que no pudo aguantar más. Arrastró besos por sus costillas y sobre su tenso vientre, deslizando los boxers mientras bajaba.
Sus piernas eran largas y musculosas, como el resto de él. Pero incluso con todos esos músculos, todavía era suave. Tenía que tocarlo y disfrutar de la sensación de su piel bajo él. No estaba seguro de si iba alguna vez a ser lo suficiente, pero estaba malditamente bien yendo a intentarlo.
Volvió hacia arriba por su cuerpo, abriéndole las piernas mientras lo acariciaba. Cada centímetro que subía enviaba un nuevo escalofrío, otro suave gemido. Contenerse casi le mata. Habría sido tan fácil simplemente deslizarse derecho en su interior. Pero le había pedido que fuera más lento, así que lo haría.
Cuando deslizó los dedos por su sexo despacio mientras subia y bajaba por toda la longitud delicadamente poso sus dedos suavemente hasta llegar a su entrada y depacio deslizo un par de dedos dentro moviéndolos suavemente mientras se abria paso, Jae saltó ante el contacto.
Oh exhaló en un largo suspiro mientras el cuerpo quedó inerte.
Yunho no estaba esperando una invitación. Le separó las piernas lo suficiente para hacer espacio para los hombros y se estableció entre ellas. La hierba le hizo cosquillas en el cuerpo, pero era lo suficientemente suave que no se preocupó por la espalda de Jaejoong. Podría montarlo tan fuerte como quisiera y no temer hacerle daño. Lo cual era bueno. No confiaba en su contención una vez sintiera de cerca su cuerpo rodeándole la polla.
El aroma de su cuerpo caliente le hizo girar la cabeza y la boca agua. Separó su carne, y el cuerpo de Jaejoong se tensó. No sabía si era porque estaba impaciente o ansioso, pero le presionó suaves y blandos besos a lo largo del interior de sus muslos para tranquilizarlo y que le dejara darle placer.
No funcionó. Estaba nerviosamente apretado, vibrando de tensión.
La mente quería relajarlo y aliviar su ansiedad, pero el cuerpo tenía otras ideas. Necesitaba saborearlo de nuevo, hacerle correrse. Después de un orgasmo o dos, estaría plenamente relajado.
La idea era demasiado potente para resistirse, así que lo hizo. Abrió sus piernas, las alzó y las sostuvo allí mientras se la chupaba.
Jaejoong le agarró el pelo en sus puños y dejó escapar un agudo grito de necesidad. Sus caderas se movieron debajo y él las sostuvo inmóviles mientras se tragaba todo de una sola vez. Entonces él lo sintió. Jae estaba empujando en su mente frenéticamente, intentando encontrar la manera de entrar.
Tiffany nunca había querido esa cercanía con él. Siempre había mantenido la distancia. Fría y distante. Nunca le había permitido más que besarla.


Pero no Jaejoong. Estaba intentando acercarse a él, tratando de convertirse en una parte de él. El alma de Yunho se llenó de satisfacción y le dejó entrar, sintiendo una oscura sonrisa en la boca. No tenía nada que esconder ‑ya no‑ pero le orientó hacia lo que él más quería que viera. Iba a verlo todo de él, sentir el deseo que le provocaba y eso aumentaría el suyo.
En su inocencia, no se daba cuenta que él estaba canalizándolo a través de los pensamientos, dirigiéndolo hacia la vibrante y consumidora necesidad de tenerlo y mantenerlo para siempre. Le siguió fácilmente y él le dejó sentirlo, lo liberó del control y le permitió sentir cuánto lo deseaba.
Un crudo gemido se escapó de los labios de Jae, y se arqueó, sosteniendo la cabeza de él apretada contra sí. Como si él necesitara algún estimulo. Podía sentir lo cerca que estaba, cuánto lo deseaba. Lo necesitaba. Su cuerpo estaba temblando en el borde, y todo lo que necesitaba era el mínimo empujón para enviarle sobre él.
La polla de Yunho palpitó cuando deslizó un par de dedos dentro de su apretado cuerpo caliente. Jae dejó escapar un quejido casi doloroso, así que lo chupó con fuerza, dándole lo que necesitaba. Eso fue todo lo que necesitó.
Sintió barrer su orgasmo atravesándolo y sintió sus músculos contraerse cuando estalló contra él, se trago todo de golpe. Dejó salir un alto grito de liberación que hizo que el mundo de Yunho cambiara bajo él. El eco ni siquiera había cesado todavía y ya quería que volviera a hacerlo de nuevo. Y otra vez.
Su cuerpo se relajó bajo él, volviéndose suave y flexible. Todavía estaba flotando dentro de la mente de él, pero su presencia era débil y contenida. Sus piernas estaban ampliamente extendidas, su sexo brillando con la luz de la luna.
Si hubiera sido un hombre mejor, se habría apartado y lo habría dejado descansar. Pero no era bueno. Le necesitaba demasiado. El sudor le cubrió la piel y los músculos estaban anudados de dolor. Tenía que tenerlo. Ahora, antes de que tuviera la oportunidad de negarse.
Ascendió por su cuerpo besando el camino, rezando para que comprendiera su necesidad.
Lo siento dijo crispadamente cuando alineó el cuerpo para adaptarse a él.
Jae abrió los ojos. Yunho esperaba ver conmoción o tal vez rechazo, pero en cambio, le abrazó y tiró de él. Las caderas de él se movieron por propia voluntad, facilitando la entrada a la erección. Estaba ajustado, pero relajado y trato de deslizarse sin hacerle daño. Gracias a Dios.
Los brazos se sacudieron en contención mientras apuntalaba el peso sobre el cuerpo de Jae. Se estaba muriendo por empujar más profundamente y clavarse en su interior, pero se contuvo.
¿Estás bien? encontró la fuerza para preguntar.
Él ronroneó y arqueó la espalda para que se deslizara más profundamente. Yunho tomó aire y apretó los dientes para evitar el orgasmo sólo un poco más. Por mucho que necesitara correrse, necesitaba estar seguro de que esta no sería la única vez. Tenía que ser bueno para él. Solo tenía unos pocos días para demostrarle que no podría vivir sin él, y eyacular en su interior a los treinta segundos escasos no era el modo de hacerlo.
Calmó su cuerpo y se concentró en su rostro perfecto y angelical, la suave curva de sus mejillas, el blando abultamiento de su boca, el modo en que sus parpados aleteaban cuando la polla se contraía dentro de él.
No te estás moviendo susurró, y apretó los músculos a su alrededor.
Yunho jadeó por aire.
Estoy intentando mantener un poco de control aquí. No estás ayudando.
No quiero tu control. Te quiero a ti.
—Sería demasiado rudo ahora mismo.
Él le devolvió una sexy sonrisa conocedora.


Rudo es agradable de vez en cuando —cogió el labio inferior de él entre los dientes y deslizó la lengua por él antes de dejarle ir. Además, soy resistente. Puedo tomarlo.
No sólo podía tomarlo, lo quería. Él podía ver el deseo brillando en sus ojos, sentirlo parpadear a través de la conexión.
El control de Yunho se rompió. Se deslizó de su cuerpo y se sumergió dentro de nuevo, forzándolo a tomarlo todo de él. Podía sentir como su entrada se apretaba dura contra su polla. Los ojos de Jaejoong se abrieron ampliamente y sus pupilas se dilataron cuando se quedó profundamente en su interior y encajó las caderas contra él.
Oh, Dios exhaló y se aferró a su trasero. Otra vez.
Él obedeció, pero no porque se lo hubiera pedido. No tenía otra opción. Los instintos eran violentos ahora, el cuerpo moviéndose fuerte y rápido en respuesta. En algún lugar en el fondo de la mente, pensó que debería hacer algo más. ¿Besarlo, acariciarle? Ya no estaba seguro. Nada importaba excepto el férreo control de su sexo contra la polla y el calor resbaladizo formado entre ellos. Estaba estrecho y resbaladizo, y su cuerpo amortiguaba sus embates, aceptando lo que él le diera.


La base de la columna vertebral se tensó y chispas se formaron en su vista. Estaba cerca y quería  a Jae allí mismo con él, hundiéndose en el borde.
Yunho forzó el paso al interior de su mente y le dejó sentir lo que estaba sintiendo. Canalizó el poder hacia su cuerpo, estrechando los límites del vínculo tan fuerte como pudo, obligándolo a tomar más de lo que nunca había tomado antes. Jaejoong gritó contra la presión, pero él no cedió. Esto era lo que ambos querían ‑lo que necesitaba para ayudar a Kibum‑ y él iba a dárselo.
Él arqueó el cuerpo, elevando las caderas juntas. Eso le enterró más profundamente en su interior, y Yunho se perdió, deleitándose en las sensaciones de su cuerpo y mente cuando le llenaron. Su orgasmo le agarrotó la garganta y le estranguló el aire del cuerpo. Lo empujó de vuelta a la tierra y se introdujo hasta la empuñadura mientras disparaba la semilla en su interior.
Los pulsos de energía le llenaron a la vez que los de su cuerpo hasta que él pudo sentir sus esfuerzos contra la sensación. Era demasiado, y cuando Jae le siguió, gritando, cuando llegó al clímax sacudió las caderas contra él. Su estómago se tensó rítmicamente y una luz resplandeciente fluyó de sus brazos y salió de la punta de sus dedos, hundiéndose en la tierra.
Lentamente, la luz se desvaneció y el silencio descendió sobre ellos. Incluso los grillos estaban silenciosos. Una suave brisa le refrescó la piel mientras luchaba para frenar la respiración irregular.

Había tenido siglos de sexo y nunca había sido así. O bien tenía algo que ver con la relación que compartían, o había estado haciendo algo realmente mal durante un tiempo muy largo.
Creo que me has matado dijo. La voz estaba ronca y áspera.
Tal vez, pero es una buena manera de morir.
Yunho se apartó de su cuerpo, pero no fue lejos. La cruda necesidad salvaje que había sentido se había ido ahora, pero cuando miró su agotado cuerpo húmedo yaciendo allí y vio la prueba de la unión brillando en la polla de ambos, sabía que no se apartaría mucho tiempo. Él era suyo ahora y no iba a dejarlo olvidarlo.
Eres sólo un poco posesivo, ¿huh? le preguntó sin abrir los ojos.
Él percibía sus pensamientos. Yunho se deleitó con el conocimiento de que eran lo suficientemente cercanos como para que Jae pudiera sentirlos.
Absolutamente. Te sugiero que te acostumbres.
Una pequeña sonrisa elevó un lado de su boca.
Un chico puede acostumbrarse a este tipo de sexo realmente rápido.
Y sólo con eso, Yunho estuvo duro y listo para empezar de nuevo.
Nunca sería igual con nadie más le dijo. La voz sonaba áspera, casi enfadada, pero tenía que hacerle saber que no era reemplazable.
Jae abrió un ojo.
Abajo, chico. No soy de salir corriendo. Puedes relajarte.
No, no podía, pero si no daba marcha atrás, iba a asustarlo o enfadarlo tanto que nunca le dejaría tenerlo así de nuevo. Y eso no podía pasar. Tenía que calmarlo. Rápido.
Jae se levantó y se miró entre los muslos. Una mirada conmocionada le cruzó la cara, después se convirtió en aflicción.
No puedo creer que olvidara hacerte cubrir.
¿Cubrir?
No sabía lo que quería decir, pero parecía tan disgustado que necesitaba solucionarlo. Lo que quiera que fuera.
No usaste un condón. Por favor, dime que no estás sufriendo algún tipo de mágica podredumbre de entrepierna.
Yunho parpadeó, completamente perdido. El cuerpo todavía le estaba tarareando, la mente aún no se había puesto al día y tenía que obtener la cuota de suministro de sangre.
¿Mágica qué?
ETS dijo, como si debiera saber que quería decir. Ya sabes, enfermedades de transmisión sexual.
Finalmente, lo cogió.
Oh, lo entiendo. Enfermedades humanas. No, no tienes que preocuparte. Nuestra especie no enferma, al menos no así.
Jae levantó la mano.
No quiero saber nada más ahora mismo. Tal vez más tarde.
No puedo darte un niño, tampoco le dijo por obligación.
Sabía que podría significar que le abandonara por un hombre que pudiera ser el padre de sus hijos, pero tenía que correr ese riesgo. Era algo demasiado grande para pasarlo por alto.

Él se quedó quieto e inclinó la cabeza a un lado.
¿Hablas en serio o simplemente lo estás diciendo para que te deje hacerlo sin condón de nuevo? Porque eso no va a pasar.
Me pondría un traje de materiales peligrosos y un tutú si eso es lo que se necesita para volver dentro de tu dulce cuerpo. Lo que quieras. Pero lo digo en serio. Nuestros hombres no pueden engendrar hijos. Nos hicieron algo. No sabemos qué, pero todos somos estériles ahora.
Jae frunció el ceño y le alcanzó. Tal vez había sentido la ira que le había robado la alegría, o tal vez algo en la cara se lo había dado a entender. No estaba seguro. Pero lo que fuera, él le acariciaba la mano como si le ofreciera condolencias, lo que supuso era apropiado. La ausencia de vida era casi tan desoladora como la pérdida de la misma.
Lo siento. Quiero decir, no estoy buscando tener hijos ahora mismo, y con el loco camino que lleva mi vida, probablemente nunca, pero al menos tengo la opción. Lamento que tú no.
Yo también lo lamento. Pero son viejas noticias. No tiene sentido preocuparse por ello. Sólo pensé que deberías saberlo.


Estuvo extrañamente tranquilo durante un momento mientras recogía su ropa. Cuando se dio la vuelta, tenía los ojos brillantes, como si hubiera estado conteniendo las lágrimas.
Sabes, de algún modo, eres afortunado. Nunca tendrás que preocuparte de que tu hijo te será arrebatado en mitad de la noche, o que se vuelva una babeante cáscara aterrorizada en lugar de lo que fue una vez. Nunca tendrás que preocuparte de si eres lo suficientemente bueno para mantenerlos a salvo y protegerlos del peligro. Nunca conocerás la angustia de fallarles.
Ahora estaba hablando de su hermano Ren, aquel que había sido secuestrado esa noche hacia ocho años. Lo sabía porque lo había visto pasar, y sentía la culpabilidad de él por no haber sido lo suficientemente fuerte como para detenerlo.
Yunho lo tomó en los brazos porque no podía dejar de abrazarlo. Le necesitaba ahora, y era su deber ‑su honor‑ darle lo que necesitara.
No le fallaste a tus hermanos le dijo.
Sí. Lo hice. Todavía estoy fallándole a Kibum.
Tal vez no dijo Yunho. Eres más fuerte ahora. Somos más fuertes ahora. Podemos intentarlo de nuevo.
Jae dejó escapar un tembloroso suspiro y se aferró a él con desesperada fuerza.
¿Y si fallo otra vez?
Entonces lo haces, pero no puedes perder la esperanza. Conozco gente que puede ser capaz de ayudar incluso si nosotros no podemos. Haremos lo que sea necesario, ¿de acuerdo?
Sintió su gesto de asentimiento contra la mejilla.
No estoy seguro de cuánta esperanza queda en mí.

No te preocupes dijo, apretando el abrazo—. Tengo suficiente esperanza por ambos.
Este fic es una adaptación, no es mío, yo sólo lo adapto. OJO NO ES MÍO YO SÓLO LO ADAPTO. ORIGINAL: ENCONTRANDO LO PERDIDO  - SHANNON K. BUTCHER. PAREJA PRINCIPAL: YUNJAE