viernes, 27 de diciembre de 2013

CAPÍTULO 17

 CAPÍTULO 17


Jaejoong siguió a Yunho a través del túnel subterráneo que conducía del garaje a lo que él llamaba salón principal. No estaba seguro de que salón fuera la palabra correcta para una habitación con el techo de cristal a quince metros sobre las cabezas y suficiente espacio para albergar un campo de fútbol. Los salones eran oscuros, largos y escuálidos, no enormes, brillantes y llenos de plantas vivas en cada rincón.
La habitación estaba dividida en secciones. La mitad tenia mesas desparejadas de cocina, con asientos de dos a doce. Cada mesa estaba decorada con un jarrón de flores frescas y un brillante y alegre mantel amarillo. La otra mitad de la habitación estaba separada en dos zonas más, una con una enorme televisión y un montón de sillones mullidos, y la otra con una mesa de billar y varios sistemas de videojuegos conectados a más televisiones grandes.
Varios niños holgazaneaban por allí, y un par de adultos estaban tomando café, vigilándolo todo. Cuando Jaejoong entró, todos dejaron lo que estaban haciendo y lo miraron.
— ¿Qué es este lugar? —le preguntó a Yunho.
—Lo llamamos Castillo Matsumoto. Es el hogar de cerca de quinientos hombres, mujeres y niños.
— ¿Te refieres a que esos niños viven aquí? ¿No es solo un lugar de vacaciones?
—Correcto.
— ¿Por qué?
—Algunos porque sus padres viven aquí, aunque la mayoría son huérfanos a nuestro cuidado. Hoy es día de escuela, pero ahora que la jornada escolar ha terminado, pasan el rato y hacen cosas de chicos.
—Pero es verano.
Yunho sonrió.
—Nos gusta mantenerlos ocupados para que se mantengan fuera de los problemas.
—No me parece que estén causando ningún problema —dijo Jaejoong.
—Eso es normalmente cuando están en su peor momento. Especialmente los adolescentes. Siempre están planeando algo, luchando contra los confines de este lugar.
—Me hubiera gustado tener un lugar como este para ir cuando era un niño.
—Dices eso ahora, pero muchos de esos chicos no tienen elección sobre estar aquí. Pueden estar aquí, o pueden morir cuando los Yokai les cacen para comer. Ese tipo de cosas rechina sobre los adolescentes más rebeldes.
— ¿Los hacen de otra clase? —preguntó.
—No desde que he estado vivo.
Pasaron a través de la zona del comedor y giraron a la derecha, entrando en un largo pasillo.
— ¿Dónde vamos?
—Pensé que deberíamos comprobar para asegurarnos que Kibum se ha instalado en mis habitaciones antes de ir a ver a Kim YoungWoon.
Sus amplios hombros extendían el tejido de punto gris de la camiseta, dejándole ver los deliciosos bultos de los músculos de su espalda. Su pelo rubio oscuro estaba alborotado, y desde su vista lateral podía decir que él tenía una desesperada necesidad de un afeitado.
O tal vez no. Los suaves arañazos de esa barba sobre la piel podía ser una especie de dolor placentero, del tipo del que definitivamente podría acostumbrarse. Yunho sabía lo que estaba haciendo cuando se trataba de darla placer.
—¿Quién es Kim YoungWoon ?
—El desafortunado bastardo que fue elegido para liderarnos. Nos tiene a todos firmes, como nadie puede hacerlo. Necesitará saber sobre ti y Kibum.
—Va a aceptar ayudarlo, ¿verdad?
—Lo hará. Kibum es uno de nosotros ahora.
Jaejoong dejó escapar un lento suspiro de alivio. Estaba seguro que si alguien podía ayudar a Kibum, seria esa gente.
Yunho le llevó por otro largo pasillo que le recordó al de un hotel. Puertas alineadas a cada lado, aunque estaban más separadas que en cualquier hotel que hubiera estado. En una puerta cerca del final del pasillo, él deslizó una tarjeta llave en la cerradura y le abrió la puerta para que pasara primero.
Jaejoong se sorprendió al encontrar que a pesar de que parecía una habitación de hotel desde el exterior, en el interior parecía un hogar normal. El lugar era pulcro, con unas pocas piezas de arte en las paredes, todas de paisajes marinos. Una pared estaba llena de estantes que se quejaban por el peso de cientos de libros. El sofá y el sillón a juego estaban gastados, pero parecían cómodos, y la televisión de pantalla plana casi llenaba una pared ella sola. Una pequeña cocina estaba metida en un rincón, con una mesa redonda y dos sillas ocupando el espacio.



—Te llevó bastante tiempo —dijo Minho en voz baja. Silenciosamente cerró la puerta por la que acababa de salir, sin que hiciera ni un click. En la mano tenía un vaso de agua vacío.
— ¿Cómo entraste en mis habitaciones? —preguntó Yunho.
—Aron tiene a Baekho abriendo la cerradura remotamente. —Minho fue a la cocina de Yunho y agachó la cabeza para mirar en la nevera.
Jaejoong señaló con la cabeza el vaso.
— ¿Le diste de beber?
—Sí. Sin embargo, está durmiendo de nuevo.
—Bien. ¿Dónde fue Aron? —preguntó Jaejoong.
Minho sacó una cerveza, la abrió y tomó un largo trago de la botella.
—Estoy seguro que fue a decirle a todos que hemos encontrado dos parejas más. Este lugar se va a llenar de hombres dentro de una hora.
—Tengo que ir a ver a YoungWoon  —dijo Yunho.
—Entonces me quedaré aquí con Kibum. —Minho sacó una silla de la pequeña mesa de la cocina y apretujó el cuerpo en el estrecho espacio. Se echó hacia atrás y se acomodó, como si no estuviera planeando dejarlo en un corto plazo.
Yunho asintió a regañadientes.
—Bien. Quédate —se volvió hacia a Jaejoong. — También, deberías quedarte aquí.
—Creo que debería hablar con ese tipo de líder, contigo. Solo en caso de que necesite cualquier cosa para convencerlo para ayudar a Kibum.
Yunho apretó la boca.
—No creo que eso vaya a ser un problema.
—Tal vez no, pero si voy, entonces podré asegurarme de que no lo es.
—Haz lo que quieras.
Jaejoong dejó caer la bolsa de viaje y siguió a Yunho a la puerta. Él abrió y la sostuvo para que saliera. Cuando volvió al pasillo estilo hotel, se volvió a sorprender con el hecho de que no estaban en alguna casa de los suburbios. Y entonces se sorprendió incluso más cuando colisionó con el pecho de un hombre que venía por el pasillo.
Jaejoong rebotó contra el hombre y Yunho lo estabilizó antes de que se cayera de culo y se humillara más. Las manos de Yunho fueron sorprendentemente fuertes, incluso para un tipo tan grande como era, y a pesar que se mantuvo en pie, no le soltó. Mantuvo un flojo asidero sobre su cintura y codo, y su contacto le provocó una oleada de calor que le atravesó el estómago. Jaejoong sabía que debería apartarse, pero se sentía demasiado bien ser tocado por sus fuertes y capaces manos. Había visto lo que el hombre podía hacer con una espada ‑la brutal letalidad de la que era capaz‑ pero ahora mismo, todo lo que sentía era dulzura, calidez y alborotados hormigueos en espiral en el vientre.


—YoungWoon —dijo Yunho como saludo—. Me gustaría que conocieras a Kim Jaejoong.
YoungWoon  era más alto que Yunho, cerca de dos metros. Tenía hombros anchos, pero estaban inclinados, como si llevaran el peso de una carga invisible. Tenía profundas líneas de preocupación grabadas en el hermoso rostro, y los ojos castaños estaban hundidos y bordeados de rojo por falta de sueño. El corto pelo oscuro tenia canas en las sienes, y parecía que había dormido con las ropas que llevaba. En más de una ocasión.
Jaejoong automáticamente tendió la mano en señal de saludo y sintió a Yunho tensarse a su lado. YoungWoon  le dio la mano con un firme apretón.
—Es maravilloso conocerte, mi lord.
¿Mi lord? Jaejoong miró hacia atrás sólo para asegurarse que él no estaba hablándole a alguien más.
—Uh. Gracias.
—Es un término formal. No te preocupes. Te acostumbraras a eso.
Sí, claro.
Cuando YoungWoon  le soltó la mano, Yunho se relajó, aunque pudo ver su intensa mirada escrutando a YoungWoon  como si buscara algo.
Jaejoong ignoró la rareza de Yunho. Tal vez esos dos no estaban en los mejores términos. Realmente no le importaba mientras él pudiera ayudar a Kibum.
— ¿Sabes por qué estamos aquí?
YoungWoon  asintió, pero estaba frunciéndole el ceño al anillo de su mano izquierda, el que todos esos hombres parecían llevar.
—He oído que tu hermano está enfermo. Aron dijo que estaba peligrosamente delgado.
—Kibum esta… en problemas. —Las mejillas de Jaejoong se encendieron de vergüenza, no porque su hermano estuviera enfermo, sino porque Jaejoong hubiera dejado que sucediera. Era su fracaso el que casi había matado a Kibum.
—Es su mente la que está en más riesgo, YoungWoon  —dijo Yunho—. Lleva viviendo con eso durante ocho años.
Young Woon  abrió la boca con conmoción.
—No puede ser correcto. ¿Ocho años? ¿Y todavía está vivo?
—Es fuerte —dijo Jaejoong—. No lo parece ahora, pero es un luchador. Intenta duramente superar las imágenes en su cabeza. Ha estado en terapia durante años, pero nada parece ayudar.
—Por supuesto que no. Las terapias humanas no harían nada para ayudar. Voy a llamar a Siwon. —Young Woon se sacó el móvil del bolsillo.
—Kyuhyun dijo que estaba demasiado débil para que Kibum fuera capaz de dar su sangre.
—Entonces encontraremos otra manera. No le vamos a dejar morir. Es demasiado valioso.
Jaejoong no estaba seguro de que quería decir con eso, pero si pensaba que era valioso, y eso le hacía actuar más rápido, entonces eso valía y mucho.
—Todos los hombres quieren verle y tocarle —dijo Yunho—. Creo que eso solo empeoraría las cosas.
Jaejoong agarró el brazo de Yunho.
—No voy a dejar que un puñado de hombres desfilen a través de su habitación manoseándole.
Yunho ahuecó la mejilla de Jaejoong.
—Por supuesto que no. Pero tienes que entender lo mucho que esos hombres están sufriendo. Si es compatible con uno o más de ellos, de la manera que tú lo eres conmigo, podría ser otra forma de ayudar.
Jaejoong estaba roto. Quería hacer cualquier cosa que pudiera por Kibum, pero había visto como eran esas personas. Eran agresivos, exigentes. Asustaban. Al menos, así sería para Kibum.
—Viste la forma en que reaccionó a Kyuhyun.
—Parece estar bien con Minho —dijo Yunho.
Las oscuras cejas de YoungWoon  se elevaron.
— ¿No creerás que…?
—No. Lo comprobé. Su luceria no reaccionó. De hecho, los colores desparecieron —dijo esta ultima parte como si tuviera algún tipo de significado especial.
— ¿Crees que tenemos que vigilarle? —preguntó YoungWoon.
—Sí. Sé que nunca lo dañaría mientras su marca de vida resista, pero una vez que esté seco…
—Tendré a Baekho manteniendo un ojo electrónico sobre él. Sus cámaras de seguridad lo recogen todo.
Jaejoong miraba a ambos hombres, intentando averiguar sobre lo que estaban hablando.
— ¿Chicos, estáis diciendo que Kibum podría estar en peligro con Minho?
—Estoy seguro que él está bien ahora. Sólo… se está quedando sin tiempo.
— ¿Está muriéndose?
Yunho abrió la boca y la cerró de nuevo como si tratara de decidir qué decir.
—Sí, pero no es contagioso. Solo necesitamos estar atentos de los signos que muestren que él esté cambiando. Volviéndose… más oscuro.
—El hombre ya está enfadado sin los signos. Me vuelvo dentro con mi hermano.
—Necesitamos hablar, Yunho —dijo YoungWoon.
Yunho le dio a Jaejoong la tarjeta llave.
—Volveré tan pronto como pueda.
—No te preocupes. No voy a necesitar tu ayuda con esto.
Jaejoong volvió a las habitaciones y encontró a Minho en la puerta de la habitación de Kibum. Él llenaba el espacio, así que apenas podía ver a su hermano durmiendo plácidamente en la cama. Pero lo estaba, y algo en el interior de Jaejoong se soltó y relajó.
— ¿Qué estás haciendo? —exigió Jaejoong en un susurro.
Minho se dio la vuelta como si no la hubiera oído acercarse. Frunció el ceño y cerró la puerta antes de avanzar más allá, ignorando su pregunta.
—No me ignores. Te he preguntado qué estás haciendo.
—Solo estaba vigilándolo.
—Yunho dice que te estás muriendo, y sonó como que antes de que lo hagas ibas a convertirte en algo desagradable. ¿Es verdad?
—Lo suficiente cerca. —Se dejó caer al sofá y encendió la tele.
Jaejoong le arrebató el mando a distancia y la apagó. El aspecto amenazador que cruzó su cara la hizo detenerse, pero no dio marcha atrás.
—Quiero que te mantengas alejado de Kibum. Muy lejos.
— ¿Que infiernos crees que voy a hacer, jovencito?
—No lo sé, y eso es el problema. No sé nada sobre vosotros chicos o que hacéis o de lo que sois capaces. Lo que sí sé, es que Yunho está preocupado, lo que debe ser malo, porque sabe cómo manejarte. Kibum no.
—Estás jodidamente loco si crees que voy a hacer nada sólo porque lo digas.
—Soy su hermano. Es mi responsabilidad. Puedo no ser capaz de ganarte en una lucha limpia, pero si no te apartas, te encontraré y te mataré mientras duermes. ¿Está claro?
Minho se levantó lentamente del sofá, con los músculos agarrotados en las poderosas piernas. Una luz realmente aterradora brilló dentro de los salvajes ojos verdes. Tan enfadado como estaba en el exterior, en el interior era peor. Mucho, mucho peor. Había algo oscuro allí. Algo peligroso al acecho detrás de la fachada que le mostraba al mundo.
Su voz se redujo a una amenaza baja y tranquila:
—Siéntete libre para venir y lograr tu mejor tiro. Habitación dos‑diecinueve. Dejaré mi puerta sin cerrar. Pero ya que quieres que seamos claros, si vienes, estarás en mi territorio. Mis reglas. No voy a jugar limpio.
— ¿Qué se supone que significa eso?

—Significa que si quiero ver a Kibum, no hay una jodida cosa que puedas hacer para detenerme. Y si lo intentas, te arrepentirás.
—Kibum es demasiado bueno para ti.
Minho se estremeció, pero lo encubrió rápidamente.
—También es demasiado bueno para ti, aparentemente. Estabas allí la noche que eso le sucedió, ¿no?
—Que. Te. Jodan.
Minho la dedicó una sonrisa burlona.
—Cada vez que quieras.
—Mantente lejos. Es demasiado inocente para protegerse de gente como tú.
—Al menos soy capaz de mantenerle a salvo. Protegerlo. Tú ni siquiera puedes hacerle comer.
Oh, Dios. Tenía razón. Jaejoong se sentía como si le hubieran golpeado, pero intentó no dejarle verlo.
—Lo traje aquí, ¿no? Yunho se asegurará de que esté a salvo.
Minho resopló.
—Yunho solo le está ayudando para meterse en tus pantalones. Mantenerte con el collar. Si crees algo mas, estás lleno de mierda.
La mano de Jaejoong fue a la luceria alrededor del cuello. Estaba vibrando ahora, cálida bajo el contacto. Un segundo después, la puerta de las habitaciones de Yunho se abrió bruscamente, Yunho y YoungWoon  entraron armados con sus espadas en las manos.
— ¿Qué infiernos está pasando? —exigió Yunho.
Minho dio un paso atrás.
—Ya me iba. Parece que ya no se me quiere aquí.
Yunho tenía el color subido, y parecía como si estuviera listo para derribar a Minho.
— ¿Te hizo daño?
Jaejoong tuvo que tragar para encontrar la voz.
—No. Estoy bien. Simplemente no le quiero más alrededor de Kibum.
—Te he oído la primera vez —gruñó Minho. Se abrió paso a través de los dos hombres armados y abandonó la habitación.
Yunho llegó hasta Jaejoong y le abrazó.
— ¿Estás seguro de que no te hizo daño?
—Sí. Solo me molestó.
Lo besó en la sien y apretó el abrazo.
—Él es bueno en eso.
YoungWoon  se aclaró la garganta.
—Voy a comprobar esa cosa sobre la que me preguntaste, Yunho.
—Gracias.
—Nos pondremos al día después. —YoungWoon  salió y cerró la puerta tras él.
Yunho le levantó el rostro para que le mirara.


—Pude sentir tu pena tan clara como si hubiera sido la mía propia. ¿Qué te dijo?
—Nada que no me haya dicho a mí misma mil veces. Olvídalo.
—Eso no va a suceder. Me mata verte sufrir.
Su tono era tan dulce, tan cariñoso, que lo iba a hacer llorar.
Jaejoong se apartó de él antes de que pudiera hacer eso.
—Solo déjalo ir. Quiero saber que vamos a hacer por Kibum.
Yunho tensó la mandíbula de frustración, y tomó un profundo aliento.
—Siwon está en camino y YoungWoon  está yendo a solicitar una audiencia con Victoria.
—Bien. Eso es bueno, ¿verdad?
—Sí. Eso es bueno. Vamos a cuidar de él.
—Minho dice que solo estas ayudando a Kibum para llegar a mí.
—Minho es un imbécil.
—Eso no significa que no tenga razón —dijo Jaejoong.
Yunho se sentó en el sofá y tiró de Jae a su lado.
—Aunque nunca te hubiera conocido, todavía estaría haciendo todo lo posible para salvar a Kibum.
— ¿Porque es valioso para ti?
—Porque eso es lo que hago. Eso es lo que todos nosotros hacemos. Cada uno de nosotros ha tomado un voto de proteger a los humanos de los Yokai. Así que incluso si no fuera uno de los nuestros, todavía estaría aquí, luchando por mantenerle vivo. Esa es la razón por la que existo.
Jaejoong sentía la verdad de sus palabras resonando a través del vínculo. Sintió su convicción, su honestidad, envolviéndolo y apretándolo fuertemente. Se sentía tan bien no estar solo. Incluso si era sólo por unos pocos días.
La ardieron los ojos, y no podía parpadear lo suficientemente rápido para hacer disipar las lágrimas. Una se deslizó por la mejilla, y se volvió para que Yunho no pudiera ver su debilidad.
—No —le dijo—. No te apartes de mí. No tienes que ser fuerte y controlado todo el tiempo.
—Sí, tengo que serlo. Tengo que seguir entero. Por favor intenta entenderlo.
Él se quedó callado durante un momento, y pudo sentir algo de su frustración pulsando a través del enlace. No disfrutaba frustrándole, pero sabía que si se agrietaba ahora, se rompería ampliamente y se destruiría. Tenía que mantenerse fuerte.
— ¿Qué tal si nos busco algo de comer? ¿Te doy unos pocos minutos a solas?
Jaejoong asintió.
—Eso estaría bien.
— ¿Alguna petición?
—Sorpréndeme.




Cuando la puerta de la habitación de Changmin se abrió, él sabía quién sería. Lee Tae Min. Era la última persona en la faz de la tierra que quería que lo viera así, tan impotente como un bebé.

Si su cuerpo no hubiera sido una pila de carne sin valor, simplemente se hubiera reunido con él en la puerta y suavemente lo hubiera mandado a otra parte. Era una criatura tímida, y no le habría tomado demasiado hacerlo huir.
Al menos, era tímido con los demás. No con él. Estaba paralizado desde el cuello, incapaz de dañar una mosca. Nadie le temería más. Ni siquiera podía sostener su espada, mucho menos balancearla.
Taemin le ofreció una sonrisa alegre cuando entró en la habitación llevando una caja de plástico llena de sus instrumentos de tortura.
— ¿Cómo estas hoy? —preguntó.
Se deslizó por el suelo con silenciosos pasos. Su nombre le iba bien, pero Changmin estaba seguro que sus naturalmente rápidos y elegantes movimientos no eran producto de largas horas de clases de danza. Lo que él había aprendido sobre Taemin, era que había aprendido a esquivar puños y botellas que volaban desde una edad temprana.
Nunca más. Su padrastro se estaba pudriendo en un agujero en el suelo, y él estaba a salvo aquí.
Deseó decirse que aliviaría el nudo de tensión que sentía entre ellos cada vez que le veía, pero no lo hizo. De alguna manera no era suficiente. Quería hacer más.
Por otra parte, esa era la historia de su vida esos días. No podía ni siquiera alimentarse, mucho menos proteger a Taemin de amenazas imaginarias.
—Estoy cansado. Vete —le gruñó.
Tae hizo un chasquido con la lengua.
—No eres agradable, Changmin. Estoy aquí para ayudarte, lo desees o no.
Él era una persona tan bonita, especialmente cuando sonreía. La sonrisa nunca tocó sus tristes ojos marrones, pero se había acostumbrado a eso en las últimas semanas. Venía a verle cada día, y nada de lo que él dijera o hiciera lo ahuyentaba.
—Envía a otra persona —dijo él.
El halo de rizado pelo negro alrededor de su cabeza le hacía parecer más joven de sus veintidós años. Debería haber sido capaz de verla como un niño, teniendo en cuenta que él estaba cerca de los cuatrocientos, pero con él, eso simplemente no sucedía. Era un hombre ‑uno que encontraba tan sexy como el infierno‑ y eso era parte del problema. Había demasiadas cosas en su vida que quería ahora y no podía tener. No apreciaba la adición de él al montón.
— ¿Por qué? —le preguntó—. ¿No crees que se lo que estoy haciendo?
Por supuesto que lo hacía. Tae sabia cuan desesperado estaba. Sabía que estaría paralizado durante el resto de su muy larga vida, y se compadecía de él. Eso era por lo qué estaba aquí. Era demasiado amable para no actuar con esa piedad.
—No tengo tiempo para esto —dijo él.
Él siguió sonriendo y puso la caja sobre la mesa cerca de la silla de ruedas.
—No seas un bebé. No voy a hacerte daño.
—Por supuesto que no. No puedo sentir una maldita cosa.
—De acuerdo, Sr. Calzones Irritables. Sé así. Todavía no me voy a ir. Tengo una hora antes de que comience mi turno.
No había nada que pudiera hacer para detenerlo. Estaba débil. Indefenso.
Si le hubiera quedado algún tipo de fuerza, la habría usado para ponerle fin a su miserable vida tan pronto como se dio cuenta de que los Susano's eran incapaces de curarlo, antes de que desperdiciaran más preciosa sangre intentando curarlo.
Taemin le hizo condujo a la cama, la cual era el punto central de la sala de estar. Todo el equipo que se necesitaba para mantener su lamentable culo limpio y alimentado era demasiado grande para su habitación, así que ahora vivía aquí. Todo el día. Cada día.
Anhelaba la libertad tanto que estaba seguro que le desgarraría la mente. Hasta el momento, no había sido tan afortunado.
—¿Has oído las noticias? —le preguntó mientras ajustaba la silla hasta que estuvo colocado. Le ató con unas correas y manipuló la palanca que le acomodó de vuelta en la cama.
Ese maldito dispositivo hacia fácil para alguien tan pequeño como Tae moverlo, pero también significaba que no necesitaba ninguna ayuda. Significaba que tenía que estar a solas con él.
Cuanto más tiempo estuviera a solas, más de sí mismo se perdería. Su orgullo había sido la primera cosa en irse. En su lugar había una ardiente bola de vergüenza y humillación de la que no podía escapar.
— ¿Qué noticias? —preguntó, incapaz de evitar la curiosidad sobre el mundo exterior.
Tae deslizó las manos en el interior de la cinturilla del pantalón de deporte y se lo quitó de las piernas, dejándole en bóxers. Él le miró fijamente un poco demasiado tiempo, haciéndole preguntarse en lo feo que se habría convertido su cuerpo mientras la carne se consumía por el desuso.
Él tragó saliva visiblemente antes de contestar.
—Encontraron dos parejas mas como Donghae. Están aquí.
Chagmin se negó a pensar en lo que eso significaba, o al menos lo intentó. ¿Más parejas tan pronto después de Donghae? No parecía posible, y sin embargo estaba pasando. Tal vez Donghae no era una anomalía genética después de todo. Tal vez sus hermanos podrían ser salvados.
Las noticias no le hicieron ningún bien, pero aun estaba contento de que el resto de los Amaterasu tuvieran esperanza.
— ¿Quieres ir a verlos? —preguntó.
—No. —Ni siquiera consideraría nunca ver si alguno de ellos era compatible con el mientras tuviera el cuerpo inútil. Y no importaba con que mentiras le alimentaban los Susano's, Chagmin estaba bastante seguro que no tenían ni idea de cómo arreglar su parálisis.
Tae elevó la cabecera de la cama y luchó con su camiseta. Su masa muscular había comenzado a marchitarse, pero con su corpulencia, todavía era una gran carga para que él maniobrara. Él no era muy grande, tal vez algo más que un metro y medio de alto, pero nunca se había quejado que fuera demasiado pesado. También podía ser que fuera más fuerte de lo que parecía en el exterior.
A diferencia de muchos de sus hermanos, todavía tenía un buen número de hojas en la marca de vida. Siempre se había sentido bendecido por no estar sufriendo como tantos otros, ahora esa bendición se había convertido en maldición. Quedaban años antes de que su árbol estuviera seco, lo que obligaría a YoungWoon  a terminar con la vida de Chagmin.
Se las arregló para pasarle la camiseta por la cabeza, y él tuvo una agradable vista de uno de sus pezones, oscuro y suave. Sabía que eran suaves porque Tae accidentalmente le rozó la mejilla una vez mientras le desvestía.


Él todavía tenía sueños con ese inocente accidente, solo que en sus sueños, había estado desnudo y él había sido un hombre completo. Siempre se despertaba antes de llegar a la parte realmente buena, pero disfrutaba de la fantasía durante el tiempo que duraba.
— ¿Estás seguro? —preguntó.
—Sí, estoy seguro. Ni siquiera puedo darles mi voto. ¿Qué posible bien puede hacerme verlos?
Taemin le pasó los dedos por el pelo para alisarlo. Changmin apretó los dientes contra la sensación de los dedos sobre la piel. Él  había pasado horas tocándole ‑masajeándole los músculos y ejercitándole los miembros para que se mantuvieran flexibles‑ pero nunca había sentido nada de eso. Acababa de ver las manos deslizándose por las piernas, dejando un rastro brillante de aceite de masajes a su paso.
Por todo el bien que eso le hacía, él podría estar frotando el cuerpo de algún otro hombre.
Ese pensamiento le llenó la cabeza con necesidad de violencia. Quería atacar y aplastar todo a su paso. No es como si lo que quisiera importara de todos modos.
—No lo sé —respondió—. Solo pensé que si uno de ellos era compatible contigo, tal vez pudiera ayudarte.
— ¿Sanarme, quieres decir? —preguntó en un amargo y enfadado tono.
—Sí. Ese pensamiento ha cruzado por mi mente.
—Esa no es la manera en que funciona. Por qué no dejas que las sanguijuelas me traten y te pegas a tus deberes en la cocina.
Taemin se estremeció como si le hubiera golpeado, y hasta que él lo vio, no pensó que pudiera sentirse peor.
Había estado equivocado. Se sentía como una total mierda por herir sus sentimientos así. Tae sólo intentaba ayudar.
Todo el mundo estaba intentando ayudar. No era culpa de él que estuviera harto de necesitarlo.
—Lo siento —le susurró—. No quise decir eso.
Él asintió, pero no le miró a los ojos.
Se puso algo de aceite en la palma y frotó las manos juntas para calentarlo. Él no podía sentir frío, pero todavía se tomaba el tiempo de ver por su comodidad.
Era demasiado amable para estar cerca de él. Era toxico, tan venenoso como la babosa con colmillos gigante que se le había pegado sobre la columna vertebral y arrebatado la vida. Si él se quedaba, solo terminaría por dañarlo aun más.


—Realmente deseo que solo me dejes solo —le dijo a, intentando mantener su voz calmada.
Sus manos se deslizaron por la pierna hasta la entrepierna. Él lo vio, pero no sintió nada. Su mente estaba emocionada por su contacto, pidiéndole silenciosamente que se moviera hacia arriba y le cogiera la polla con sus hábiles manos, incluso aunque sabía que era una inútil pérdida de tiempo. No lo sentiría tampoco. No importaba cuan retorcida estuviera la mente, el cuerpo se negaba a responder.
Nunca volvería a conocer el placer de la carne, el íntimo abrazo del cuerpo de la persona amada, el caliente deslizarse de piel contra piel.
—Sé lo que quieres, pero no me voy. Cuando los Susano averigüen como sanarte, vas a estar agradecido que tu cuerpo no esté enroscado sobre sí mismo. Todavía te tomará algo de tiempo recuperar tu fuerza, pero al menos tu cuerpo será capaz de moverse para que puedas recuperarla.
—Los Susano no tienen ni idea de cómo sanarme.
—Son inteligentes. Ellos lo averiguarán.
— ¿Después del tipo de vida que has tenido —los golpes, ver a tu madre morir de una muerte lenta—, como puedes todavía tener esperanza?
—Tengo esperanza por la vida que he tenido. Durante quince años recé cada noche que alguien viniera a salvarnos a mí y a mi hermano del infierno que se había convertido nuestras vidas. Y entonces llegaste tú.
— ¿Y?
—Y, solo han pasado unas pocas semanas desde que fuiste paralizado. Si yo pude esperar quince años por un milagro, entonces tú puedes.
¿Quince años? De ninguna manera.
—No. No puedo. No así.
Taemin se encogió de hombros y continuó masajeándole las pantorrillas.
—No tienes elección. No voy a dejar que te rindas.
—No es tu decisión.
Levantó la vista para mirarle y las lágrimas brillaron en los tristes ojos marrones.

—Hasta que te puedas mover, tampoco es la tuya.


Este fic es una adaptación, no es mío, yo sólo lo adapto. OJO NO ES MÍO YO SÓLO LO ADAPTO. ORIGINAL: ENCONTRANDO LO PERDIDO  - SHANNON K. BUTCHER. PAREJA PRINCIPAL: YUNJAE

jueves, 26 de diciembre de 2013

CAPÍTULO 16


CAPÍTULO 16



Kibum ni siquiera se movió cuando Jaejoong se deslizó en la cama a su lado. Bajo el peso de Jaejoong, su delgada figura se hundió en el colchón, aunque siquiera parpadeó. Jaejoong presionó la mano sobre la cabeza de Kibum. Estaba fría al tacto. El pulso que revoloteaba en su cuello era débil e inestable.

—Lo haremos como lo hicimos antes, ¿recuerdas? —Preguntó Yunho—. Sólo tienes que abrirte a ti mismo y dejar que te guíe. Primero sólo echaremos un vistazo.

Jaejoong asintió. La mano de Yunho le rodeó la nuca, su anillo trabándose con la gargantilla. Sintió la banda caliente alrededor del cuello. La respiración se aceleró, y una especie de burbujeante presión se acumuló en su interior. La cabeza empezó a latir y el estómago se revolvió con nauseas.

—Estás luchando contra ello —dijo él.
—No es mi intención hacerlo.

Trató de relajarse, apretando la mandíbula contra el dolor y las náuseas. No iba a ser capaz de hacer esto. Iba a ser cómo perder a Ren una vez más. Simplemente iba a levantarse y observar, mientras su hermano se escabullía y…

—Basta ya —gruñó Yunho—. Eso no va a suceder. Céntrate.

Jaejoong tomó una profunda respiración y trató de hacer lo que él decía. La presión se elevó hasta que el sudor irrumpió sobre la piel, estaba temblando por la fuerza de la misma.
Sin embargo, no pasó nada.

Jaejoong abrió los ojos y miró el pequeño cuerpo de Kibum. Estaba tan débil. Indefenso. Su mente era una retorcida masa de locura e imágenes demasiado horribles para ser reales. Aquella noche le había destruido. Tal vez fue el trauma, o tal vez fue algún tipo de infección de la amarilla saliva del monstruo. Le había lamido las heridas, bebiendo a lengüetadas su sangre. Algo podría haber entrado en su cuerpo e infectarlo con esta enfermedad. Tal vez, necesitaba un antibiótico mágico.


La presión dentro de Jaejoong se liberó de pronto, como si una burbuja hubiera estallado. Dejó escapar el aliento que había estado conteniendo y, cuando levantó la vista, ya no estaba en el dormitorio con Kibum. Estaba en algún oscuro lugar.

Se oía el goteo constante de agua rebotando en las duras paredes y el olor a moho de la humedad en el aire. Hacía frío aquí, el tipo de frío que se colaba en la sangre y robaba la voluntad para moverse.

—No deberías estar aquí —dijo Kibum.

Él apareció cerca de una pared de roca, su imagen traslúcida y brillando tenuemente, como una especie de holograma. Era más joven, tal vez dieciséis, y su cabello oscuro y ondulado, como había sido antes de la noche en que Ren y mamá murieran. Llevaba puesto un pijama negro, y aunque estaba delgado, no era flaco.

— ¿En qué lugar estoy? —preguntó Jaejoong, mirando a su alrededor.

Era algún tipo de cueva, pero no aquellas con bonitas formaciones brillantes. Se trataba de un opresivo agujero negro en la profundidad de la tierra.

—Shh —susurró Kibum—. Te van a oír. Tienes que irte.
—No puedo. Tengo que ayudarte.
—No hay nada que puedas hacer por mí. Ya no.
—Por favor, Kibum. Déjame ayudarte.
Kibum frunció el ceño con confusión, ladeando la cabeza.
—Me ves y, sin embargo, todavía no me crees.
— ¿Creer el qué?
Kibum se giró repentinamente, abriendo los ojos de par en par.
—Ya vienen. Tienes que irte. No trates de volver. Te encontrarán y os matarán a ambos.
Antes que Jaejoong pudiera preguntarle quién venía o lo que quiso decir con ambos, fue empujado fuera de la mente de Kibum regresando de nuevo a la habitación.

Kibum se movió agitadamente en la cama con los ojos desorbitados y temerosos.

—Vienen por él.

Jaejoong se tragó un grito de angustia y mantuvo sujeto a Kibum.

— ¿De qué estás hablando, cariño?
—Ren. Vienen por él. Van a hacerle daño otra vez —se cogió de la camisa de Jaejoong con un agarre sorprendentemente fuerte—. Tienes que ir a buscarlo. Salvarlo.

La puerta del dormitorio se abrió tan bruscamente como para hacer un desconchón en la pared. Minho entró a la carga con la espada desenvainada. Tenía la boca torcida en una mueca de furia, y las venas del cuello y los brazos sobresalían totalmente en relieve.

— ¿Qué demonios le hiciste? —exigió.
Yunho se levantó y puso el cuerpo entre Minho y los hermanos.

—Estábamos tratando de ayudarle.

—Menuda ayuda. Estaba durmiendo hace un minuto. Te dije lo que te haría si le despertabas.
La clara invitación a cruzar metal contra metal, hizo que los pelos de la nuca de Jaejoong se erizaran.

—Podrías intentarlo —dijo Yunho.
—Estoy bien —dijo Kibum, luchando por sentarse.

Jaejoong no iba a permitir que estos hombres se mataran el uno al otro por un simple caso de envenenamiento por testosterona. No estaba seguro de lo que estaba haciendo, pero pensó que cualquier cosa era mejor que no hacer nada, así que tiró del poder de Yunho y lo utilizó para apartar de un empujón a ambos hombres con un rígido muro de aire.
Los hombres golpearon las paredes del dormitorio con una sacudida y allí se quedaron, como si estuviesen pegados con cola.

¡Caray! No esperaba que funcionara tan bien.
—Basta ya —les ordenó—. Vosotros dos vais a calmaros y actuar como seres humanos racionales. No me importa si sois grandes y fuertes.
La voz de Kibum tembló desde de la cama.
—Deberías liberarlos, Jaejoong. No creo que esto sea inteligente.
—No me importa lo inteligente que es. No van a ir a ninguna parte hasta que esté seguro de que no van a matarse el uno al otro.

La sobrecarga de energía a través de los miembros le hizo temblar, pero mantendría la presión contra los dos hombres hasta que estuviera seguro de que no era peligroso. Yunho se tranquilizó en primer lugar, su rostro perdiendo rápidamente la rabia. Kibum se deslizó de la cama y se acercó hasta donde estaba clavado Minho gruñendo. Parecía ahora estar más estable sobre sus pies. Más fuerte.

Tal vez lo que había hecho le había ayudado de alguna manera, aunque Jaejoong no tenía ni idea de lo que había hecho para ayudar.

Yunho se frotó el hombro como si le doliera mientras el orgullo brillaba en su rostro.
—Esa fue una maldita hazaña. No sabía que podías hacer eso.
—Ni yo —dijo Jaejoong.


Kibum puso la mano sobre el pecho de Minho y su cuerpo se quedó inmóvil, como si temiera dañarlo si respiraba.


—Vuelve a la cama —le dijo bruscamente.
—No hasta que te calmes.
—Voy a patearte el culo, si no vuelves a la cama.
—No, no lo harás —dijo Kibum con total confianza—. Tú nunca me golpearías.
—Yo no lo provocaría —le advirtió Yunho.
Los ojos verdes de Minho se iluminaron con una promesa de violencia.
—Escucha a los adultos, dulce, o terminarás lamentándolo.
—Soy un adulto —dijo Kibum.
Minho resopló.

Esto no iba a acabar bien. Jaejoong se acercó a su hermano antes de que pinchara demasiadas veces a la fiera enjaulada. Tomó a Kibum por los hombros y le llevó de regreso a la cama.

—Él tiene razón. No deberías estar todavía levantado y caminando. Sigues estando débil.
—Me siento mejor desde que comí —dijo Kibum.
— ¿Comiste? —preguntó Jaejoong. La banda de miedo alrededor del pecho se aflojó un poco, dejándole espacio para respirar—. Esa es una gran noticia, cariño.
Kibum miró hacia donde estaba clavado Minho.
—Él me ayudó.

Tanto Yunho como Jaejoong miraron a Minho en estado de shock. Él tenía razón. Le había obligado a comer. ¿Cómo lo hizo? En agradecimiento, Jaejoong dejó que la fuerza de sujeción contra la pared se disipara. No trató de abalanzarse sobre él o atacarlo, aunque le miraba como si lo deseara ardientemente. Sus grandes puños se abrían y cerraban repetidas veces, haciendo crujir los huesos cuando se movían.

—Ahora voy a irme. Que ninguno de vosotros me sigua —apuntó con el grueso dedo a Kibum—. Especialmente tú.



Salió de la habitación, cerrando la puerta tras él.
Kibum se dejó caer sobre las almohadas. Estaba pálido, pero la fiereza en sus ojos se había desvanecido. Por ahora.
Jaejoong tomaría el regalo sin preguntar y lo atesoraría el tiempo que tuviera con su hermano tanto como durara.

— ¿Crees que podrías comer un poco más?
Kibum sacudió la cabeza. Los párpados caídos.
—Ahora no. Tengo que dormir más. Tal vez más tarde.
Jaejoong le retiró el pelo blanco hacia atrás y sintió que su cuerpo se aflojaba y se deslizaba casi instantáneamente en el sueño.
—No sé lo que hicimos, pero parece haber ayudado —dijo Jaejoong.
Yunho seguía observando el camino por el que Minho se había ido, con mirada especulativa.
—No estoy seguro de que hiciéramos nada —le dijo él—. Quiero decir, me encantaría decir lo contrario, pero estaría mintiendo.

Otro fracaso, pero este casi no escocía tan pésimamente como si hubiera sido de cualquier otra forma. No le importaba cómo Kibum consiguió la ayuda, con tal de que la tuviera.
—Parecía lúcido en este momento.
Yunho seguía mirando la puerta, con el ceño fruncido.
—Sí que lo parecía.
—Y comió. Eso es más de lo que yo esperaba. ¿Crees que ya es seguro moverlo?
Él asintió con la cabeza.
—Vamos a ver cómo se siente cuando se despierte, pero creo que sería más seguro trasladarlo a Castillo Matsumoto que quedarse aquí otra noche. Además, Victoria está esperando. Ella quería que estuvieras allí esta noche, así que ya vamos con retraso.
—Si viajamos durante el día, los monstruos no nos pueden encontrar, ¿verdad?
—Correcto.
—Saldremos por la mañana, entonces —se inclinó y besó la cabeza de Kibum—. ¿Has oído eso, nene? Vas a estar bien. Vamos a conseguir ayuda.





El sol se estaba ocultando en el horizonte en el mismo momento en que Yunho llegó con la camioneta de Jaejoong a la puerta del recinto de Caballero de la Luz, al que él consideraba su hogar. Castillo Matsumoto. La fortaleza de los guerreros.

Jaejoong y Kibum habían dormido la mayor parte del trayecto hacia aquí, y él odiaba tener que despertarlos ahora. Jaejoong se veía tan bonito durmiendo, sus mejillas sonrosadas, el corto pelo alborotado alrededor de su rostro y su exuberante boca separada como si esperara un beso.

Sonrió hacia la cámara, sabiendo que Baekho estaría de servicio, deslizó la tarjeta de identificación en la ranura y esperó a que las puertas se abrieran.

Yunho aparcó la camioneta en su plaza del garaje. El complejo era una extraña combinación de estación de esquí y base militar. Las paredes de piedras del edificio principal brillaban rosadas con la última luz del día, y en este momento, el Castillo Matsumoto se llenaba de actividad. Más de quinientas almas consideraban este lugar su hogar, y entre ellos estaban los Amaterasu, Susano, y algunos de los Pami, los seres humanos que servían a su causa.

Yunho apagó el motor de la furgoneta y acarició la mejilla de Jaejoong para despertarlo. Su piel era tan cálida y suave para las manos llenas de cicatrices de los combates, que el estremecimiento de placer que le corrió por el brazo sólo intensificó la sensación. Todavía no podía creer que fuera suyo al menos durante dos días más.


Jaejoong suspiró y echó atrás la cabeza, ofreciéndole a Yunho más de la suave piel para acariciar. Él sabía cómo aprovecharse de una buena situación, pero el orgullo lo detuvo, aunque sin poder evitar deslizar un dedo sobre la luceria. En las horas que habían necesitado para llegar, los colores se habían definido aún más, sus remolinos cada vez más lentos y relajados.

El golpeteo de nudillos en el cristal sacudió a Yunho fuera de la feliz ensoñación, apartando la mano como si le hubieran pillado haciendo algo indebido.

Kwak Aron estaba de pie, en el exterior de la puerta del conductor, lanzándole a Yunho una conocedora sonrisa burlona. Los blancos dientes destacaban en contraste con la piel morena de Aron. Su herencia egipcia era evidente en la remarcada boca y los rasgados ojos castaños. Mujeres y hombres adoraban a Aron. Yunho había oído murmurar acerca de su resistencia y destreza en la cama, y lo último que quería era que Aron fuera lo primero que Jaejoong viera cuando se despertara. No necesitaba ese tipo de competencia.

Yunho bajó la ventanilla.
— ¿Qué quieres? —preguntó un poco más bruscamente de lo que su amigo se merecía.
Kibum se movió de su sueño, dejando escapar un sonido suave, gimoteando. Aron se inclinó para así poder ver mejor.
—Young Woon  está buscándote. Está molesto porque ayer no informaste.
—Sí, bueno, él puede estar molesto. Yo estaba ocupado.
Aron atisbó la forma durmiente de Jaejoong, y Yunho interpuso el cuerpo para bloquearle la visión.
—Ocupado. Ya veo. Dos parejas sin duda le harán eso a un hombre.
—Necesitan nuestra ayuda. Kibum estaba demasiado débil para viajar ayer, si no hubiéramos estado aquí antes.
Como Victoria le había pedido. No estaba deseando enfrentarse a su disgusto.
—Es mejor que se lo digas a Young Woon  antes de que ponga tu culo haciendo guardia en el perímetro durante la temporada de lluvias.
—Creo que hará una excepción esta vez.
Aron sacudió la cabeza con asombro, los ojos deslizándose sobre la luceria que adornaba el cuello de Jaejoong.
—Otra pareja Amaterasu. Este lugar ya se ha vuelto loco desde que Donghae llegó. Una vez que los hombres se enteren de que hay otro…
—Les dará esperanzas —dijo Yunho.
—Enviará a los pocos que quedan aquí corriendo a los cuatro vientos, en busca de sus propias parejas.
— ¿Significa eso que te quedarás aquí mientras todos los demás van de búsqueda?
La puerta de un coche se cerró con fuerza, seguida de cerca por una segunda. El sonido hizo eco en las gruesas paredes de hormigón del gigantesco garaje. Minho debía haber llegado justo detrás de ellos.
—Diablos, no. No, a menos que a alguno se le ocurra aparecer por casualidad antes de que termine de hacer el equipaje —Aron señaló con la cabeza hacia Kibum—. ¿Está bien?
—Espero que sí.
— ¿Quieres que lo lleve al interior? Seré verdaderamente suave para que no se despierte.



—Tócalo y muere, Romeo —dijo Minho detrás de Aron.
Kyuhyun estaba junto a él, con semblante un poco verde.
—Nos alcanzaste rápido —dijo Yunho.
Minho había esperado a que Kyuhyun se alimentara antes de seguir a Yunho y las parejas. Tenían que haber llegado, al menos, una hora después de Yunho.
—Conduces como un viejo —dijo Minho.
—No —argumentó Kyuhyun—. Tú conduces como un loco.


—Yo, felizmente te hubiera dejado en cualquier lugar que tú quisieras, sanguijuela.
— ¿A la luz del día? Que caballeroso eres —dijo Kyuhyun.
Minho le dedicó una sonrisa llena de dientes afilados.
—Por mucho que me encante tu compañía, me voy adentro. Tengo trabajo que hacer —Kyuhyun se marchó hacia la entrada de la sala principal.

Jaejoong cambió de posición al lado de Yunho, frotándose contra el muslo. Se despertó lentamente, el cuerpo al principio, y Yunho no podía hacer nada excepto mirar. Estiró las largas piernas, luego los brazos, luego se enderezó tanto como la cabina de la furgoneta se lo permitía antes de molestarse en abrir los ojos. El espectáculo que, sin saberlo, presentaba con ese encantador estiramiento hizo que cada hombre allí le mirara fijamente. Él se movió para que no estuviera a la vista, al menos para nadie que no fuera él.

— ¿Dónde estamos? —preguntó en un bostezo.
—En casa.
Él no dijo de quién. Esperaba más de lo debido que fuera su casa también, tanto como él sería suyo muy pronto.
— ¿Ya? ¡Qué rápido! —miró a Kibum y apretó la mano contra la frente de su hermano. Kibum no se movió—. ¿Ha estado durmiendo todo el tiempo?
—Sí. Pero, ha estado haciendo algunos ruidos.
Minho rodeó la furgoneta, el sonido de sus ruidosas y pesadas botas retumbando sobre el cemento.
— ¿Qué clase de ruidos? —preguntó Jaejoong.
—Nada horrible —dijo Yunho cuando Minho abrió la puerta lateral de los pasajeros.
Los gemidos habían estado partiéndole el corazón, pero no sentía la necesidad de compartir esa información con Jaejoong.
—Jaejoong, este es Kwak Aron.
—Encantado de conocerlo —dijo a través de la ventanilla abierta.
Aron sonrió, bajó la cabeza en una pequeña reverencia formal, y le ofreció la mano.
—Es un placer, mi lord.

Jae le dio la mano con un breve apretón y los ojos de Yunho se fijaron en la luceria de Aron, buscando la más mínima señal de que pudieran ser compatibles. Nada cambió, y Yunho dejó escapar en silencio un suspiro de alivio.
La sonrisa de Aron se desvaneció cuando se dio cuenta de lo mismo. Él no podía salvarlo.
— ¿Cuándo es su ceremonia? —preguntó Aron.
—Todavía no estoy seguro.
—¿Qué ceremonia? —preguntó Jaejoong, frunciendo el ceño.
—Algo que hacemos para las parejas como tú. No te preocupes por nada.
Minho desabrochó el cinturón de seguridad de Kibum y deslizó los brazos por debajo de su cuerpo.
— ¿Adónde lo llevo? —preguntó él.
—Lo puedo llevar yo —dijo Jaejoong, frotándose la cara con las manos como si tratara de despertarse—. No tienes que molestarte.
Minho resopló.
—Kibum no pesa lo suficiente como para ser una molestia. ¿Por dónde?
Jaejoong dejó escapar un suspiro de resignación.
—Donde quiera que estén las instalaciones médicas, supongo.
—Nuestros médicos visitan a domicilio —dijo Yunho—. Tenemos una enfermería, pero no creo que le gustara. Demasiado estéril y fría. Se sentirá más cómodo si tú estás cerca.
— ¿Dónde me quedaré?
Yunho bajó la voz.
—Yo esperaba que te quedaras en mi habitación —preferentemente desnudo, pero aceptaría lo que pudiera conseguir.
Jae se sonrojó como si le hubiera leído el pensamiento, lo que hizo que Yunho soltara una carcajada. Tal vez tenía una veta de timidez en algún lugar después de todo.
Jaejoong inspiró y expiró con aire de indiferencia.
—Vamos a la habitación de Yunho. ¿Sabes el camino?
Minho no respondió, pero cambió de dirección llevándose en brazos a Kibum hacia la puerta.
—Le haré saber a Young Woon  que has llegado —dijo Aron—. Pero iré despacio para que tengas ocasión de… instalarte —le guiñó un ojo a Jaejoong y corrió tras Minho, abriéndole la puerta para que no tuviera que empujar a Kibum.
Jaejoong todavía estaba ruborizado, lo cual decidió Yunho, era una buena apariencia para él. Especialmente cuando su rubor se extendiera por su increíble torso y abdomen, siendo él la causa de ello.
La puerta del edificio principal se cerró detrás de los hombres, dejándolos a solas.
Yunho le tomó de la mano y deslizó la punta de los dedos por la sedosa piel.
—Aquí habrá un montón de gente que quiera conocerte. Especialmente nuestros hombres. Todos ellos querrán hacerte su juramento. Esa es la ceremonia de la que Aron estaba hablando.
—Me reuniré con quien quieras, y dejaré que todos ellos se golpeen el pecho o se corten a sí mismos o lo que sea necesario para conseguir ayuda para Kibum.
—Me imaginé que era eso lo que sentías. Simplemente, no quería que te cogiera por sorpresa. Te ha sucedido muchas cosas en un tiempo realmente corto.
Jae giró la mano y entrelazó los dedos con los de él. Su agarre era apretado, casi desesperado.
—Soy duro. No te preocupes por mí.
—Lo siento. Es mi trabajo. Además, alguien tiene que hacerlo.
Le apartó la mirada, pero no antes de que él pudiera ver el brillo de las lágrimas iluminándole los ojos.
—Debemos irnos. No me gusta dejar solo a Kibum.
—No está solo. Minho está con él —dijo Yunho, y después de sus palabras, se dio cuenta de la connotación—. Correcto. Debemos irnos.


Este fic es una adaptación, no es mío, yo sólo lo adapto. OJO NO ES MÍO YO SÓLO LO ADAPTO. ORIGINAL: ENCONTRANDO LO PERDIDO  - SHANNON K. BUTCHER. PAREJA PRINCIPAL: YUNJAE