domingo, 12 de enero de 2014

CAPÍTULO 20

CAPÍTULO 20


Minho sintió como si la piel le fuera a reventar. Necesitaba sexo, pero no podía conseguirlo aquí... al menos, no de la clase que necesitaba para alejarse del borde. Las mujeres Pami... ‑especialmente Min‑ no estaban dispuestas a recibir lo que él necesitaba dar. Simplemente no podía hacerlo. Terminaría lastimando a una de ellas, y entonces habría mucho que pagar.
La violencia era su segunda elección. Había un mundo entero lleno de Yokai allí afuera que necesitaban ser asesinados, pero no podía resignarse a dejar el Castillo Matsumoto para hacer el trabajo. No podía resignarse a dejar a Kibum.
Joder.
Empujó la pesada barra de las pesas arriba otra vez, esperando que el esfuerzo físico de levantar pesas lo mantuviera centrado sólo algunas horas más. El sudor le brotó del cuerpo y sintió el corazón como si fuera a explotar, pero continuó empujando.
— ¿Necesitas algo? —preguntó Joon.
El cuerpo del Amaterasu estaba repleto de músculos. Era más que capaz de echarle una mano a Minho.
—Atrás —gruñó Minho.
—Como quieras —dijo Joon—. Necesito regresar a entrenar de todos modos. La hora del recreo se acabó.
Pero el hombre no se fue. Estaba allí, observando silenciosamente mientras Minho empujaba la barra de nuevo hacia arriba.
— ¿Qué diablos estás mirando? —preguntó Minho.
Joon encogió los enormes hombros.
—Nada. Simplemente me preguntaba si has escuchado la llamada de la sangre.
—No estoy interesado.
Los brazos de Minho se estremecieron mientras traía de nuevo el peso hasta el pecho.
— ¿Estás seguro? Escuché que Yunho ha encontrado a una pareja Amaterasu. Él tiene un hermano totalmente de sangre que está enfermo.
—Yo estaba allí. Sé todo sobre eso.
Joon se agachó y los ojos se iluminaron con interés.
— ¿Lo has conocido?
—Sí.
—Así que, ¿vas a dar sangre?
—No es mío. No es mi problema.
Joon hizo un sonido de disgusto.
—Bastardo egoísta. Solamente porque no es tuyo no significa que no debas ayudar.
—Claro que sí.
Los brazos comenzaron a temblar bajo la tensión del peso. Los músculos le ardían y  aspiró algo de aire para echarles combustible.
—Él puede no ser compatible conmigo, tampoco, pero voy a donar.
—Bien por ti. Mejor para las sanguijuelas —dijo Minho.
Esta orden de sangre le recordaba demasiado la manera en la que había sido con Torr. Casi cada hombre aquí había sangrado para Siwon y, aún así, no había sido lo suficiente como para salvar a Torr. El pobre desgraciado estaba todavía vivo, pero encerrado dentro de su cuerpo inútil, atrapado e incapaz de salir.
Minho habría preferido morir.
¿Qué pasaría si eso era lo que le sucedía a Kibum? ¿Qué pasaría si no pudieran salvarlo?
Joder.
—Mejor para el chico—respondió Joon—. ¿Cómo puedes vivir contigo mismo, hombre? ¿No te preocupas por nadie sino por ti mismo?
—No.
Minho sacudió la barra y se puso de pie. No podía estar ahí y no hacer nada, por lo que tenía que salir de aquí antes de que se volviera loco. Iría a buscar una prostituta. Tener sexo. Tal vez seguirles la pista a algunos indeseables.
—Eres una vergüenza —dijo Joon—. Hicimos un voto para proteger a los demás incluso si costaba nuestras propias vidas. Donar sangre ni siquiera hace daño.


La camiseta de Minho escondía el hecho de que la marca de vida estaba en su mayor parte desnuda. La Banda le había entintado con un par de hojas falsas que eran lo bastante buenas como para engañar a alguien que no mirara demasiado de cerca, pero Minho no confiaba en que Joon no las viera. Nada lograba escapar a ese hombre. Si descubriera que se le había acabado el tiempo, podría enviarlo a los Tsukuyomi’s antes del amanecer. Fin del juego.
—No dejaré que ningún parásito chupasangre entre en mi cabeza —dijo Minho.
— ¿Aunque signifique que el chico muera?
—Él no va a morir.
Minho agarró una toalla y se limpió el sudor del cuerpo. Estaba cansado de estar en público, cansado de pretender que era aún uno de ellos.
—Tú no sabes eso, pero espero que tengas razón. Por tu bien, como por el del chico. Esa clase de culpa es una carga pesada.
¿Qué pasaría si Joon tenía razón? ¿Qué pasaría si no conseguían suficiente sangre para él? La mayoría de los hombres estaban lejos buscando a sus propias parejas y casi nadie estaba en casa. Podían pasar días para que todos ellos regresaran. Días que Kibum no tenía.
Joder.
No podía dejar que eso ocurriera. No a Kibum.
Se fue pisando fuerte lejos de Joon y llamó a Baekho.
La voz sorprendida de Baekho llegó desde el otro lado de la línea.
—Minho. Tú nunca llamas. Nunca escribes. Comenzaba a pensar que a ti no te importaba.
—Joder con la cháchara. ¿Dónde está Siwon?
—Suenas serio. Espera un momento —dijo Baekho. Había alguien escribiendo al fondo. Entonces, el líder de la seguridad regresó a la línea—. Se dirige al comedor, hacia el ala Susano.
— ¿Puedes detenerlo?
—Seguro. Cerraré las puertas, pero por qué...
Minho colgó el teléfono y echó a correr. Las personas lo miraban extrañadas mientras  pasaba rápidamente, pero no les dijo una mierda.
Siwon estaba cerrando la puerta cuando Minho lo encontró. La sanguijuela se dio la vuelta y sus ojos helados se ampliaron con miedo.
Bien. Eso iba a facilitar el asunto.
Minho escudriñó las paredes buscando la cámara de seguridad, la encontró y la arrancó. Pedacitos de plástico se desmoronaron en el puño y dejó caer el roto desorden al suelo de baldosas.
—Minho —dijo Siwon. Sostuvo las manos alzadas, frente a él—. ¿Qué estás haciendo?
—Él se está muriendo, ¿verdad?
Siwon pestañeó durante un momento, como si no hubiera esperado la pregunta, y le llevó un segundo entender.
— ¿Kibum?
—Sí. Kibum.
—Voy a hacer todo lo que pueda por él.
—No contestaste la pregunta.
Los ojos de Siwon se movieron alrededor como si buscara un escape.
—Lo siento. Me temo que así es.
— ¿Puedes curarlo?
—Aún no lo sé. Todavía tengo que hacer un poco de investigación y ver si esto ha ocurrido antes. Y siempre está el asunto de tener fuerzas para ayudarla cuando averigüe cómo.
Minho se acercó más y habló bajo para que nadie más pudiera escucharle.
—Toma la mía.
Siwon se apretó más fuerte contra la puerta, como si intentara escapar.
— ¿Qué?
Minho extendió el brazo.
—Toma mi sangre. Úsala para salvarlo.
Los ojos del Susano llamearon con hambre.
—Tú nunca le has dado tu sangre a ninguno de nosotros.
—Sé jodidamente eso. ¿La quieres o no? —Minho osciló de arriba abajo el grueso brazo delante de la sanguijuela.
—Sí.

Fue un siseo escalofriante, que hizo dudar a Minho durante una fracción de segundo. Sabía que iba a arrepentirse de esto... sólo que no le importaba.
— ¿Cuánta? —preguntó Siwon, lamiéndose los labios.
—Lo que necesites para salvarla.
Minho no iba a durar mucho más tiempo de cualquier manera. Al menos, podía hacer algo decente con su sangre.
Tentativamente, Siwon envolvió los dedos delgados alrededor del brazo de Minho y se llevó su muñeca hasta la boca. Minho había esperado que eso doliera, pero en su vida había tratado con tanto dolor durante tanto tiempo, que un par de pinchazos de colmillos ni siquiera se notaron. Todo lo que sintió fue un movimiento fuerte tirando de la piel y, aún eso, empezaba a desvanecerse en unos momentos.
Lentamente, una clase nebulosa de debilidad llenó las extremidades de Minho. No le molestó o le preocupó, pero supo que no estaba bien. El cuerpo se volvió pesado, y decidió que era una buena idea sentarse. Siwon pareció más fuerte de lo normal y no tuvo ningún problema bajándolo al suelo sin romper el agarre en el brazo de Minho.
Un zumbido le llenó la cabeza y los ojos se volvieron pesados. En realidad, necesitaba una siesta y deseaba como el infierno poder enroscarse alrededor de Kibum para que nadie pudiera llegar hasta él.
El extraño pensamiento se fue tan rápidamente como llegó. De cualquier manera, Minho no tenía fuerzas para caminar ahora mismo. No es que a él le importara. No se preocupaba por una maldita cosa.




Siwon se sintió como si volara. Por primera vez en decenios no estaba hambriento. No estaba frío. El poder le gritó a través de las venas, una mezcla tóxica de fuerza e invencibilidad. La sangre de Minho era pura. Nadie más alguna vez había compartido su vasto poder, el cual había crecido a través de los siglos. Siwon nunca había saboreado nada como esto, y probablemente nunca lo haría otra vez.
Lo que había bebido de Minho era suficiente para alimentarle el cuerpo durante decenios si limitaba la cantidad de magia que usaba. Una lástima que no pudiera guardarse todo ese mareante poder. Tenía que compartirlo.
Kibum no era él único necesitado. El egoísmo no era una opción si su especie iba a sobrevivir. Tres veintenas de Susano ocupaban la cámara dormitorio en las profundidades del recinto, y distribuida entre ellos, tras ayudar a Kibum, sólo duraría algunos meses en el mejor de los casos. Pero al menos, esos eran algunos meses más de los que tenían ahora.
Siwon cerró violentamente la puerta abierta con un estrépito metálico, dejando a Minho caído en el pasillo detrás de él. Ya que la cámara de seguridad había sido inutilizada, Siwon estaba seguro que Baekho vendría en cualquier momento para ver que había pasado con su preciosa tecnología. Los hermanos de Minho se ocuparían de cuidarle.
Siwon se preguntó si los demás sabrían lo que Minho les estaba escondiendo a todos ellos... que su alma había comenzado a morir.
Brevemente pensó en decírselo, pero no era para nada asunto suyo y no quería dar a conocer cuánto podía saber de una persona cuando bebía de ella. Sólo ahuyentaría a los demás cuando su tiempo se volviera breve.
Además, Siwon tenía bastantes secretos propios que guardar. Tenía planes más importantes para el resto de ese poder.
Siwon bajó hasta el nivel inferior del ala del sur y cuatro tramos de escalera, más allá de seis fases de seguridad que aseguraban que sólo los de su especie pudieran pasar. Había actualmente paz entre ellos y los Amaterasu, pero no siempre había sido así. Los Susano’s eran demasiado vulnerables cuando dormían. Sería muy fácil arrasarles si otra guerra estallaba. El secretismo y su utilidad en sanar eran la única protección que tenían, y utilizaban ambos con la mejor ventaja posible.
Abrió la pesada puerta de acero, que usualmente hubiera desplazado con la fuerza de los brazos, pero hoy necesitó solamente una ayuda leve para enviarla a volando. Chocando contra el muro de piedra con un estallido metálico, sobresaltando al Susano que ejercía la vigilancia sobre los que dormían.


Ryeowook se disparó sobre sus pies, escondiendo el libro que había estado leyendo tras la espalda. Era medianamente pequeño para uno de su especie, pero más musculoso. Era como si la falta de sangre no le hubiera puesto obstáculos a la fuerza de su cuerpo. Ryeowook tenía ojos del color verde del pasto puestos en una cara infantil que aún tres siglos no habían podido envejecer. El Susano aparentaba perpetuamente dieciocho y era, típicamente, tratado con el mismo nivel de respeto.
—Me sorprendiste —dijo Ryeowook.
— ¿Poniéndote al día con tu lectura? —preguntó Siwon.
—Se lo pedí prestado a Sungmin.
Siwon arrugó la nariz de aversión.
—Dime que no es una de sus novelas de vampiros eróticas.
La cara de muchacho de Ryeowook se ensombreció.
—Él dijo que era una de las mejores. Sólo pensé en echarle un ojo.
Siwon sacudió la cabeza.
—Deberías ser fiel a los clásicos. Eso pudrirá tu mente.
—No ha dañado a Sungmin. Ese hombre es más listo que el resto de nosotros juntos —Ryeowook marcó la página en el libro y lo dejó a un lado—. ¿Qué estás haciendo aquí, de todos modos?
—He venido a alimentar a los demás.
Los ojos de Ryeowook se oscurecieron de hambre y excitación.
— ¿el chico nuevo? ¿Fue sangrado?
Siwon decidió mantener la fuente verdadera del poder para sí mismo.
—Él mismo, pero te sugiero que guardes la distancia. Su Amaterasu es muy… protector.
—No puede estar en todos los sitios a la vez. Le encontraré a solas y…
—No harás nada de eso. Dejarás solo al chico —Siwon imbuyó las palabras con un indicio del poder recién adquirido, obligando a Ryeowook a escuchar y obedecer.
Ryeowook le dirigió una rápida inclinación de cabeza.
Siwon fue al final de una larga pared. Encerrados en esa pared, estaban docenas de durmientes Susano. Permanecerían en su sueño, mágicamente inducido, durante cincuenta años antes de despertarse. Era la única manera de resistir el decreciente suministro de alimento. Cada año, más Susano iban al sueño y menos se despertaban. Aún en el sueño, algunos de ellos morían de hambre. Sin más alimento... sin más de poderosa sangre... había poco que nadie pudiera hacer.
Siwon oprimió una sección de la pared y se abrió para revelar un pequeño tazón de piedra. Al pie del tazón había un hueco que se dirigía a una serie de tubos que alimentaban a cada uno de los Susano durmientes. No se requería mucha sangre para mantenerlos vivos, pero tenían que tener algo, y habían pasado casi dos meses desde su última alimentación.
Al menos en el sueño no sentían hambre. Siwon deseaba poder decir lo mismo.
Sostuvo la muñeca sobre el tazón y deseó que la carne se abriera. Sangre roja oscura goteó de la pequeña herida al tazón. Con cada gota que fluía, Siwon sentía menguar el poder. Antes de que estuviera demasiado débil, cerró la carne y se lamió los restos de sangre de la muñeca. No podía desperdiciar ni una gota.
El subidón de estar saciado se fue y las punzadas familiares del hambre volvieron de regreso. No tanto como antes, pero no eran agradables. Era fácil ahogarlas por completo cuando estaba trabajando, y tenía un montón de trabajo que hacer. No sólo la situación de Kibum requería su completa atención, sino que también tenía que sacar en claro cómo habían pasado desapercibidas semejantes líneas de sangre pura. Primero Donghae y ahora Jaejoong y Kibum. Si pudieran encontrar a más parejas como ellos, podría salvar a su gente del hambre.
Era más esperanza de la que habían tenido en décadas.
— ¿Vas a compartir conmigo, hermano? —preguntó Ryeowook.


Le dio a Siwon una jarra de solución salina para limpiar el interior del sistema de tubos y hacer posible que toda la preciosa sangre fuera al interior de los Susano’s.
Siwon estimaba al hombre de aspecto joven. Ryeowook nunca le había llamado hermano antes. Qué extraño que lo hiciera ahora.
—Cuando estés dormido y desvalido como un bebé, te alimentaré. Hasta entonces, debes encontrar tu propio alimento. Quedan muchísimos humanos proveedores de sangre en el complejo. Pídeles a ellos que te sustenten.
—Ninguna de sus sangres corre tan pura como la que olfateé en tus venas cuando llegaste. El poder debe sentirse increíble.
Los ojos de Ryeowook estaban demasiado brillantes. Demasiado avaricioso. Quizás ya era hora de que él estuviera en estado de letargo. Cualquier Susano que se volvía demasiado desesperado se convertía en una responsabilidad. Su especie no podía permitirse más debilidad de la que ya sufrían.
—Enviaré a alguien que te exima de tu deber de guardia mientras encuentras sustento —dijo Siwon mientras salía de la cámara.
Apenas logró cerrar la pesada puerta, y para cuando lo hizo, temblaba por el esfuerzo.
No iba a durar mucho más tiempo antes de que, también, tuviera que dormir. Antes de ese momento, tenía que descubrir cómo salvar a su gente de la inanición, y estos chicos eran la clave.
Se había asegurado de eso mientras se había alimentado de Jaejoong…  alterando la esencia de él ligeramente para asegurar que su especie fuera alimentada.
A Siwon en particular no le gustaba manipular a las personas, pero no había tenido alternativa. Su gente se moría de hambre y había estado desesperado por actuar mientras tuviera la oportunidad. Yunho era un guerrero formidable y tuvo bastante tiempo a solas para manchar la percepción de Jaejoong por su raza. Los Amaterasu miraban por encima del hombro a los Susano... pensando en ellos como bárbaros por su necesidad de beber sangre.
Siwon no había pedido nacer como era... incapaz de vivir sin la sangre de otros. Había sido víctima de las elecciones de sus padres así como cualquier otro niño. No podía evitar la sed de sangre más de lo que un niño deforme podía evitar su defecto de nacimiento. No era justo que su gente debiera sufrir, y era su deber lograr que sobrevivieran.
Había hecho la única cosa que podía, mientras Yunho estaba distrayendo tan afanosamente a Jaejoong con sus besos. Sólo rezaba para que lo que le había hecho a él funcionara. A los Susano se les estaba acabando el tiempo, y los restos remanentes de la sangre de Izanagi en la descendencia humana eran demasiado débiles para sostener a su raza durante más tiempo.

No había tenido alternativa. Había hecho lo que se vio forzado a hacer. Esperaba que un día, si  alguna vez se enteraba de su manipulación, Jaejoong viera eso y lo perdonara.



Este fic es una adaptación, no es mío, yo sólo lo adapto. OJO NO ES MÍO YO SÓLO LO ADAPTO. ORIGINAL: ENCONTRANDO LO PERDIDO  - SHANNON K. BUTCHER. PAREJA PRINCIPAL: YUNJAE

sábado, 11 de enero de 2014

CAPÍTULO 19


CAPÍTULO 19


Jaejooong cerró las rodillas para evitar caerse.
— ¿Estás seguro? Pensé que estaba mejorando cuando Minho consiguió que comiera. Nunca me habría apartado de su lado si hubiese pensado lo contrario.
La culpabilidad le consumía revolviéndole el estómago. Estaba tan enredado con Yunho y su mundo que ni siquiera había notado que su hermano había empeorado.
—No ha estado inconsciente durante mucho tiempo, puedo sentirlo desvaneciéndose. Su cuerpo se está debilitando.
— ¿Qué hacemos?
—No lo sabré hasta que tome algo de su sangre.
—Si está débil, eso sólo empeorará las cosas.
—No. Sólo necesito una o dos gotas —mantuvo la mirada pidiendo permiso.
Jaejoong no tenía elección. Ninguna opción.
—Está bien, pero no mucha.
Siwon asintió con la cabeza, y se puso el dedo de Kibum en la boca. Jaejoong lo vio perforar la punta con los afilados colmillos, y con la misma rapidez deslizó la lengua, sellando la piel.
Se quedó paralizado. La mano de Kibum se deslizó de las suyas y cayó de vuelta a la cama. Los ojos comenzaron a girar rápidamente como locos, exactamente como Kyuhyun había hecho, y un profundo gemido le brotó de la garganta.
Jaejoong contuvo el pánico. No sabía lo que estaba pasando, pero no iba a dejar a Kibum en medio si Siwon comenzaba a retorcerse. Rodeó la cama para coger a Kibum en brazos y sacarlo de allí cuando los ojos de Siwon desaceleraron, dejando escapar un duro suspiro.
— ¿Estás bien? —preguntó Jaejoong.
No parecía escuchar.
—Este pobre niño —susurró mirando a Kibum como si ya estuviera muerto.
— ¿Qué pasó? —exigió Jaejoong.
—Su sangre —se limpió la boca como si no quisiera arriesgarse a probar más—. Sé porqué está sufriendo —miró a Jaejoong y su expresión era la de un médico que daba a un miembro de la familia la peor noticia posible—. Lo siento —prosiguió—. Puedo obligarlo a comer, y ayudar al cuerpo a sanar, pero no hay nada que pueda hacer por su mente.
Jaejoong contuvo las lágrimas gracias a la fuerza de voluntad.
— ¿Qué es? ¿Qué le pasa?
—De alguna manera un Yokai consiguió su sangre.
Jaejoong sabía cómo.
—Nuestra familia fue atacada cuando tenía doce años. Uno de esos monstruos le desgarró la pierna.
No se atrevía a decirle que el monstruo había bebido la sangre de Kibum de la herida, y que no había hecho nada para detenerle. Simplemente siguió de pie, dejando que sucediera.
—Es un milagro que esté vivo. Las garras y saliva son venenosas.
—Estuvo enfermo durante mucho tiempo, pero mejoró. Al menos pensé que lo hacía. Me llevó un tiempo darme cuenta de que no era... él mismo.


Aquellas primeras semanas habían sido casi más de lo que podría soportar. Su madre había muerto. Su hermano menor había desaparecido y presuntamente muerto, aunque Jaejoong se negaba a creerlo. Kibum había estado en el hospital, aferrándose a la vida por un hilo. Jaejoong estaba solo, tomando todas las decisiones por sí mismo. Tenía diecinueve años, acaba de empezar la universidad. Apenas tenía la edad suficiente para vivir por su cuenta, y mucho menos cargar en las manos con el futuro de dos niños. Se debatía entre la búsqueda de Ren, o permanecer con Kibum. Trató de hacer ambas cosas, por lo que el agotamiento lo llevó al hospital, así que la elección la tomaron por él.
Hubiera querido volver con su madre a toda costa, agarrarla y que le dijera que todo iba a estar bien. Pero mamá había muerto, y los médicos seguían buscando a Jaejoong para todas las decisiones. No tenía más remedio que aguantar. Y lo hizo.
—Tu hermano es psíquico, ¿verdad? —preguntó Siwon.
Jaejoong asintió lentamente. Siempre lo consideró como espeluznantes coincidencias, pero era verdad. Kibum había sabido de un montón de hechos que no debería conocer.
— ¿Por eso está así? ¿Por qué cree ver cosas que no están ahí?
—La sangre que le fue tomada ha creado una relación con el Orochi que la bebió, una especie de conexión mental. Podría haberlo resistido, pero se puso peor. De alguna manera la sangre de la criatura ha sido consumida por muchos otros. La presencia de Kibum dentro de ese Orochi se dividía cada vez que su sangre era transmitida a otro. Por lo que puedo decir, eso ha ocurrido más de una vez.
— ¿Puedes decirme todo eso a partir de una o dos gotas de sangre?
—Sí —no parecía muy feliz por ello.
— ¿Entonces por qué no podrías solucionarlo?
—No soy lo suficientemente experto. Hay un Susano en Europa que puede serlo, pero no es seguro.
Rabia desesperada inundó a Jaejoong hasta hacerlo estremecer.
— ¿Por qué diablos no?
—Porque Kibum ha sido seccionado en demasiados fragmentos. No es suficiente con tratar de unirlos. Incluso si pudiéramos, es probable que las cicatrices le arruinen la mente. Es mejor si lo dejas ir. Poner fin a su sufrimiento.
—No —susurró Jaejoong. No podía dejar ir a Kibum también. No podría estar solo.
Calor, fuertes manos se posaron en los hombros. Yunho. Ni siquiera le había visto entrar en la habitación.

—Ya le has oído, Siwon —dijo Yunho—. No vamos a dejarlo ir. Puedes tener toda la sangre que necesites, pero no puedes abandonarlo.
Siwon se puso en pie.
—Como desees. Voy a investigar lo que debe hacerse.
— ¿Cuánto tiempo llevará? —preguntó Jaejoong.
—No debo actuar sin hablar con mis hermanos y reunir fuerzas.
—Voy a llamar a los Amaterasu para donar sangre por la causa. Todos los hombres están esperando que Kibum sea su caballero. Debes conseguir bastantes voluntarios —afirmó Yunho.
—Haz que se reúnan conmigo en el salón después de la puesta de sol de mañana. Voy a necesitar al menos ese tiempo para prepararme.
—También vamos a hablar con Victoria, tan pronto como vuelva.
—Bien —dijo Siwon—. Cualquier consejo que pueda dar será bienvenido.
— ¿Desde cuándo sigues su consejo? —preguntó Yunho.
—Desde que la vida de esta chico pende de un hilo —Siwon dio media vuelta y se fue.
Jaejoong no podía moverse, no podía hablar. Había luchado tanto tiempo y tan duramente por Kibum, y aún no había sido suficiente. Nada de lo que había hecho nunca había sido lo suficientemente bueno cuando se trataba de su familia. Había fracasado una y otra vez, y nada de lo que había oído le hacía creer que esta vez sería diferente.
—Lo siento —susurró a su hermano—. Lo siento, nene.


Yunho acercó la espalda contra su pecho, estrechándolo. Los brazos se sentían calientes, fuertes, y reconfortantes. Parte de él quería girarse hacia Yunho y esconderse en su fuerza, pero el resto quería apartarle de un empujón y gritarle por hacerlo sentir débil. No podía ser débil ahora mismo.
—Basta ya —exclamó—. Deja de apartarme. Estamos juntos en esto.
—Es mi hermano.
—Y tú eres mi esposo, lo que le convierte también en mi hermano.
La conmoción le congeló la lengua por un momento. Se dio la vuelta y le miró.
— ¿Esposo? Nunca estuve de acuerdo con eso.
—Llevas mi luceria. Es lo más cercano al matrimonio para mi pueblo.
—No estamos casados.
Él hizo una mueca endureciendo la mandíbula.
—Bien, no estamos casados como tú lo conoces, pero todavía siento que es mi familia. Haría cualquier cosa en mi poder para salvarlo.
Tenía razón. Jaejoong estaba alejando al único aliado que tenía.
—Lo siento. Sé que estás tratando de ayudar.
—Al igual que Minho. Pero le despediste.
—Porque es inestable. Lo dijiste tú mismo.
Yunho le alisó el pelo apartándoselo de la sien. El toque era suave, casi cariñoso.
— ¿Siglos? ¿Vives tanto tiempo?
—Tú también.
La conmoción recorrió a Jaejoong haciéndolo callar. No parecía posible, pero últimamente había mucho de eso a su alrededor.
Reunió suficiente ingenio para hablar, aunque no lo bastante como para abstenerse de expresar impulsivamente la verdad.
—Vivir ocho años con la culpa de dejar morir a mi familia, de no ser capaz de ayudar a Kibum, es más que suficiente. No me puedo imaginar varias vidas con este tipo de tortura.
—Nadie dijo que la longevidad fuera fácil. Todos llevamos una carga, y en el caso de las parejas Amaterasu alfa también podemos soportar décadas de aplastante dolor. Ese dolor hace brutal a Minho, pero te juro que nunca le haría daño a Kibum.
—No podemos correr ningún riesgo.
—Kibum parecía mejor cuando él estaba cerca.
—Fue una coincidencia.
Yunho negó con la cabeza.
— ¿Y si no lo fuera? Kibum necesita toda la ayuda que pueda obtener.
—Lo pensaré.
—Está bien. Muy bien —lo besó en la cabeza y se alejó—. Iré a reunir a los hombres y conseguir que alimenten a Siwon, así estará lo suficientemente fuerte como para ayudar.
—Luego quiero que vuelvas, así también podemos tratar de ayudarle otra vez.
—Lo que quieras, Jaejoong. Es tuyo.




Yunho tuvo que luchar para irse y dejar a Jaejoong. Necesitaba consuelo, y quería quedarse ahí, donde podía abrazarlo. Pero necesitaba más a Kibum, por lo que se obligó a salir y hacer lo que pudiera para ayudar.
Encontró a YoungWoon  sentado en la oficina a pesar de que ya había pasado la hora que debería haber terminado de trabajar por hoy. A través de la ventana detrás de él, Yunho vio varios Amaterasu y humanos en el patio de entrenamiento practicando esgrima o levantamiento de pesas. YoungWoon debería haber estado allí con ellos, desahogando un poco de fuerza para aliviar el dolor que Yunho sabía que sentía. En lugar de eso YoungWoon  estaba aquí en su oficina, estudiando minuciosamente un gran mapa. Perezosamente, deslizaba los dedos de una parte a otra sobre la luceria alrededor del cuello. A pesar de que Young Woon  estaba desvinculado, se había negado a visitar a Kibum para ver si podría ser su compañero.
Yunho iba a tener que hacer algo para cambiar esa mentalidad. Más que cualquiera de los Amaterasu, YoungWoon  necesitaba mantenerse fuerte para poder guiar a su pueblo. Sin él sería el caos, y la gente que amaban moriría.
Yunho entró en la sala para tener una mejor vista, y reconoció el mapa como una copia de los que utilizaban para el seguimiento de los nidos y avistamientos Yokai. Puntos rojos cubrían el plano, circundando todo Castillo Matsumoto como si fuera un ojo de buey.
Se estaban acercando. Ninguno de los Yokai había penetrado a través de su seguridad todavía, pero era sólo cuestión de tiempo antes de que encontraran una manera de entrar.
De ahí el motivo del adiestramiento a los humanos. No había ninguna garantía de que los Caballeros de la Luz vivieran lo suficiente para protegerles de esa eventualidad. Tenían que aprender a protegerse a sí mismos, aunque Yunho no tenía ni idea de cómo lo harían. Simplemente no eran físicamente capaces de ese tipo de fuerza.
—No quisiera molestarte, pero necesito un favor —dijo Yunho.
YoungWoon se echó hacia atrás frotándose los ojos. Parecía no haber dormido en varios días.
—Claro. ¿Qué es uno más?
—Lo siento. Sé que estas muy ocupado, pero en realidad podría ayudar a largo plazo.
Young Woon  le indicó a Yunho con la mano donde sentarse.
—Escucho.
—El hermano de Jaejoong no pudo recuperarse, aunque Siwon va a tratar de ayudarle. Necesito que hagas un llamamiento de sangre a todos los Amaterasu y Pami.
YoungWoon dejó escapar un profundo suspiro.
—Desde que Donghae se presentó el mes pasado, más y más hombres se han ido a buscar a sus propios compañeros. Ahora que has encontrado a Jaejoong va a ser todavía peor. No quedan muchos Amaterasu aquí, pero voy a dar la orden.
—Tal vez deberías llamar a los hombres que están fuera, atraerles de nuevo con la esperanza de la supervivencia de Kibum. Si él vive, puede ser compatible con alguno de ellos.
—Incluso si lo es, ¿qué pasa con aquellos que no son compatibles? Voy a tener un montón de Amaterasu cabreados en mis manos.
—Es mejor que una pareja muerta.
YoungWoon  levantó la mano como si intentara evitar más presión.
—Lo sé, lo sé. Lo haré.
— ¿Quieres conocerlo primero? —Preguntó Yunho—. ¿Para ver si podría ser tuyo?
YoungWoon mantuvo la cabeza baja, aunque no pudo ocultar la luz de la esperanza que le brilló en los ojos por un momento.
—No puedo hacer eso. Aún las mantengo unidas. Quedaban dieciséis hojas esta mañana. Deja que vayan otros primero.
—Siempre el último de la fila, ¿eh?
—Ese es sólo uno de los muchos beneficios del liderazgo —dijo Young Woon  con un suspiro. Parecía cansado. Consumido.
Yunho sentía la preocupación arrastrándose por él. Si YoungWoon no sobrevivía, tenían pocas esperanzas de mantener alguna apariencia de orden.
—Aún tienes pendientes otros ocho años más de mandato. ¿Vas a seguir?
El hombre se encogió de hombros.
—Probablemente no, pero voy a llegar tan lejos como pueda en mis dos décadas.
—Ven a ver a Kibum —insistió Yunho. Su líder necesitaba ser fuerte. Si tener un caballero a su lado no garantizaba eso, nada más podría hacerlo.
—Tal vez más tarde. Tengo que hacer algunas cosas primero. No te preocupes. Haré la petición de sangre en una hora. Baekho tiene alguna forma de llamar a todos los hombres de vuelta automáticamente a través de mensajes de texto, o algo así.
—Gracias. Esto significa mucho para mí.
—No me des las gracias aún. Una vez que todos los hombres aparezcan, no vas a tener un momento de paz.
—Nadie salvo tú se acercará a Kibum hasta que esté mejor.
Young Woon  se recostó en la silla, los ojos color avellana oscurecidos con preocupación.
—Entonces voy a tener que asignar un guardia. Sabes lo difícil que va a ser mantener alejados a los hombres.
—No es mala idea. Tal vez Eric o Eunhyuk serían una buena elección.
Young Woon asintió. Los dos hombres Amaterasu estaban vinculados. Él estaría a salvo con ellos.
—Están de caza, pero también les informaré. ¿Quién sabe? Incluso Hyesung tal vez podría ayudar. Tiene suficiente capacidad de curación en su interior, y no nos costaría ninguna sangre si lo hiciera.
—Vamos a reunir toda la ayuda que podamos conseguir —dijo Yunho.
Los ojos de YoungWoon volvieron al mapa, y repentinamente parecía más viejo de lo que debería ser.
—Espero que Kibum viva —dijo—. Lo necesitamos para contener a los Yokai.
—Aunque viva, no va a estar en condiciones de luchar.
—Queremos darle tiempo para sanar, por supuesto, pero necesitamos a todos luchando en la frontera. Tú y Jaejoong también tendréis que ir.
Yunho no podía mirarle a los ojos, pero tenía que contarle su fracaso. El hombre no necesitaba más malas noticias, pero Yunho le debía la verdad.
—Creo que cometí un error.
—Únete al club —dijo YoungWoon.
—No, me refiero a uno grande.


Young Woon  se frotó las sienes, como si le palpitaran. La exasperación le llenó la voz.
—Todos los cometemos grandes. En nuestro trabajo, esos son los únicos que hay. ¿Qué no daría por tener facturas impagadas, o un inodoro con fugas o, diablos, incluso un drogadicto adolescente con el que tratar? En su lugar tengo que hacer frente a resolver el destino del jodido planeta. Y la mayoría de las personas a las que intento salvar ni siquiera saben que existo. Si cometo un error, es el fin de la raza humana. Entonces dime, ¿qué es lo que crees que sí es tan malo?
—Me he vinculado a un hombre que no puedo retener.
YoungWoon  se levantó despacio, todos los signos de fatiga desaparecidos.
— ¿Qué quieres decir con que no lo puedes retener? Por supuesto que vas a quedarte con él.
Yunho se miró el anillo. Tres tonos de azul giraban y se retorcían en la banda iridiscente. Mientras el color no se hubiera fijado aún tenía tiempo para desistir, pero él estaría de vuelta donde comenzó con sólo unos días de vida.
—Sólo me dio tres días.
Los hombros de YoungWoon se encorvaron bajo el peso de la noticia.
—Estás bromeando. ¿No sabe lo que está en juego?
—Ahora todo lo que puede preocuparle es su hermano. Dale un poco de tiempo.
YoungWoon golpeó ruidosamente con el puño sobre el mapa cubierto de rojo.
—No tenemos más tiempo. Lo necesitamos. Haz lo que sea, pero que se vincule a ti para siempre.
—No sé…
—Lo juraste, Yunho —exigió YoungWoon dando señales de autoridad en su voz—. Juraste que lo harías.
La urgencia en ceder y cumplir su juramento era tan fuerte que a Yunho se le hizo un nudo en el estómago.
—No puedo. Jaejoong no tiene cabida en nuestro mundo. Si no quiere estar aquí, no lo obligaré a quedarse. Después que nuestro tiempo acabe lo dejaré ir.
— ¡Venga ya! —YoungWoon se inclinó sobre la mesa mostrándole a Yunho un profundo ceño fruncido—. Haz que funcione. Le necesitamos. Es tu deber convencerlo para quedarse y asegurarte que es feliz una vez lo haga.
—No es tan simple.
— ¡Maldita sea, Yunho! Es mejor que te tomes esto en serio. Todos contamos contigo. Todos los Amaterasu te necesitan para que consigas que funcione.
—No puedo obligarlo a quedarse.
—Por supuesto que puedes. Nuestros hombres están ahí fuera todos los días arriesgando sus vidas para que otros ni siquiera conozcan los peligros a los que nos enfrentamos. Permitimos que los humanos vivan en la dicha de la ignorancia, y todo lo que pedimos a cambio es que cuando encontramos a uno de ellos capaz de ayudar en nuestra lucha, lo haga. No es mucho pedir.
—Aparte de que ese alguien sea lo bastante desafortunado como para unirse a la guerra.
—A la mierda con eso —espetó YoungWoon—. Dejé lo de librar una guerra noble. Estamos luchando contra los demonios. Y lo que es peor. Están acercándose cada día más. Todos vamos a morir si no lo impides.
—Así que, ¿ahora también soy responsable de las vidas de todos los Amaterasu? ¿No crees que tenga suficiente presión?
—Aparentemente no, o encontrarías una manera de atarlo a ti tan fuertemente que nunca podría escapar.
—Él no quiere, YoungWoon.
—A la mierda con lo que él quiere. Haz que desee lo mismo que tú.
Magia. Coacción. Eso era de lo que YoungWoon estaba hablando. Yunho lo sabía, porque había tenido los mismos pensamientos.
— ¿No ves ningún problema con eso?
YoungWoon rodeó la mesa agarrando el brazo de Yunho, y arrastrándole hacia la ventana con vistas al campo de entrenamiento. Apuntó con un grueso dedo al cristal.
—Mira ahí fuera. Veo siete buenos hombres a los que no les queda más que un año de vida. Tengo un problema con eso.
Yunho quiso apartar los ojos, pero no pudo. Esos hombres eran sus amigos. Su familia. No podía dejar que perdieran la esperanza. Tal vez Young Woon  tenía razón. Tal vez lo que quería Jaejoong no era tan importante como darle a su pueblo una razón para vivir, la esperanza de que podría haber más parejas ahí fuera como él. La esperanza de que no fueran a  perder esta guerra.
—Mírales bien —dijo Young Woon —. Recuerda esas caras cuando veas a tu señor. Cada uno de esos hombres haría lo que fuera para salvarte. Creo que les debes lo mismo.
Se lo debía. Les debía su vida. Su alma.
Pero no estaba en juego sólo su vida. Era la vida de Jaejoong.
Si no quería quedarse con él, no le obligaría. Sabía lo desesperada que era la situación, pero si tuviera que forzar la conformidad de Jaejoong, no lo merecería.
Yunho calmó los nervios. No le gustaba esto más que a YoungWoon, pero no podía ceder.
—Lo siento, pero no voy a obligarlo. Tiene que ser su elección.
—Entonces, le ruego a Dios que haga lo correcto —la voz sonaba seria, preocupada.
— ¿Qué es lo que no me estás contando? —preguntó Yunho.
YoungWoon sacudió la cabeza. Los hombros parecían inclinarse un poco más hacia abajo, con una carga invisible.
—No podemos dejarle ir. Si no haces lo que sea necesario, encontraré a un hombre que lo haga. Seguro que será compatible con alguno de nuestros hombres.
La ira se alzó en el interior de Yunho, furiosa y desagradable.
—Si lo haces, es mejor que esperes hasta después de dar mi último aliento, ya que cualquier hombre que intente tomarle por la fuerza tendrá que venir por mí primero.
—No matarías a uno de tus hermanos de armas.
Yunho se odiaba a sí mismo al darse cuenta de la verdad. Tal vez sus sentimientos por Jaejoong se intensificaron por la unión que compartían, o tal vez se hubiera sentido de esta manera, independientemente del vínculo. De cualquier manera, no iba a permitir que lo forzaran a una vida de muerte y miedo, a no ser que fuera su elección.

—Por Jaejoong —contestó a Young Woon — haría lo que fuera, es mío.



Este fic es una adaptación, no es mío, yo sólo lo adapto. OJO NO ES MÍO YO SÓLO LO ADAPTO. ORIGINAL: ENCONTRANDO LO PERDIDO  - SHANNON K. BUTCHER. PAREJA PRINCIPAL: YUNJAE