martes, 4 de febrero de 2014

CAPÍTULO 25


CAPÍTULO 25


Yunho llevó a Jaejoong a la habitación de Victoria y permaneció de pie sin estorbar en la esquina mientras él miraba a su alrededor. Nada había sido movido desde que habían descubierto que Victoria se había ido, y la habitación estaba en perfecto estado, con todo en su lugar. Incluso las fruncidas y rizadas cortinas permanecían inalterables por delante de la ventana abierta. El único signo de que un niño había estado en esa habitación era el arrugado cobertor rosa que estaba medio fuera de la ventana. Al parecer, Victoria había sido arrancada de debajo de las mantas mientras dormía.
El segundo dormitorio en la suite de Victoria, en la que su guardaespaldas, JunJin, dormía, era una historia diferente. Aquella habitación era un desastre total. Los muebles se habían roto donde JunJin o los Yokai con los que se había topado habían luchado. La sangre roja salpicaba a través de las paredes y la alfombra, pero no se encontró ninguna aceitosa sangre negra. El Susano todavía no estaba seguro si JunJin iba a vivir o no.
Yunho rezó para que no lo perdieran. De todos los hombres de aquí, era el único que mejor se había resistido al paso del tiempo. Tal vez ése era su papel como protector de una niña que había mantenido su alma joven y su marca de vida fuerte y sana. Si era así, ¿Entonces qué iba a pasarle ahora que había fallado en ese papel?
Quizás sería mejor si moría. Al menos entonces no tendría que sufrir con la culpa de saber que le había fallado a Victoria.
Yunho suspiró. Ahora mismo había demasiado peligro en su mundo. Todos ellos necesitaban de Jaejoong para encontrar y traer de vuelta al único niño que quedaba.
Jaejoong se deslizó por la habitación, recogiendo objetos arbitrariamente aquí y allí. Recogió la muñeca favorita de Victoria, que se había caído al suelo cerca de la cama. Los cristalinos ojos negros contemplándola. Jae acarició los rizos de la muñeca y Yunho estuvo seguro de que había visto el brillo de lágrimas en los ojos de Jaejoong justo un momento antes de que los apartara con un parpadeo.
Yunho ansiaba acercase y consolarlo, pero no se atrevía a interferir. Había que dar con Victoria.
— ¿Cómo lo sabes? —le preguntó.
— ¿Saber qué?
—Que Victoria era hija de Hyesung.
—He visto esa mirada antes tantas veces como para equivocarme en algo así. No hay otra mirada tan desvalida y desesperada como la de un padre que ha perdido a su hijo.
Eso tenía sentido, pero también hacía que Yunho se preguntara por qué él no había sabido quién era realmente Victoria. ¿Por qué no había sido de público conocimiento?
—Realmente desearía que me dejaras solo por un momento —le dijo.
—Lo siento. Eso no va a suceder. —No se alejaría de él ni aunque le hubiese puesto una espada en el cuello. Lo necesitaba, quisiese admitirlo o no.
Jaejoong suspiró.
— ¿No vas a reírte de mí?
Hubo un destello de inseguridad cruzando su cara que sorprendió a Yunho. Siempre lo había visto confiado, y esa pequeña muestra de incertidumbre hacía que deseara poder atraerlo a los brazos y consolarlo.
—Nunca. ¿Cómo podría cuando estás aquí para ayudarme?
—Tengo que imaginar que soy ella. Dormir en su cama. Revivir lo que vio esta noche. Parece algo estúpido de hacer, pero funciona. —Tragó con dificultad, y la única señal de miedo fue el delicado temblor de los dedos alrededor de la muñeca.
Así que, no sólo se le daba bien encontrar niños perdidos. Tenía un don, uno que abundaba en magia, si lo que estaba diciendo era verdad. Yunho hizo una nota mental para transmitir esa información. Aquello podría ayudar a otros hombres a encontrar a más parejas como su Jae.
— ¿Cómo funciona esto? —le preguntó.
—Conecto con ellos. Me pongo en el lugar donde comienza su terror y sigo ese miedo.
Yunho conocía a Victoria de toda la vida y nunca la había visto asustada. No era igual que los niños normales. No había envejecido un día en varios cientos de años y podía ver el futuro.
— ¿Qué pasa si no tienen miedo? —preguntó.
Jaejoong levantó ligeramente un hombro.
— ¿Cómo podía un niño no sentir miedo cuando lo sacan a la fuerza de su casa?
Ella no es realmente un niño, pensó, pero no expresó su preocupación. Ahora mismo Jae necesitaba de su confianza.
—Supongo que eso es verdad. Tendrás que intentarlo.
Jaejoong asintió y se sentó en el borde de la cama.
— ¿Sabes qué llevaba puesto la pasada noche?
—No exactamente, pero siempre le gustaron las cosas con volantes. Todos los tonos pastel con pequeños encajes en el cuello.
—Y ésta es su muñeca. ¿Durmió con ella?
—Probablemente. Siempre está con ella.


Jaejoong se tendió en la cama y se cubrió con las mantas. Abrazó la muñeca contra el pecho y cerró los ojos.
—Dame algo de tiempo en silencio, ¿vale?
Yunho se recostó contra la puerta y se quedó mirándolo. Amaba mirarlo Era hermoso. Tan precioso. Las infantiles cosas colocadas en la habitación mantenían bajo control la siempre presente lujuria, pero eso hacía poco para detener el encogimiento que se le formaba en el pecho al contemplarlo.
Lo amaba tanto. Tenía que encontrar un modo de convencerlo de que se quedara aquí y estuviese con él. Había rechazado su oferta, pero todavía no se había quitado el anillo que le había dado. La banda de oro brillaba alrededor de su dedo, dándole un profundo sentido de satisfacción. No le asombraba que a tantos hombres humanos les gustara adornar a sus parejas de aquella manera, diciéndoles a los demás que habían sido reclamados.
Si sólo aceptase llevarlo por siempre en vez de rechazarlo. No es que lo culpara. Después de lo que había intentado hacer la pasada noche, era una maravilla que no le hubiese devuelto el anillo, o se lo hiciera tragar.
Los minutos pasaban y permaneció en silencio, sin atreverse a moverse por miedo de arruinar su concentración. Al cabo de un rato, se preguntó si simplemente se habría dormido. Sabía lo cansado que estaba, cuan pulverizado debía sentirse después de la batalla.
Estaba a punto de ir a él cuando vio que su cuerpo se ponía rígido. La respiración se hizo más rápida y apretó con más fuerza la muñeca. Ya había cruzado la mitad de la habitación antes de que se detuviera. ¿Qué si eso era lo que se suponía debía pasar?
—La veo —dijo Jaejoong en una voz que sonaba débil y distante—. La tienen los monstruos.
— ¿Qué tipo de monstruos? —preguntó antes de poder detenerse.
No respondió a su pregunta, pero no estaba seguro si era porque no le había oído o porque no sabía cómo responder. No había sido criado como los de su clase y quizás no supiera los varios tipos de Yokai.
—Está viva. Sedienta. No está asustada. ¿Cómo puede no estar asustada? —El tono de Jaejoong estaba lleno de curiosidad antes de volverse aterrado—. ¡Oh, dios! Me ven. Me conocen.
Yunho sintió el pánico cerrándole la garganta, haciéndole difícil el respirar. Jae había hecho algún tipo de conexión con los Yokai, y eso podía no ser una buena cosa.
Se arrodilló al lado de Jaejoong y lo sacudió.
—Vuelve, cariño —le urgió. Atrajo el desmadejado cuerpo entre los brazos y lo sacudió, esperando sacarlo del trance o sueño en el que estaba—. Despierta.
— ¿Cómo pueden conocerme? —jadeó y su cuerpo se tensó—. Quieren mi sangre. La sangre de mi familia. Han conseguido la de Ren y la de Kibum y ahora quieren la mía.
— ¡Despierta! —Le gritó Yunho, y forzó un aguijón de poder en las palabras, obligándolo a obedecer.
Los ojos de Jaejoong se abrieron y el miedo ahuyentó el color de su rostro.
Tiró de él más cerca y le acunó el cuerpo como si fuera un niño.
—Ahora estás bien —susurró—. Vas a estar bien.
—No. No lo estoy —dijo—. No puedo hacerlo.
— ¿Por qué no? ¿Qué ocurre?
—Los monstruos han llevado a Victoria al mismo lugar donde mataron a mi hermano pequeño.
— ¿Estás seguro?
—Sí. Yo… Sentí que Ren había estado allí. —Sacudió la cabeza como si intentara buscarle sentido a eso.
—He estado buscando durante años para encontrar su cuerpo y poder enterrarlo al lado de mamá. Incluso aunque puedo sentirlo, nunca había sido capaz de encontrar ese lugar, no importa cuánto lo haya intentado. Está muy bien oculto. —Clavó los dedos en su espalda y le susurró contra el cuello—: Ya he fracasado, Yunho. Llevaron a Victoria al lugar donde estaba Ren, y nunca seré capaz de encontrarla.



Jaejoong respiró profundamente varias veces, intentando calmarse lo suficiente para pensar. El peso del fracaso lo doblegaba, hundiendo toda esperanza.
—Estoy seguro que eso no es verdad —dijo. Las enormes manos estaban acariciándole la espalda, intentando borrar algo de la tensión—. Encontraremos juntos a Victoria.
Incluso si sabía dónde ir, ¿Cómo podría llegar allí? ¿Cómo podría enfrentarse al lugar sabiendo que ya había dejado que mataran a Ren?
— ¿Y si no podemos?
Podía sentir la fuerza de su juramento a Hyesung tirando de sí mismo, exigiéndole que lo intentara otra vez. El lugar que había visto era tan oscuro y tan lleno de maldad que no quería volver. No quería enfrentar a lo que le había sucedido a Ren. Lo que había dejado que le sucediera al niño que había confiado en que Jaejoong lo mantendría a salvo.
—Podemos —dijo Yunho, la completa seguridad empapando su tono—. Puede que antes no hayas tenido éxito. Pero ahora me tienes a mí. Con toda mi fuerza.
No tenía más elección que intentarlo. Incluso si no le hubiese dado el juramento a Hyesung, todavía tenía que pensar en Kibum. Si hubiese aún la más leve posibilidad de que Victoria pudiera ayudarlo, tenía que encontrarla, sin importar lo horrible que fuese el lugar.
Apartó a Yunho. Apoyarse en él se sentía bien, pero no lo hacía sentir fuerte, y realmente ahora eso era lo que necesitaba.
—Tengo que averiguar cómo llegar allí. Voy a intentarlo otra vez.
Yunho le ahuecó el rostro y le deslizó el pulgar por la mejilla. Los ojos marrones estaban llenos de amor y compasión, incluso aunque se había negado a casarse con él hacía menos de una hora. No tenía idea de cómo podía mirarlo de esa manera sabiendo las cosas que había hecho.
—Estaré justo aquí —le dijo, y presionó un suave beso en su boca—. Sé que puedes hacerlo.
Su fe en él era humillante y no quería defraudarlo.
Se tendió de nuevo sobre la cama, cerrando los ojos, y dando profundas respiraciones. El agradable calor de la mano de Yunho sobre su propia mano le distrajo durante unos minutos hasta que se acostumbró a su toque. Despacio, la piel se calentó a la misma temperatura y la mano se hizo parte de si mismo. Eliminó todos los pensamientos innecesarios y se centró únicamente en Victoria.
Se imaginó a la niña tendida durmiendo en su cama, abrazando su muñeca favorita, completamente inconsciente de que estaba en peligro. Era fácil verla dormir plácidamente con las mejillas sonrosadas y el pelo revuelto alrededor de la cara. Ahora que tenía aquella imagen, trató de imaginarse qué pasó después. ¿Había Victoria oído algún sonido y se había despertado, o había estado dormida hasta el momento en que la arrancaron de la cama? Jaejoong examinó cada posibilidad hasta tener una cierta sensación y la tomó, asumiéndolo en la mente, haciéndolo entrar hasta que la imagen lo rodeó.
Victoria había estado despierta cuando la cosa había venido por ella. Estaba oscuro, tanto dentro como fuera. Ella había oído aquellas garras sobre la ventana cuando se deslizaron por el cristal. Había permanecido allí tendida, congelada en el lugar, pero no por el miedo. Por aceptación. Había sabido que iba a suceder, que no había nada que pudiera haber hecho para detenerlo.
O más bien, que no había nada que ella fuera a hacer para detenerlo, lo cual era incluso peor. De cualquier modo, no había tenido miedo, lo cual era lo que siempre había utilizado como rastro para seguir el camino por el que habían llevado a un niño secuestrado. Sin ese rastro, no tenía forma de descubrir donde había ido Victoria.
Jaejoong buscó algo a lo que agarrarse. Algo que pudiera utilizar. Se esforzó en permanecer relajado y abrió la mente a las posibilidades. Quizás el monstruo había dejado un rastro que podría seguir.
Se sintió rodeado por una sensación de satisfacción, suponía que quizás la cosa sintiera que se había ganado su premio. Allí no había nada con lo que pudiera conectar. La cosa era demasiado inhumana, casi estúpida excepto por la palpitante presencia de hambre que lo controlaba, y eso era demasiado aterrador para centrarse en ello.
Débilmente, Jaejoong fue consciente de que el cuerpo ya fatigado estaba cayendo bajo la tensión de permanecer en ese estado de trance demasiado tiempo. Tenía que darse prisa. ¿A qué se había aferrado antes cuando había encontrado a Victoria por primera vez? Había estado en la cabeza de Victoria, sí, sólo por un momento. Allí tenía que haber algo que pudiera utilizar como rastro. ¿Qué era?
La visión que había creado en la mente comenzó a desvanecerse cuando el cuerpo se rindió; entonces recordó que no estaba sola. Yunho estaba allí. Podía usar su poder.


Alcanzó dentro de sí aquel brillante punto caliente donde la piel hacía contacto con la suya. La luceria alrededor del cuello vibró con energía. Todo lo que tenía que hacer era averiguar cómo usarlo para algo tan delicado como aquello. Luchar era fácil; siempre había tenido destreza para hacer explotar las cosas. Pero esto era otro cantar.
Nada cambió, y estaba perdiendo la fuerza rápidamente. Podía sentir el cuerpo físico sacudiéndose bajo el estrés e intentó ignorarlo.
Desesperado por encontrar a Victoria, se centró en el punto exacto donde la luceria tocaba el anillo a juego. Podía sentir allí una tenue chispa, igual que la electricidad estática arqueándose entre dos puntos. Se estiró por ese punto, agarrándose a ello con toda la desesperación y esperanza. El poder llameó en su interior, llenándole el pecho con calor. Ya no estaba cansado. Ya no estaba débil. Se sentía invencible.
Los instintos le gritaban que se diera prisa, que no tenía tiempo que perder, así que levantó la mano y enfocó todo ese poder de modo que la formara una esfera alrededor del cuerpo. Quería la esfera para que le mostrara donde buscar el rastro, para iluminarlo de modo que pudiera seguirlo. Un lado del globo irradió cobrando vida y supo que ése era el rastro. Lo examinó. Empujándolo hasta que sintió lo que era.
Aceptación.
Victoria había aceptado su destino, y la fuerza de esa emoción era tan poderosa que había dejado un rastro, no tan fuerte como el miedo, pero lo bastante fuerte para que pudiera seguirlo.
Se concentró en esa aceptación, memorizándola hasta que conociera la sensación donde quiera que estuviera, que fuera capaz de seguirla donde quiera que condujera.
Siguió el rastro hacia el sur, su mente yendo tras ello hasta que chocó con una dura barrera. Se encontró a sí mismo en una oscura habitación con una sola bombilla sobre la cabeza. Los límites del cuarto estaban ocultos en las sombras, pero de alguna manera todavía pulsaban con colores. Remolinos de azul y verde florecieron a lo largo de los bordes del desnudo cuarto. Le recordaba el mar que remolinaba sobre las rocas mientras el agua era succionada por la marea de regreso al océano.
Jaejoong había estado antes allí, por un breve momento. Ésta era la mente de Victoria.
Desde las sombras de esas llenas nubes de color, vino una niña. Victoria. Llevaba un vestido blanco con volantes y calcetines de encaje hasta el tobillo con brillantes zapatos de charol. Su pelo era una cascada de perfectos rizos rubios atados atrás con un lazo de satén rosa. En los brazos, llevaba una muñeca que parecía su gemela en miniatura, pero en vez de los ojos pálidos de Victoria, la muñeca tenía vidriosos y muertos ojos negros como los de un tiburón. Era la muñeca que estaba sujetando ahora el cuerpo de Jaejoong.
—No viniste a mí a tiempo —dijo Victoria—. Ahora es demasiado tarde.
—Lamento no haber llegado antes. Nosotros acabamos de descubrir que habías desaparecido.
—No. Lo que quiero decir es que le dije a Yunho que te trajera a mí la noche en que te encontró. Fracasó en hacerlo y ahora es demasiado tarde.
—No entiendo —dijo Jaejoong.
—Por supuesto que no. Nadie lo hace. —Los colores detrás de ella se oscurecieron en un profundo y desolado púrpura—. No deberías haber venido aquí. Ella te está buscando.
— ¿Quién es “ella”?
Victoria miró por encima del hombro, como si esperase que alguien se materializara detrás.
—Mantente alejado. Esto no es seguro.
—Lo sé. Eso es por lo que voy a llevarte a casa —explicó Jaejoong.
—Si vienes aquí, lo lamentarás —advirtió la cantarina voz infantil.
—Nunca me arrepentiré de ayudarte a volver a casa, con tu familia.
Las regordetas mejillas eran una máscara en blanco y esa familiar sensación de aceptación que Jaejoong había memorizado la inundó los sentidos.
—Si debes venir, al menos espera hasta que sea seguro. Hasta que ella se vaya.
— ¿Ella? ¿Quién?
Victoria vaciló un momento, como si sopesara una decisión.
—La única que me trajo aquí.
— ¿Te ha hecho daño?
—No más que la mayoría.
Jaejoong no tenía ninguna pista de qué hacer sobre eso, así que lo ignoró por el momento. No sabía cuánto tiempo más iba a ser capaz de mantener la conexión con Victoria, tan débil como estaba el cuerpo.
—Dime dónde estás de modo que podamos encontrarte.
—Me encontrarás por ti mismo o no lo harás. No te ayudaré a sufrir.
—No voy a sufrir a menos que falle en traerte a casa a salvo. Por favor ayúdame.
—Debo permanecer neutral —dijo Victoria.
— ¿Neutral? ¿Qué quieres decir?
—No puedo elegir bandos. Sería darte la libertad para actuar. No puedo permitirlo. No ahora, cuando hay tanto en la balanza.
— ¿De qué estás hablando, bebé? No tiene sentido lo que dices. ¿Te has golpeado en la cabeza?
Los ojos azules de Victoria destellaron hasta volverse de un brillante amarillo. Apretó la boca con cólera y Jaejoong tuvo la impresión de que había crecido un par de centímetros. Las paredes detrás de ella pulsaron con furiosas plumas naranjas entre otros confusos colores.
—Estoy perfectamente cuerda, Amaterasu. No cuestiones mi cordura. No hará ningún bien acabar aquí. Solo intento evitar tu sufrimiento.
—No tienes que preocuparte por mí.
—Alguien debe hacerlo. Los Caballero de la Luz te necesitan más que yo.
—Tú eres la única a la que quiero ayudar —dijo.
Los diminutos hombros se enderezaron en una pose de falsa confianza que Jaejoong conocía demasiado bien.
—Yo soy… Prescindible —dijo Victoria.
—No. No lo eres. Ningún niño lo es.
Victoria sonrió, pero no era la sonrisa de una niña. Era demasiado astuta y condescendiente para eso.
— ¿Y si te dijera que más de un niño moriría si mueres intentando salvarme?
—No puedes saberlo.
—Pregúntale a Yunho lo que no puedo saber —dijo Victoria, mofándose de la ignorancia de Jaejoong—. ¿Cuántas cosas imposibles has visto en tu corta vida con Yunho, joven Amaterasu?
La espeluznante niña tenía un punto, pero eso no iba a hacerle cambiar de opinión.
—Hice una promesa para traerte a casa, y eso es lo que pretendo hacer.
—Ah, Hyesung. Mozo astuto —dijo con un tono de aprobación—. Solo busca proteger a los suyos, pero siempre ha tomado las decisiones a ciegas. Desearía que yo estuviese bendecida con la ceguera.
—Sólo está intentando ayudarte.
—No necesito más ayuda de él.
De acuerdo, aparentemente allí había algo de rencor.
—Entonces déjame ayudarte —dijo.
—Si lo haces, Yunho estará a tu lado. Pero date cuenta que él ve que su vida no es más importante que un grano de arena de la playa. Hay muchos más como él y la ausencia de uno pasará inadvertido. No vacilará en acabar con su vida de modo que tu vida pueda continuar.
«Mi vida por la tuya», le había jurado. Jae creía en lo que había dicho, pero no le dejaría morir para salvarlo.
—Tendremos cuidado —dijo.
—Deberías quedarte con tu hermano. Mis captores no buscan hacerme daño.
— ¿Entonces por qué te secuestraron?
— ¿Por qué sí? Quizás debas preguntarte a ti mismo hasta que llegues a la misma conclusión que yo.
— ¿Cuál es?
—Algo que tendrás que descubrir por ti mismo. —La niña sonrió, ondeando negligentemente la mano, y Jaejoong fue arrojada de la mente de Victoria sin más opción que irse. Voló a través de la oscuridad hasta aterrizar con un sordo ruido en el interior de su propia cabeza.
Lentamente, volvió a conectarse al cuerpo y deseó no haberlo incomodado. La fatiga le sobrecogió, y los músculos estaban doloridos a causa del prolongado temblor. Sentía frío. Se sentía débil. Demasiado cansado incluso para abrir los ojos.
— ¿Estás bien? —preguntó Yunho. La voz era áspera debido al pánico controlado.
Jaejoong hizo un sonido afirmativo, pero no pudo hacer más.
—Has estado fuera demasiado tiempo. Te llevaré a la cama —dijo.
Sintió cómo lo alzada en brazos. De haber sido capaz de abrir la boca, le habría regañado por tratarlo como a un niño, pero tal y como se encontraba, no tenía fuerza para que le importara. Le estaba sosteniendo y eso era suficiente.

Jae tenía una niña que salvar, e iba a necesitar cada pizca de ayuda que pudiera obtener.


Este fic es una adaptación, no es mío, yo sólo lo adapto. OJO NO ES MÍO YO SÓLO LO ADAPTO. ORIGINAL: ENCONTRANDO LO PERDIDO  - SHANNON K. BUTCHER. PAREJA PRINCIPAL: YUNJAE

domingo, 2 de febrero de 2014

CAPÍTULO 24

CAPÍTULO 24



Jaejoong no vio a Yunho, pero encontró la lucha con demasiada facilidad. Era atroz, un campo abierto en la parte trasera del recinto cercana al comedor. Unos aullidos sobrenaturales se elevaban de la refriega, coincidiendo con los asquerosos golpes sordos de acero golpeando hueso. Las espadas brillaban en la luz del alba mientras cerca de dos docenas de hombres repelían el ataque.
El campo estaba lleno de cuerpos de Yokai, pero más de esos monstruos se deslizaban desde los árboles por el oeste. A algunos los había visto antes, a otros no. Cada uno de ellos daba el suficiente miedo como para hacerle desear una cama donde esconderse debajo. Eso y su escopeta.
Había estado en combate antes, pero nunca como éste. Había demasiados de ellos. Docenas. Tal vez cientos. No podía decirlo con todos esos cuerpos destrozados. No había luz exterior todavía, y aunque las luces de seguridad ayudaban, todavía había demasiadas sombras. Demasiados lugares para que más de esas cosas se escondieran.
El temor se le deslizó bajo la piel, por lo que estaba frío y húmedo. Se quedó en el interior, mirándolo todo a través del cristal, intentando absorber lo suficiente para moverse.
Tenía que hacer algo. La gente iba a morir.
En el otro extremo del campo había un hombre que siquiera le llegaría a Jaejoong al hombro. Estaba vestido con una tunica de seda gris y el largo pelo oscuro envuelto en un moño alto. Tenía una estructura ósea tan delicada que hizo a Jaejoong sentirse como un elefante, pero no había nada débil en él. Cuatro monstruos similares a lobos, con una antinatural altura y musculatura, corrían en su dirección. Él se quedó en pie con calma, levantando la mano mientras ellos cargaban.
El primer demonio que se la aproximó salió volando hacia atrás y chocó contra un segundo que había detrás. Ambos rodaron hacia la espesura de los árboles tan fácilmente como si hubieran sido plantas rodantes. El siguiente en acercarse chocó contra algún muro invisible y rebotó con un audible ruido. El tercero usó la distracción para precipitarse detrás del hombre y levantar las garras para golpear.
Jaejoong trató de llamarle para advertirle, pero el aliento se le quedó en el pecho, así que hizo lo único que podía hacer. Corrió por la puerta y cruzó el patio de entrenamiento, esquivando hombres y monstruos en un desesperado intento por llegar al hombre antes de que fuera asesinado.
Sólo había hecho unos pocos metros cuando el hombre saltó tres metros en el aire y aterrizó sobre una gruesa rama de un árbol cercano.
El monstruo que había intentado matarlo rasgó el aire donde había estado hacía un segundo, su propio impulso le envió hacia arriba de forma que aterrizó en el suelo. Un hombre que no había visto un momento antes, salió de detrás de un montón de monstruos muertos y cortó a la cosa desde el cráneo hasta la pelvis.
Jaejoong patinó hasta detenerse y se dio cuenta que estaba de pie en medio de un campo de batalla. Algo le agarró del brazo y lo apartó justo cuando otro de esos lobos aterrizó donde había estado parado una fracción de segundo antes.
— ¿Qué infiernos estás haciendo? —gruñó Yunho. No lo miró, pero lo empujó detrás de él y retrocedió hasta el grueso tronco de un árbol cercano, la única cobertura disponible.
—Vine a ayudar.
—Entonces ayuda, pero no te dejes matar.
—Buen plan. ¿Qué debo hacer?
Algo con más piernas de las que podía contar descendió del árbol. Yunho lo vio y le cortó la cabeza. Aquello no dejó de moverse.
Lo apuñaló con su espada y arrojó el largo cuerpo lejos de ellos.
—Acaba con algo.
De acuerdo. Podía hacer eso. Encontró el poder esperándolo, sólo que esta vez estaba hirviendo de anticipación, como si necesitara ser usado. Saltó ante su llamada y le llenó con una especie de brillante presión. El cuerpo le vibraba con fuerza cuando eligió su primer objetivo.
Uno de los monstruos estaba a unos pocos metros, acercándose al costado de Aron. Jaejoong contrajo una ráfaga de poder en una apretada bola y la expulsó del cuerpo hacia la cosa. La bomba sacudió la tierra y una onda de aire se movió sobre ellos. Cuando pudo ver de nuevo, todo lo que quedaba del monstruo era una nube de trocitos vaporizados cayendo lentamente en la tierra.
Yunho le lanzó una rápida mirada por encima del hombro.
—Quería decir fuego, pero eso también funciona. Buen trabajo.
Su alabanza lo hizo sonreír, y decidió que realmente podía meterse en toda esta cosa del combate mágico. Hacía que su escopeta pareciera una pistola de agua.
No tenía tiempo para disfrutar de la victoria. Había monstruos para matar.



Yunho mantuvo a los Yokai alejados de Jaejoong, dándole espacio para trabajar. El hombre tenía un don para la destrucción. Se reía mientras manejaba su poder, convirtiendo demonio tras demonio en pilas de fango.
Eric se abrió paso cruzando el campo hasta el lateral de Yunho. El caballero Gris, Hyesung, no se veía tan bien. De hecho, si no fuera por el grueso brazo de Eric en su cintura, Yunho no creía que fuera capaz de mantenerse en pie.
Él dejó a Hyesung en el suelo detrás de Yunho y Jaejoong, y tomó una posición defensiva detrás de su pareja.
—Hyesung no puede hacer nada mas —dijo, acuchillando un demonio mientras éste cargaba.
—Más para mí —gritó Jaejoong. Otro grupo de Orochi explotó en una nube de sangre negra y trozos de piel.
—Acabo de ver a Kyuhyun abandonando el campo —dijo Yunho—. El sol se alzará en cualquier segundo.
Como si sus palabras hubieran convocado el amanecer, los primeros rayos directos de luz asomaron sobre el muro. Unos diez metros frente a ellos, un Yokai comenzó a humear. Un breve instante más tarde, estalló en llamas y corrió hacia los árboles.
— ¡El lago! —Gritó Eric, lo suficientemente alto para ser oído sobre los sonidos del combate—. ¡Conducidlos al lago!
Jaejoong miró a Yunho. Le costaba respirar, sudaba y temblaba, y tenía los ojos de un furioso rojo sangre.
— ¿Por dónde?
Yunho señaló al este.
—Al otro lado de esos árboles.
Hyesung agarró el tobillo de Jaejoong antes de que pudiera correr.
—El humo —jadeó—. Puede hacer daño a los niños humanos.
Jaejoong asintió.
—Me ocuparé de él.
Yunho sintió el tirón del poder, pero Jae se estaba debilitando. Había usado demasiado ya y todavía era nuevo en esto.
Instintivamente, ahuecó la mano izquierda en la parte trasera de su cuello, uniendo las dos partes de la luceria. La energía pasó a lo largo del brazo y se deslizó dentro de Jae.
Una brisa se agitó alrededor de ellos, después comenzó a girar más rápido. El humo de varios Yokai ardiendo subió en espiral alejándose del recinto.
— ¿Puedes seguir así si caminamos? —preguntó él.
Al parecer Jae no le escuchó. El rostro era una máscara de concentración y tenía el labio inferior entre los dientes.
—Llévalo —dijo Eric, doblándose hacia la tierra para hacer lo mismo con Hyesung—. Tenemos que seguir a los hombres y ayudarlos.
Yunho tuvo que romper el contacto con el collar, pero no había nada que hacer. Lo cogió y levantó, se dio cuenta que llevar a un hombre mientras se blandía una hoja desnuda era un talento aprendido. Eric lo hacía sin esfuerzo, aparentaba haber nacido para hacerlo, pero Yunho estaba incómodo. Su espada se balanceaba alrededor y estaba convencido que cortaría a uno de ellos.
El aire siguió girando en espiral alrededor de ellos mientras corrían, llevándose consigo el hedor de los demonios ardiendo. Para cuando llegaron al lago, sólo quedaba un puñado de Yokai, y todos estaban ardiendo, retorciéndose en el agua en un inútil esfuerzo para apagar las llamas de luz solar.
Cuando el último demonio se hundió bajo el agua, Yunho susurró:
—De acuerdo. Puedes parar ahora.
Jaejoong dejó escapar un largo aliento y dejó caer la cabeza contra su hombro.
—El aire es pesado —jadeó.
Yunho sonrió y le besó en la sien.
—Lo hiciste genial.
—Llevad a los heridos al interior —gritó Eric.
YoungWoon estaba a unos metros de distancia, pero su profunda voz resonó, fácil de escuchar.
—Los Susano’s están estableciendo camas en el comedor. Todo hombre que no esté herido, que venga conmigo. Vamos a ver que lograron los Yokai.
Afortunadamente, sólo había un puñado de hombres heridos, y las heridas parecían superficiales. Aron tenía un desagradable corte cruzándole la ceja, pero se enjugó la sangre y se alineó junto a YoungWoon.
Yunho le dijo a Jaejoong:
—Te voy a llevar dentro para que puedas descansar durante unos minutos.
— ¿Estás seguro que no me necesitas?
—Si lo hago, lo sabrás.
El teléfono de Eric sonó. Bajó a Hyesung y se lo sacó de los arrugados vaqueros. Después de un momento, la hosca cara se torció con un gruñido.
— ¿Hay alguna señal de donde la llevaron?
—No —dijo Hyesung, con los ojos abiertos ampliamente por la conmoción.
Eric le puso una mano en la cabeza, ofreciéndole consuelo.
— ¿Va a vivir? —preguntó con la voz turbia, apenas controlada—. Haz lo que puedas. Estamos en camino.
— ¿Qué es? —preguntó Yunho.


Hyesung se puso de pie e intentó correr hacia el edificio. Sólo dio unos pocos pasos antes de que las piernas debilitadas le fallaran y cayera.
Eric corrió a su lado y le ayudó a levantarse. Luchó contra él como si intentara escapar, pero Eric lo abrazó con fuerza.
—Es demasiado tarde —le dijo—. Estás demasiado débil como para hacer algo ahora mismo.
Hyesung dejó de luchar y se aferró a su marido. Los hombros se le agitaban con silenciosos sollozos. Yunho nunca lo había visto llorar así antes, y algo en su interior se rompió ante la vista. Siempre era tan fuerte y estoico, no importaba lo que le lanzaran.
Eric lo acunaba en los brazos, pero su rostro era todo menos consolador. Parecía listo para matar.
— ¿Qué ha pasado? —preguntó Yunho.
Los ojos de Eric se cerraron por el remordimiento, y la boca se torció en un gesto de odio a sí mismo.
—La lucha sólo era una distracción. Consiguieron lo que querían.
— ¿Qué?
—Victoria.
A Yunho le llevó un momento que las palabras le penetraran.
— ¿Victoria se ha ido?
—Sí —masculló Eric—. Y no hay señal de donde se la han llevado —Creyó ver un brillo de lágrimas en los ojos del hombre mayor—. Kyuhyun rastreó la sangre de JunJin y lo encontró medio muerto. Dijo que no había rastro de olor que seguir.
Incluso si hubiera habido uno, probablemente habría ardido al amanecer.
— ¿No ha quedado nada? ¿Le sacó JunJin sangre a alguno?
—No. Ninguno.
—Tenemos que encontrarla —dijo Hyesung. Su voz fue alta y desesperada contra el hombro de Eric. Le miró y Yunho pudo ver las lágrimas rodando por las suaves mejillas—. No podemos dejarles tener a Victoria, también.
El vago recuerdo de un rumor que Yunho había oído una vez le hizo cosquillas en la mente, pero no pudo recordar qué era.
—La encontraremos, amor —era un voto, y Yunho sintió la energía saliendo de Eric en oleadas.
— ¿Cómo? —Exigió Hyesung—. ¿De la misma manera que encontramos a Amber?
¿Amber? Había escuchado ese nombre cuando era un niño, pero no podía recordar quién era.
El cuerpo de Eric se tensó como si hubiera recibido un puñetazo.
—Eso no volverá a suceder.
Al parecer YoungWoon había visto la conmoción y se acercó a ellos.
— ¿Qué está pasando?
—Se llevaron a Victoria durante la lucha —dijo Yunho para salvar a Eric de tener que decir las palabras de nuevo.
—Pondré a los hombres en ello en este mismo momento. La encontraremos antes de la puesta de sol.
—No hay un rastro —dijo Eric.
— ¿Quién lo dice? —exigió YoungWoon.
—Kyuhyun.
A Young Woon  se le transformó la cara, drenada de toda esperanza. Los hombros se hundieron un poco más, y Yunho volvió a preguntarse cuánto tiempo más lograría mantenerse como líder de su pueblo.
Jaejoong había estado mirando silenciosamente el intercambio, manteniéndose enfocado en Hyesung y Eric. Empujó a Yunho, indicando que quería sostenerse por sí mismo. A regañadientes, lo bajó, pero mantuvo el cuerpo apretado.
Se acercó y puso la mano contra el hombro de Hyesung. La voz era suave, pero llena de confianza.


—Puedo encontrar a tu hija —le dijo.
— ¿Hija? Victoria no es su hija —dijo Yunho.
Nadie le prestó atención. Todos los ojos estaban sobre Jaejoong. Especialmente los de Hyesung.
— ¿Cómo?
Jaejoong se encogió de hombros.
—Encontrar a los perdidos es lo que hago.
Hyesung se apartó de Eric y tomó la mano de Jaejoong en un agarre delicado. Las lágrimas rodaban por su rostro.
—No puedo perderla también —susurró—. Por favor encuentra a mi bebé. Tráemela de vuelta.
Jaejoong cerró los ojos como si intentara bloquear la mirada de angustia de la cara de Hyesung. Yunho podía sentirlo luchando contra sí mismo, el corazón y la mente en guerra el uno con el otro. Finalmente, exhaló un profundo aliento resignado.
—Lo prometo.


Jaejoong se desplomó contra el suelo, impotente bajo el peso de la promesa a una padre afligido.
—No deberías haber hecho eso —dijo Yunho. Se arrodilló a su lado, pasándole las manos por la cara y brazos como si estuviera asustado de que se hubiese hecho daño.
— ¿Qué otra cosa podía hacer? Siempre he sido un tonto ante un padre afligido. Uno pensaría que a estas alturas habría aprendido la lección. —Se recompuso y reunió las pocas fuerzas que le quedaban—. De todas maneras, si Victoria puede ayudar a Kibum, entonces también la necesito de vuelta.


—Gracias —dijo Eric—. Por todo lo que seas capaz de hacer.
—Necesito ir a ver de dónde se la llevaron. Cuanto más tiempo espere para hacer esto, más difícil será.
— ¿El qué?
Ondeó una mano hacia él. Todavía no estaba cómoda hablando sobre su talento.
— ¿Puedes mostrarme donde está su habitación?
—Necesitas descansar primero.
—No hay tiempo. Sin embargo, no le diría que no a una gran taza de café.
Eric dijo:
—No hay otra manera. Yunho, tú puedes extraer fuerza de la tierra y alimentarlo. No es seguro hacerlo demasiado, pero esto la mantendrá durante un tiempo más.
—Hazlo —dijo Jaejoong.
Yunho lo miró como si fuera a discutir, pero luego asintió con la cabeza.
—Como desees, mi señor.




Este fic es una adaptación, no es mío, yo sólo lo adapto. OJO NO ES MÍO YO SÓLO LO ADAPTO. ORIGINAL: ENCONTRANDO LO PERDIDO  - SHANNON K. BUTCHER. PAREJA PRINCIPAL: YUNJAE